PUERTA

1348 Palabras
-¿¡Sucedió algo!?- Ella parecía estar asustada -Quiero el café. -¿Qué? Apunte al baso, -El café, lo quiero- Mientras aún seguía intentado tomar aire -Corriste hasta aquí, ¿Por el café? -Por el café y por ti- Ella me miró fijamente, -Perdóname, no pienso bien las cosas, no desde que te conocí y suelo ser bastante idiota, no quiero que te alejes de mi a causa de las cosas que digo o hago- Miré su rostro, ella parecía intentar comprender cada palabra -Aun así, no entiendo que es lo que sucedió. -Solo quiero abrirte la puerta- Contesté, claro que fui un idiota, ¿Qué demonios se supone que debía comprender con esa frase? -¿La puerta?- Me avergoncé, y solo mire el suelo hasta que comencé a escucharla sonreír, -Toma tu café y tus facturas- Ella me miró fijamente con aquella radiante sonrisa, no siempre comprendo qué intenta decirme, pero desde que estás cerca de mi, todo se siente más cálido, tal vez… -¿Erick? Me desvíe de mis pensamientos, -Dime. -Debo volver a trabajar, disfrútalo es café n***o y medialunas saladas. -Lo recordaste. -Como olvidarlo, iré a trabajar- Ella se dio la vuelta y entro a la cafetería, yo solo la mire por un momento y recordé que no faltaba mucho para que saliera, me senté debajo de un árbol y espere, tal vez paso hora y media, mire a mi alrededor y cada vez había menos personas, ella se despidió de sus compañeros y salió de la cafetería, me levanté rápidamente y camine hacia ella, parecía estar nerviosa -¡Mia!- Ella me miró rápidamente y levantó ambas manos, tenía el gas pimienta, al principio me asuste hasta que note que tenía puesto el seguro -L-lo siento- Estaba alterada, pero solo reí -¿Sabes que tiene puesto el seguro?- No podía dejar de reír, -Tal vez no fue buena idea dártelo, podrías tirarte lo sola, ella se avergonzó y volvió a guardar el gas pimienta -¿Qué haces aquí? -¿Recuerdas cuando dije que no hacía nada a esta hora?- Tomé su mochila y comencé a llevarla, -Desde ahora te acompañaré a tu casa, solo la mire sonriendo, pero su expresión cambio sus mejillas estaban rojas y sus ojos más brillantes, me detuve y suspire -No lo mal intérpretes, eres una buena amiga y me gustaría dejarlo así- No se porque lo dije, ni siquiera sabía si algo paso por mi cabeza cuando lo dije solo se que la expresión en el rostro de Mía se apagó y sentí un ligero dolor en el pecho Ella volvió a tomar su mochila, sonrió como si lo forzará, -Gracias por aclararlo Erick, lamento el mal entendido- Continuamos caminando en silencio hasta llegar a su casa, ella solo levantó un poco la mano despidiéndose y entro, solo mire aquella puerta cerrada y camine hasta la estación, mi cabeza era un caos -¿Y como te fue?- Preguntó mi padre -Tenia que abrirle la puerta, pero terminé asegurándola- Contesté, me senté me la silla y recosté mi cabeza contra la pared, mi padre caminó hacia mi y se sentó a mi lado, colocó su brazo en mis hombros y me abrazó levemente -A veces es difícil dejar entrara a alguien a tu vida y más aún cuando perdiste a alguien tan importante como tú madre, pero el pasado es como el mar, mientras más te cueste soltarlo más te sumergirás y será tan profundo que ya no podrás salir- Mi padre acarició mi cabeza y sonrió levemente, -Tu madre es un hermoso recuerdo, pero no dejes que eso te impida avanzar, tal vez al principio sea difícil, pero todo saldrá bien. Yo simplemente asentí con una amarga sonrisa, tal vez no es incluir nuevas personas, sino, nuevos sentimientos, Mía es un nuevo sentimiento que me está devorando por dentro y eso me hace sentir extraño aún no logró descifrar si es algo que me gusta o no, después de aquella noche los días en la escuela pasaron rápidamente. Mía tomó una increíble distancia de mi, no me hablaba a menos que fuera sobre el trabajo, no me miraba, solo me saludaba si nos cruzamos en el camino y cada vez que la esperaba fuera de su trabajo insistía en volver sola a su casa aún así seguí acompañándola, creí que es bueno, tal vez necesito está distancia para pensar las cosas con claridad sin su distracción, hasta que llegaron los exámenes. Una semana después: Después de la entrega de libretas todos fuimos al patio trasero de la escuela y arrojamos de un golpe nuestras libretas delante de nosotros -¿Cómo es posible?- Preguntó Luis en vos alta, -Desaprobé dos materias, ¿Cómo si quiera es posible? -¿Solo dos?- Preguntó Alan con una sonrisa nerviosa, -Amigo acabo de desaprobar cuatro, mis padres van desheredarme. -Bueno, solo son dos así que debo estudiar más- Dijo Leila suspirando -Cuatro, no me importa las levantaré como siempre lo he hecho- Dijo Julia como si no importará, aunque todos sabíamos que por dentro estaba desesperada, sus padres son estrictas, ya los hemos visto gritarle un par de veces por una nota baja, ¿Qué pasaría con estás cuatro ahora? -Bueno, no es para tanto- Fue mi única respuesta, tenía tres materias apuntando a mi yugular, tres materias, tres profesores y mi calificación exacta en cada una era tres, -Debe ser mi número de la suerte- Dije irritado, pero la única personas entre nosotros que parecía estar feliz era Marcos, -¿Cómo te fue?- Pregunté seguro de que diría bien, esa sonrisa era de felicidad -Jodido, cinco materias- Contestó Marcos -¡¿Cinco?!- Luis lo miró asustado, -T-tu beca, perderás la beca. -Ni siquiera la necesita, el sujeto puede pagarse las clases de deporte- Contestó Alan -No es por pagar, la beca demuestra que tiene talento para las demás universidades- Comentó Leila -¿Qué harás?- Pregunté, aquella sonrisa me era curiosa y molesta a la vez -Lo tengo cubierto- Marcos se levantó y simplemente se alejó de nosotros con su libreta en mano, lo vi acercarse a la estudiante con mejores calificaciones Mía, él le enseño su libreta y ella parecía deprimida, pero cuando ella le enseño la suya Marcos sonrió de par en par y levantó su mano colocándola sobre la cabeza de Mia, la acaricio como si estuviera orgulloso de ella, sintió su suave cabello, pero ella no solo sonrió feliz, sus mejillas estaban rojas y entrelazó sus manos como si le gustara aquel gesto -No es justo- Aquella palabra llamó mi atención, miró a un lado y vi a Julia arrugar su libreta con sus manos, por un momento creí que estaba exagerando, hasta que baje la mirada y note que yo había hecho exactamente lo mismo, mi libreta estaba horrible, ¿Acaso estaba celoso? -Le pediré ayuda a Mia- Dijo Leila, -Escuche ella da clases y cobra muy poco, ayudo a Marcos a mantener su beca y seguro lo hará de nuevo, es buena en lo que hace. -Hablare con mis padres para pagar las clases- Alan sonrió, -Aun tengo esperanza. Julia negó con la cabeza, -No pienso pedirle ayuda a una zorra. -Podría probar- Fue mi única respuesta, me levanté y saludé a los demás -¿A dónde vas?- Preguntó Alan Lo mire aceptando mi destino, -Tal vez lo olvidaron, pero debemos prepararnos psicológicamente para el bombardeo de los profesores y nuestros padres- Después de decir eso todos se levantaron y parecían estar nerviosos, tal vez olvidaron que después de la entrega de libretas, nuestros padres deben venir y ver las notas, firmarlo y escuchar a los profesores hablar de lo deficientes e inútiles que somos, pero la más nerviosa parecía ser Julia, podía sonar cruel, pero todos estábamos entusiasmados por ver qué pasaría está vez, la hora paso y cada padre fue llegando, estaban todos excepto la madre de Mía, cada año ella estaba sola pero está vez fue diferente, cuando los profesores estaban a punto de comenzar un sujeto abrió la puerta.
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