Ese sábado desperté sintiéndome de buen humor, había dormido más de lo usual y estaba levantándome cerca de las diez. Estire mi brazo libre y me acomode la férula, ya no había mucho dolor, pero por precaución debía seguir usándola. Me puse mis pantuflas de conejo y fui al baño, mientras me lavaba la cara, mi estómago emitió un pequeño gruñido. Supe que hoy pediría panqueques bañados en chocolate, sonreí, sería una mañana perfecta. Alegre baje el primer escalón de las gradas y me quede ahí. Sus ojos eran dos pequeños puntos azules fijos en mí. Contuve el aliento por un segundo, pero recobre la compostura y termine de bajar los escalones como si nada estuviera sucediendo, como si el corazón no me estuviera latiendo con tanta fuerza que lo escuchaba en mis oídos. "Odio huir". Y aunque eso

