Un hombre robusto estaba con mamá, de espaldas a mí y arrinconándola contra la pared. Por su apariencia, de camisa descolorida y jeans desgastados, comprendí que no era un invitado del alcalde y que había logrado colarse de alguna manera. A este punto no me importaba de que estaban hablando. —Leah —mamá me veía con expresión descompuesta—, regresa al salón. Me cruce de brazos, ese tipo no planeaba darme la cara. —¡Oiga! —me dirigí al corpulento señor que no parecía tener intención de irse a pesar de ser descubierto— ¡Aléjese de mi madre! —Leah—advirtió mamá. La ignore. —No voy a dudar en llamar a seguridad —sus piernas se movieron un centímetro, dudosas de dar el paso —. ¿No me escucho? —solo blofeaba, mi bolso y celular estaban en una mesa a metros de distancia. —¿Está todo bien?

