Capítulo 4 - Salvar y recompensar - Parte 1

1685 Palabras
Capítulo 4 - Salvar y recompensar - Parte 1 Lourdes se tensó de inmediato al sentir a ese hombre, agarrándola con tanta fuerza del brazo, intentando que se alejara de Alex. Sintió rápidamente un terrible miedo recorriendo su cuerpo, provocándole un estremecimiento y aunque fue casi imperceptible, Alex sí lo notó, por lo que su cuerpo se tensó de inmediato mientras miraba al sujeto con frialdad. Era un hombre que aparentaba tener casi unos cuarenta años. Obviamente, estaba muy drogado, y apestaba insoportablemente a alcohol. Tanto era el olor que emanaba de su cuerpo y boca, que al hablarle de cerca a Lourdes, tanto ella como Alex fruncieron el ceño, percibiendo el asqueroso aroma que salía de su cavidad bucal. Sintiendo un terrible asco al ser tocada por ese ser tan desagradable y totalmente perdido, Lourdes intentó sin demora zafarse de él con el desagrado estampado en su rostro, sin poder esconderlo, ni aunque así lo quisiera. —No, gracias, señor. ¡Por favor, suélteme! —respondió ella con voz alta y firme, para ser escuchada por sobre la música, intentando en todo momento salir del apretado agarre que él ejercía en su mano. En ese mismo instante, Alex se colocó delante de ella y la sujetó de la cintura posesivamente, mirando al hombre con mucha hostilidad, tratando de que este captara el mensaje de que ella estaba con él. —Te dijo que la soltaras —dijo Alex, cuando entendió que el hombre estaba más volando en una nube que presente allí. Aun así, este pareció no escucharlo, ni mucho menos verlo. Solo tenía la mirada fija en Lourdes y pareciendo no ser consciente de que Alex estaba parado delante de él. Al ver que el hombre no la soltaba, ni siquiera con la intervención de Alex, Lourdes siguió tirando de su brazo insistentemente hacia atrás, poniendo aún más resistencia. Intentaba sacar su brazo con todas sus fuerzas; sin embargo, él no la soltó. Por el contrario, la apretó con mucha más fuerza. —No te hagas la difícil, amor. Solo es un baile —dijo el desconocido, acercándose más a ella, sin ser consciente del hecho de que Alex ya lo había sujetado del brazo con firmeza, intentando sacarlo de encima de Lourdes—. Quiero que me muevas ese hermoso trasero de la misma manera que lo hacías con… Antes de que el hombre o Lourdes pudieran reaccionar, Alex, cansado de escuchar toda esa desagradable conversación, se abalanzó encima del sujeto, tomándolo bruscamente del cuello, casi levantando su cuerpo del suelo, haciendo que soltara a Lourdes por fin. El hombre, sorprendido por la brusca reacción de Alex y por su repentina aparición, lo miraba con los ojos muy abiertos por el shock, ya que para él no había nada de malo en hablar y sujetar a Lourdes de esa forma tan ruda. Después de todo, pensaba que ella, por la forma en la que bailaba y el corto vestido que traía puesto, era una prostituta. —¡Ella dijo que no, imbécil! —La voz de Alex fue grave y fuerte, cargada de una advertencia asesina que no paso desapercibida para nadie a su alrededor—. Lárgate antes de que te saque a golpes —espetó con seguridad mientras soltaba al hombre bruscamente y lo empujaba bruscamente hacia atrás, haciéndolo tambalear. El tipo parpadeó, confundido y algo atontado por las sustancias en su sistema, pero el brillo peligroso en los ojos de Alex dejó más que claro que hablaba muy en serio, por lo que de inmediato salió de su estado de aturdimiento. Sin embargo, no se alejó, sino que, al contrario, siguió molestándolos. —Oye, amigo, ¿qué te sucede? ¿Cuál es el problema? Le voy a pagar, no es como si le pidiera que lo hiciera de a gratis… Antes de que terminara de pronunciar esa última palabra, Alex lo interrumpió, incapaz de permanecer quieto un segundo más. Intentó hacer que el hombre se alejara, pero este no quiso escucharlo, siguió insistiendo y molestando a Lourdes. Entonces, dijo algo tan ofensivo sobre ella, dando entender que era prostituta, por lo que la calma de Alex se rompió. Con un movimiento rápido, le soltó al hombre un puñetazo en la mandíbula, golpeándolo con tanta fuerza que lo hizo caer al suelo. Al parecer, la fuerza del golpe fue lo suficientemente poderosa como para hacerlo comprender que Lourdes no era lo que él pensaba. Masculló de inmediato una disculpa mientras se levantaba del suelo con dificultad, y se alejó tambaleándose con abierto miedo, que recorría su cuerpo, dejando a la pareja en paz al fin. Lourdes, al verlo alejarse de ellos, exhaló, aliviada. Ese hombre la había incomodado tanto que quería permanecer lo más lejos posible de él. Si no lo volvía a ver en lo que restaba de su vida, era poco. Por suerte había estado Alex a su lado y él la defendió sin dudarlo. Verlo comportarse así de brusco y enojado con la persona que la intimidaba, provocó que su corazón galopara con fuerza en su pecho, alentando ese sentimiento que empezaba a crecer dentro de ella. —Gracias, Alex —dijo ella, emitiendo un fuerte suspiro, mientras se frotaba la zona en donde había sido sujetada. Allí ya se le empezaba a formar un moretón por la fuerza del agarre que la había estado aprisionando. Él observó su acción, arrepentido de no haber podido actuar antes, viendo como ella estaba adolorida. Luego, miró su rostro con seriedad, esforzándose por contener sus emociones tras lo sucedido. Su pulso aún latía con fuerza, acelerado por la adrenalina del momento. —Es mejor que nos vayamos, Lourdes —dijo Alex, queriendo irse de allí lo más rápido posible—. De todos modos, este idiota ya estropeó el ambiente —agregó cuando la vio media indecisa de la idea de irse. Era obvio que no se quería separar todavía de él, pero al escuchar eso último, asintió sin protestar, pues le dolía la muñeca y tampoco se sentía de ánimos para seguir allí, donde muchas personas los observaban y conversaban de lo que había sucedido hace unos minutos. Además, ambos estaban lo suficientemente bebidos y de mal humor como para quedarse más tiempo. Fueron hacia la mesa donde habían estado antes con las manos unidas en un fuerte agarre. Al llegar solo estaba una pareja con las que habían ido, inmersos en un intenso beso. Tras avisarle que se iban, los dos salieron del club rápidamente y abordaron un taxi en la puerta. Dentro del vehículo, cuando ya habían pasado unos minutos del horrible momento en la pista y la adrenalina empezó a descender, el alcohol en su sistema provocó que Lourdes se acercara más a Alex. Aprovechó la oportunidad para apoyar la cabeza en su hombro, mirando hacia arriba, observando su rostro con atención. De pronto, sintiendo el calor de su respiración contra su mejilla, provocándole ligeras cosquillas, él giró su rostro y la miró fijamente a los ojos. Se quedaron en absoluto silencio por unos segundos hasta que ella habló, rompiendo la tensión en el ambiente: —¿Siempre eres así de protector? —susurró ella, con una sonrisa traviesa, coqueteándole descaradamente dentro del vehículo, y olvidándose por completo del hecho de que no estaban solos allí. —Cuando alguien me importa, claro que lo soy —reveló él, siendo consciente de que ella se había metido en su corazón de una forma en la que no pensó que lo haría. Había sentido un terrible miedo de que saliera lastimada y cuando la vio herida, aunque sea mínimamente, quiso ir y agarrar a ese maldito a golpes otra vez. —¿Yo soy alguien importante para ti? —preguntó ella, colocando su mano sobre su firme pecho, acariciándolo suavemente con los dedos. Sintió de inmediato el golpeteo de su corazón contra su palma. —Por supuesto que me importas, Lourdes —murmuró él, llevando una mano hacia el muslo desnudo de ella, el cual comenzó a acariciar, deslizando su palma sin miedo sobre la suave piel que se erizaba bajo su toque. Lourdes, sintiendo esos audaces dedos trabajando en su muslo con maestría, al subir y bajar por él, suspiró excitada. De inmediato ella alzó el rostro, sus labios, quedando a solo unos pocos centímetros de los de Alex, ansiando que ellos se unieran y así poder cumplir el deseo tan inmenso que tenía de besarlo desde hace semanas. Por suerte no hicieron falta más palabras entre ellos y Alex cumplió con lo que ella tanto ansiaba. En un segundo, sus rostros se acercaron, reduciendo ese pequeño espacio, y sus bocas se encontraron en un beso intenso, hambriento y cargado de deseo. El taxista, viendo lo que pasaba allí atrás, tosió incómodo con la situación, pero ellos, ni siquiera lo notaron, siguieron enfrascados en su beso sin alejarse por varios minutos, devorándose desinhibidamente. Pronto, acomodándose mejor en el asiento, Alex deslizó una mano por la espalda de Lourdes, acercándola más a él, mientras ella enredaba los dedos en su suave cabello corto, rasguñando suavemente el cuero cabelludo de Alex con sus uñas un tanto largas, disfrutando al máximo el ser besada de esa forma. Cuando el ambiente dentro del taxi se volvió demasiado cargado de excitación, Alex ya no quiso dar marcha atrás, aunque bien sabía que este era un paso que podría lamentar después. Se separó de ella, apenas lo suficiente, y le susurró al oído: —¿Quieres ir a mi departamento? Lourdes, al escucharlo, se mordió el labio inferior, excitada por la propuesta de él mientras inhalaba con fuerza su perfume amaderado y asintió de inmediato sin dudarlo. —¡Sí! —Lourdes movió la cabeza de arriba hacia abajo, respirando con dificultad—. Sí, quiero. Alex volvió a besarla por unos instantes, enredando su lengua con la de ella, subiendo de intensidad el beso. Luego se alejó en busca de aire y aprovechó ese momento para indicarle al conductor una nueva dirección, y el hombre, temeroso de que ellos empezaran a tener sexo allí mismo, aceleró el auto rumbo al nuevo destino.
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