—Lo siento, Noah, es que escuché ruidos ahí abajo.
—Ven, vamos a la cocina.
Observo la puerta por ultima vez y la sigo tras haber dejado de oír los sonidos.
—¿Por qué estabas ahí? —pregunta directamente.
—Escuché ruidos y no sabía de dónde provenían.
—Es mi perro.
—¿Perro?
—Tengo un Pitbull allá abajo y cuando hay visita se pone algo agresivo, por lo que lo encerré, tenía temor de que te mordiera al verte. Bajo todo el día a darle comida, ya sabes, para que no se vaya a morir.
—¿Por qué en ese lugar? ¿No hay suficiente espacio afuera en el patio?
—Los vecinos se quejan de sus ladridos, pues se pasa ladrando a todo lo que ve.
—Siento mucho haber entrado sin tu consentimiento a ese lugar. ¿No ibas a estar en la escuela?
—¿Ya quieres que me vaya?
—No, ¿cómo crees? Es que eso decía la nota.
—Olvidé algo y tuve que regresar.
—Ya veo. Por cierto, gracias por el desayuno.
—Esta noche voy a cocinar algo delicioso, te va a encantar— sonríe, antes de irse.
Me desconcierta su actitud. Esos ruidos no parecen de un perro, pero será mejor no darle más vueltas al asunto.
Como Noah se encuentra en la escuela, decido regresar a mi casa. Si ellos están de viaje, no creo que haya problema. Vengo con la intención de recuperar algo de ropa. Cuando llego, me encuentro con algo raro; el auto de mi madre está estacionado por el lado de la casa. ¿Por qué su auto está aquí? ¿Será que regresó? Me quedo vigilando y en espera de ver algún movimiento, pero no hay ninguno. Me lleno de valentía y llego a la puerta. No se escucha ningún ruido, más la puerta se encuentra sin seguro. Entro y toda la casa está desorganizada, hay cristales rotos en el suelo, el televisor tirado y las lámparas también. ¿Qué demonios pasó aquí? ¿Será que trataron de robar? Me dirijo al armario y toda la ropa está en su lugar. Mi madre ha dejado la cartera con dinero e identificación. ¿Cómo pudo haberse ido sin esto? Algo raro está pasando aquí. No puedo sacarme de la cabeza el rostro de Noah ese día que me sacó de ahí. ¿Será que ella tuvo algo que ver? Eso no puede ser. ¿Qué mierda estoy pensando? Estoy perdiendo la cabeza. Ella no sería capaz de hacer algo así, quizá mintió por alguna razón. Guardo la ropa y parte del dinero por si acaso lo necesito.
Regreso a la casa de Noah, me quedo en espera de su regreso en la sala y tan pronto la veo entrar la recibo como si nada hubiera ocurrido mientras no estuvo.
—Aquí estás — dice al verme.
—Sí. ¿Dónde más estaría? — sonrío, en busca de ocultar mis nervios—. ¿Cómo te fue en la escuela?
—La estúpida de Valerie estuvo buscándome conversación todo el día. No soporto las personas hipócritas, pero no hablemos de cosas indeseables ahora. Me iré a bañar para preparar la cena— entra a su cuarto y me quedo en la sala.
Enciendo el televisor y espero mientras sale de bañarse; luego entra a la cocina con una bolsa y sonríe.
—¿Te gusta el fricasé?
—Nunca lo he probado.
—Lo haré para que lo pruebes. Sé que te encantará.
—Estoy seguro de que será así. Gracias, Noah.
Me quedo en la sala mirando la televisión con tal de no estorbar en la cocina. Hay un olor muy delicioso en la casa. Jamás pensé que estaría viviendo con una chica. Parecemos una pareja. Esa idea de alguna forma me hace feliz. Si tuviera la suficiente confianza le preguntaría sobre mi madre y mis hermanos, pero no quiero incomodarla, no sé si mintió por una buena razón.
—Te ayudaré con los platos.
Nos sentamos a comer y luce igual de sonriente que siempre. Come con mucho gusto y no deja de mirarme.
—Estaba muy delicioso, Noah.
—Me hacen tan feliz tus halagos.
Por alguna extraña razón, mi vista se nubla.
—¿Te encuentras bien? — pregunta.
—Me siento un poco mareado.
—¿No me digas que puede ser alergia? — cuestiona sorprendida.
Mi vista se ha tornado mucho más borrosa que antes y cada segundo que transcurre mi cuerpo se siente liviano.
—¿Alergia?
—A tu mamá.
—¿De qué estás hablando, Noah? Creo que iré al baño.
Noah se levanta de la silla y se detiene al lado mío.
—Estoy hablando de tu mamá. Hace un momento estuvo aquí con nosotros. ¿No lo habías notado?
—¿Qué? — pregunto confundido.
Su voz se escucha lejos, a pesar de estar tan cerca. Mi cabeza va a estallar.
—Hice este platillo especial para ti, mi amor. Te tocó la mejor parte; sus manos, esas manos que te castigaron por tanto tiempo. ¿Estaba delicioso, Caden? — sonríe malévola.
Caigo en cuenta de lo que posiblemente intenta decir y el vómito sube por mi garganta.
—La curiosidad mató al gato, Caden— susurra en mi oído, antes de perder por completo el conocimiento.