¿COBARDE?

1376 Palabras
—Me has dado un tremendo susto. Te estaba llamando, pero no respondías. —Había salido a la casa de la vecina, pero ya regresé. ¿Quieres ir de compras? —Claro. —Te daré una ropa, pero no sé si te sirva, era la ropa de mi papá. —¿Era? —Bueno, él se compra ropa por donde está, no le hace falta esta. —Está bien, me la probaré. Me da varias camisetas y pantalones; por suerte, dos camisetas me sirvieron y cuatro pantalones, aunque tengo que ponerme una correa o se me caen. Su padre no es tan delgado como yo. Luego de vestirme, vinimos a la tienda. Noah se ve muy sonriente, siempre tiene una hermosa sonrisa en su rostro. —Es la primera vez que salgo con alguien más a hacer el mercado— comenta. —Es mi primera vez también. —¿Cuál es tu comida favorita, Caden? —No tengo una especial, ¿y tú? —No tengo una especial, pero me gusta todo lo que tenga que ver con carnes. A pesar de decir eso, no compró carnes, supongo que tiene en la casa. Escoge todo lo que quiere y luego de que pagar, le ayudo a cargar las bolsas. Nos encontramos a Valerie por el camino a la casa. Noah suspira molesta al verla. —¿Qué haces, Noah? —¿Qué haces tú aquí? —su semblante cambia al ver a Valerie. —Iba de camino a tu casa, pero veo que tienes compañía — me mira de reojo y Noah se para frente a mí. —¿Se te perdió algo para que lo andes mirando? ¿Qué te importa con quién esté? —Por supuesto que me importa, eres mi amiga. —¿Tu amiga? No recuerdo nunca haberte considerado como eso. —Noah, será mejor que nos vayamos — intervengo, con tal de calmar las aguas. —¿Me tratas así porque está este tipo aquí? —Ese tipo que dices tiene nombre y es Caden. Deberías aprender a ser más educada, parece que en tu casa no te mostraron lo que eso significa. —¿Cómo te atreves a hablarme así? —¿Por qué no te vas, Valerie? Estás incomodando a Noah— le pido de buena manera. —Cállate, no estoy hablando contigo. —La que se tiene que callar eres tú— Noah la empuja y Valerie la mira mal. —¡Noah, detente! —Ella fue quien empezó. ¿Por qué me pides solamente a mí que me detenga, Caden? —Porque no quiero que te involucres en otra pelea. —¿Es él quien te está llenando la cabeza de estupideces, Noah? —Noah, vamos a la casa — insisto. —Jamás me hablarías así, a no ser que este tipo te esté lavando el cerebro— trata de empujarme, pero Noah la empuja de vuelta, haciéndola caer instantáneamente al suelo. —¡Eres una estúpida! — grita Valerie. —Vuelves a tener la intención de tocar a Caden y te cortaré las manos. —Ni que quisiera tocar a ese asqueroso. —Pues lárgate de nuestra vista y por acá no vuelvas. Noah me agarra el brazo y me hace caminar con ella. Valerie se me queda viendo tan mal que, si las miradas mataran, ya estaría hecho polvo. Regresamos a la casa y fuimos directamente a la cocina. Noah abre la ventana de la cocina y un repugnante olor entra a la casa. —Hay un olor horrible— tapo mi nariz. —Es el pozo séptico que está detrás de la casa. A veces el olor se mete para acá, pero ya luego se va— vuelve a cerrar la ventana. Aun así, el olor sigue dentro de la casa. Me atrevería a decir que es peor que el que había en ese hueco. La observo mientras cocina, no sé cocinar para serle de utilidad como quiero. Luego de todo lo que ha hecho por mí, quisiera hacer algo por ella. Nos sentamos en la mesa a comer los dos y ella se ve feliz, no ha dejado de sonreír ni un solo instante. Su tierna sonrisa me impide desviar la mirada de ella. —Está muy delicioso. ¿Dónde aprendiste a cocinar? — pregunto, con tal de cortar el silencio que hay entre los dos. —Aprendí por mi cuenta. Mis padres no tenían tiempo para cocinar en la casa, ya que nunca estaban, así que tuve que aprender a hacerlo sola para poder comer algo decente. Todo lo que dice es en pasado. —Entiendo, debe ser fuerte. —¿Puedo hacerte una pregunta? —Sí. —¿Por qué no denunciaste a tu mamá? La pregunta me genera muchas dudas, pero no tengo de otra que responder. —Tenía la esperanza de que iba a cambiar algún día. Sé que tener un hijo como yo debe ser una vergüenza. —Ese comentario es irritante— pone sus manos en la cabeza por unos instantes y luego lleva la otra al cuchillo —. Si tuvieras la oportunidad de hacerle pagar por lo que te hizo, ¿lo harías? Me pone nervioso su repentina y extraña pregunta. —Es una pregunta extraña. —Responde— insiste. —No creo poder hacer eso, ella es mi mamá. —Eres un cobarde— entierra el cuchillo en la carne y se levanta abruptamente de la silla. —¿Noah? Se encierra en su cuarto, pero no me atrevo a ir tras ella. Aun si me hago esa pregunta a mí mismo, es imposible poder responderla. No tengo porqué ser como ella, eso sería rebajarme a su nivel. Limpio los platos para luego ir a su cuarto. Quiero hablar con ella y hacer que se le pase el enojo. Aunque no entiendo su molestia todavía, quiero que las cosas entre los dos vuelvan a la normalidad. Noah se encuentra cubierta con la sábana y le hablo desde la puerta. —No quiero molestarte, Noah. ¿Podemos hablar y arreglar las cosas? — no responde —. ¿Prefieres que me vaya? No quiero ser una carga o una molestia para ti, ya bastante lo he sido— la sábana no se mueve y me genera preocupación —. Al menos muévete para saber que estás bien —no hay respuesta, ni mucho menos movimiento —. ¿Noah? — levanto la sábana y casi muero de un infarto. —¡Bu! — ríe descabelladamente —. Debiste ver tu cara. —No vuelvas a hacer eso, realmente me asusté, creí que te había ocurrido algo. —Lo siento. Nos encontrábamos a solo centímetros el uno del otro, no puedo desviar la mirada de sus labios, pues jamás la he tenido tan cerca. Es muy hermosa. Sonríe risueña y mi corazón se acelera a una velocidad inaudita. Sin darme cuenta, mi mano se aproxima a sus labios y los acaricio con mi pulgar. Un extraño sonido nos aparta y arruina por completo el momento. —Lo siento, Noah, no sé qué me pasó. —Ve a ducharte, iré a ver quién tocó la puerta. —¿La puerta? Eso no sonó como una puerta. —Ve. —De acuerdo— sale del cuarto sin decir más. En la mañana cuando despierto, encuentro una nota de Noah en la mesa de noche, avisándome que iba a la escuela, que ha dejado preparado mi desayuno en la nevera y que no salga hasta que llegue. Escucho el mismo sonido de anoche, pero esta vez en repetidas ocasiones, no parece al de la puerta. Me encamino a la puerta de entrada, pero el sonido no parece provenir de ahí. Lo más extraño es que persiste. Me dejo llevar por el sonido y llego hasta el cuarto de lavado, donde se oye mucho más claro que antes. Muevo la lavadora y veo una pequeña puerta en madera, cerrada con varios candados, por lo que pego el oído al suelo y me percato que en efecto el sonido proviene de ahí. —¿Qué haces en este lugar? Escucho la voz de Noah detrás de mí y se me eriza la piel. ¿No dijo que estaría en la escuela?
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