Jane miró su celular. Llevaba tres días sin saber nada de German White. El hombre le dijo, al despedirse de ella, que tendría una semana demasiado ocupada y que no podría verla. Jane lo había aceptado porque no tenía nada más qué decir al respecto, sin embargo, no pensó que el contacto se reduciría a nada. German no le había enviado un solo mensaje y ella trataba de justificarlo. Trataba de justificarlo por miles de cosas. El hombre era casi veinte años mayor que ella, tenía otras ocupaciones e intereses. Además, él era dueño de una empresa de comunicaciones, una de las más grandes y prósperas, no se trataba de un aficionado o un hijo de mami viviendo en casa de los padres como muchos otros que Jane conocía. Y sobre todas las cosas, German no era nada de la joven... Nada más a excepción

