Sus lágrimas bajaron sin poder evitarlo. Sentía que quería llorar hasta quedar seca por dentro. Lloró como desde hace mucho tiempo no lo hacía. Y aquel llanto solo venía a gritarle que Jane, la niña triste y sola, la niña que quería morir, seguía viva en su interior. Seguía siendo su sombra, no había muerto, no había sanado y mucho menos madurado. Jane seguía siendo la niña traicionada por su madre y por su padre. Seguía siendo la niña que vagaba por las esquinas mientras Natalie recibía visitas o iba a asuntos de negocios. Seguía siendo la niña sin amigos, sin peinar o arreglar. La niña cuyos ojos se iluminaban al ver a German White. Vagó por las calles y parques aledaños sin un rumbo fijo. Solo quería alejarse de Natalie y Sebastian. Vagó sin importar que el cielo comenzó a oscurecer

