CAPÍTULO 31 Donde ya no queda nadie Dylan no se quedó quieto en el apartamento. No pudo hacerlo, no después de haber pasado largos minutos en el suelo del baño, intentando armar ese papel roto en mil pedazos como si de verdad pudiera encontrar ahí una explicación que le devolviera el aire. Había intentado una y otra vez, con la torpeza de quien ya no sabe si está buscando palabras o una forma de no aceptar la realidad, pero el sentido no aparecía y eso era peor que no tener nada. Porque cuando no encontrás nada, al menos sabés a qué atenerte; en cambio, cuando tenés restos de algo importante entre las manos y no lográs reconstruirlo, lo único que queda es desesperación. No podía seguir ahí esperando nada. El silencio lo estaba aplastando. Salió casi sin pensar, bajando las escaleras más

