Capítulo 32 El cuerpo también se rompe Mayte no estaba bien. No era solo tristeza; era un enojo silencioso, una marea baja que se retiraba dejando al descubierto sus huesos. Había bajado de peso en pocos días. Comía por compromiso y dormía por cansancio, pero no descansaba. Además, había cometido el error más peligroso: dejar de tomar la medicación para su tiroides. El cuerpo, que tiene memoria y no sabe mentir, empezó a pasarle factura. Esa mañana, Alejandro decidió que el silencio se terminaba. Subió las escaleras con esfuerzo, el sonido de su bastón golpeando la madera. Abrió la puerta de la habitación sin golpear. Mayte estaba sentada en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo, mirando un punto fijo en la pared como si estuviera viendo una película que solo ella conocía. —Ma

