Me siento confundido, no sé la razón por la que debo cubrirme los ojos mientras me visten, sin embargo, acepté que pusieran una venda en mis ojos y obedecí todo lo que las sirvientas me decían, aunque creo que me pusieron aquello que solían nombrar mis amigas para darle volumen a su vestido, ¿falda de aro de jaula? O quizás era otro tipo de accesorios para que se viera mucho más voluminoso y definitivamente no se vieran mis pies.
Cuando ellas me decían "Levante los brazos" o "sosténgase de aquí" yo lo obedecía, aunque casi me caigo cuando me estaban apretando el corset.
Por suerte no lo dejaron tan ajustado, aunque me sentía un poco pesado y a mi cabello también le agregaron algo que no me dejaron ver.
—¡Ya es hora!— anunció la reina— ven querida, yo te llevo.
—¿No debería quitarme la venda?
—No, aún no— respondió acompañando sus palabras con una risita— toma mi brazo, te juro que la venda te la quitarás pronto.
—Está bien...— dije temeroso, tomando su brazo para no caerme.
Cuando salí de la habitación sentía que mi vestido era innecesariamente pesado, como si arrastrara algo, sin embargo, también quizás era por la falda que le daba volumen a mi vestido, pues definitivamente era muy grande.
Yo podía tocarlo, sentía que tenía unos pequeños detalles como si fuesen cristales o algo parecido, ya que se sentían duros y mientras caminaba, podía oír voces de asombro seguido de comentarios tales como: "Qué hermosa" o "Es un vestido magnífico"
En la parte superior podía sentir un tipo de encaje que se sentía suave, aunque mis hombros al descubierto me hacían creer que pasaría un poco de frío durante la noche.
—¿Alguna vez fuiste a una boda? —me preguntó inesperadamente.
—No...— respondí confundido.
—Bien, hay una primera vez para todo— mencionó riendo.
Pude oír como abrían unas puertas, parecía que dentro de aquel lugar había más gente y había alguien tocando una suave melodía de piano, no lograba averiguar dónde me estaba llevando, sin embargo, caminé por un largo pasillo hasta que la reina por fin se detuvo.
—Dame tu mano— me pidió, así que le obedecí, sintiendo como ella guiaba mi mano hasta tomar la mano de otra persona— tranquila, estás en buenas manos— me decía al verme un poco temerosa.
Aquella persona tomó mi mano con ternura, me recordaba a la mano del Coronel, pero si es él, ¿por qué no habla?
—Ya pueden quitarles las vendas— anunció el rey, por lo que la reina rápidamente me ayudó, permitiéndome ver al Conrad de pie frente a mí.
Él también tenía una venda en sus ojos, así que al verme sus ojos se abrieron con sorpresa, viéndome igual de asombrado que yo, ya que, por lo visto, estamos en una boda...
Nuestra boda...
Ambos miramos a nuestro alrededor, todo estaba decorado de una forma hermosa y había muchos invitados, quienes nos miraban expectantes y curiosos, sobre todo porque ser invitados a una boda donde sus principales protagonistas no saben sobre lo ocurrido, es sin duda curioso.
—¿Hay algo que les impida continuar con la ceremonia? —preguntó el rey, llamando nuestra atención.
Ambos estábamos enmudecidos, ninguno de los dos esperaba que el gran baile que estaban planeando, en realidad, se trataba de nuestra boda.
—Eh...—titubeó mi prometido, viéndome con una gran sonrisa y sin duda parecía muy nervioso— b-bueno... es que... no sé qué decir.
—Si no se sienten listos, podemos dejar esto como un baile, pero si lo desean, podemos continuar, ¿qué dice usted, señorita? ¿Desea casarse hoy con el Coronel Conrad?
—Sí...— respondí con timidez, lleno de emoción y nerviosismo.
—¿Qué hay de usted, Coronel?
—Ella manda— respondió, viéndome con felicidad.
—En ese caso, daremos inicio a esta unión entre esta joven pareja de enamorados que sin duda no esperaban casarse hoy, pero una ayudadita nunca está de más— mencionó, mientras nosotros nos tomábamos de ambas manos, viéndonos directamente a los ojos.
Mi corazón latía con fuerza, estaba eufórico y lleno de emoción, ¡hoy seré su esposo! Estoy realmente muy feliz, se supone que debía seguir esperando, pero estoy tan feliz qué deseo llorar...
No podía dejar de ver sus ojos, él me veía con ternura y repetía las palabras del rey con total seguridad, prometiéndome fidelidad, amor y aseguró que estaría conmigo en los momentos más difíciles.
Él prometió que me respetaría, me amaría, que cuidaría de mí en las buenas y en las malas, hasta que la muerte nos separara.
En cambio, yo prometí lealtad, ser su confidente, estar en la salud, en la enfermedad, en aquellos momentos difíciles que se nos presenten, asegurándole que lo amaría sin importar qué, hasta que la muerte nos separe.
El momento era hermoso, pero cuando nos dijeron que podíamos besarnos, mis lágrimas se desataron debido a lo feliz que estaba por saber que desde ahora podría llamarlo "esposo"
—Te amo...—le susurré antes de que me besara con intensidad, demostrándome a través del beso que estaba igual de enamorado que yo.
La gente nos aplaudía, podía oírlos de fondo, aunque estábamos en nuestra pequeña burbuja de amor y no queríamos salir de allí.
No puedo creer que los reyes hayan hecho todo esto por nosotros, incluso se tomaron las molestias de comprarnos unas argollas de oro que ahora mismo rodean nuestro dedo de matrimonio.
—¡Vamos a festejar! —decía el rey con emoción, mientras mi esposo y yo cortábamos el beso y nos abrazábamos.
—No esperaba esto, pero estoy realmente muy feliz— me dijo al oído.
—Yo también estoy feliz, tanto que sólo deseo llorar— mencioné, consiguiendo que se alejara un poco para tomarme de las mejillas.
—Vamos mi amor, dañarás tu maquillaje y te ves demasiado hermosa como para arruinarlo— me aseguraba.
Él tenía razón, no podía verme mal en un día tan importante como este, así que sequé mis lágrimas y tomados de la mano caminamos hasta el gran salón donde justo en el centro de la habitación nos ubicamos para bailar la primera pieza de vals.
Era fácil saber cuál era el centro, había un dibujo de una flor abierta en el suelo, la cual creaba una especie de círculo donde la gente nos rodeó para vernos bailar.
La música inició y tal como lo habíamos ensayado, iniciamos el baile que me hacía sentir lleno de euforia y emoción, ¡Estaba realmente feliz! Sus ojos no se despegaban de los míos, estábamos bailando con serenidad al ritmo de la melodía tocada en piano...
Era un momento inolvidable, además debido a la tensión de nuestras miradas, acabamos besándonos dulcemente, escuchando los aplausos de los invitados.
Por supuesto que no conocía a la mayoría, pero tuvimos que acercarnos a cada uno de ellos para agradecer por haber venido.
Al momento en el que logramos llegar donde los reyes, mis brazos de forma automática envolvieron a la reina, agradeciéndole con todas mis fuerzas.
—Realmente no sé cómo agradecerles— habló Conrad, mientras yo quería llorar otra vez.
—Con lo felices que se ven, ya nos hemos dado por pagados— anunció la reina, deslizando su mano por mi mejilla— espero que sean muy felices en su matrimonio.
—Gracias— le dije posando mi mano sobre la suya.
—No es por lanzarme flores, pero yo fui el de la idea— comentó el rey.
—Querido— lo nombró como regaño su esposa.
—¿Qué? También merezco mi abrazo— respondió, así que con la misma emoción con la que abracé a la reina, lo abracé a él.
Era como abrazar al padre que nunca tuve, ya que mientras mis brazos envolvían su cuello, diciéndole infinitos "Gracias" él amenazaba a mi esposo, diciéndole "Como la lastimes, te juro que te corto la cabeza"
—Haré todo lo posible para que eso no ocurra— le aseguraba Conrad, posando su mano en mi espalda como señal de "Ya suéltalo"
—¡Coronel Conrad! —oí que decía un hombre con emoción, entrando al salón en la compañía de una elegante mujer— ¡felicidades!
—Gracias, príncipe— le respondió con alegría, recibiendo un abrazo cariñoso por parte del recién nombrado.
Yo no conocía al príncipe, ni a la mujer que lo acompañaba, pero debido a sus comentarios pude averiguar que la mujer era su pareja.
—Dijiste que no podrías venir— comentó la reina.
—¿Y perderme la boda de mi amigo? Por supuesto que no— decía el príncipe antes de fijar sus ojos en mí— mucho gusto señorita, soy el príncipe Haize.
—M-Mucho gusto— dije un poco avergonzado, ya que besó mi mano y no estoy acostumbrado a ello.
—Wow que manos más suaves— comentó, tomándome de ambas manos para observarlas y acariciarlas.
—Pondrás celoso a su esposo, Haize— le habló su esposa, quién en realidad no parecía feliz de estar aquí.
—¿A mí? ¿No será que en realidad te pone celosa a ti? —comentó Conrad en un tono juguetón que, en realidad, ocultaba cierta burla que le hizo recibir una mirada ciertamente enfadada de la chica, sin embargo, ella rápidamente fingió una sonrisa.
—No hay razón para estar celosa— le aseguró, viéndome de pies a cabeza de un modo despectivo.
—¿Por qué no? Dafne es bellísima, quizás sea por esos ojos tan azules como el cielo— mencionó la reina.
—Sí, sus ojos son realmente hermosos— confirmó el príncipe.
—Gracias...— dije riendo tímidamente, acercándome disimuladamente a Conrad para tomar su brazo y así intentaba detener el enfado de aquella mujer que me miraba como si yo fuese un problema.
—Sí, debo estar de suerte, he podido casarme con la segunda mujer más hermosa de este mundo— comentó mi esposo, viéndome con una sonrisa llena de orgullo.
—¿Quién es la primera? —preguntó aquella chica con curiosidad.
—La reina, por supuesto— respondió él, haciéndome sentir incluso más incómodo, ya que sentía que aquella mujer me miraba con mayor enfado.
—Oh querido, me ruborizas— decía la reina tímidamente.
—Tiene razón, mi amada reina es la más hermosa de todas— aseguró el rey, viéndola con ternura.
—Ya basta, este día no es para mí, hoy la señorita Dafne es la más hermosa de todas.
—Señora Conrad— corrigió su hijo viéndome con una sonrisa que me hizo sonrojar, ya que sonaba realmente bien.
—Suena bien...— murmuró mi esposo.
—Señora Conrad, ¿me permite una pieza? —preguntó el príncipe, ofreciéndome su mano.
—B-Bueno es que...— titubee nervioso, mirando a Conrad en busca de ayuda.
—Adelante, querida, por mí está bien.
—En ese caso...— dije dedicándole una mirada un tanto enfada que lo hizo carcajear, pues acepté la mano del príncipe mientras me sentía nervioso de bailar con él.
—No debes estar nerviosa, Conrad y yo somos buenos amigos— me aseguraba el príncipe mientras caminábamos a la zona de baile— yo sería incapaz de lastimar a su bella esposa.
—¿Y qué hay de su esposa? —pregunté sintiendo su fulminante mirada en mi espalda.
—No es mi esposa, es mi prometida— corrigió riendo, posando su mano en mi cintura.
—Ella parece enfadada de que usted esté bailando conmigo— comenté posando mi mano en su hombro.
—Bueno, en realidad no es por mí que ella está celosa.
—No comprendo— dije confundido.
—Pregúntaselo al Coronel, él puede darte detalles sobre ello.
—¿Acaso hizo algo malo...? —pregunté con temor.
—No, su lealtad hacia mí es innegable— respondió con una sonrisa— en cambio, mi prometida parece tener sentimientos por él.
—Oh...— solté enmudecido, bajando la mirada con preocupación.
—Si la amara, eso me afectaría, pero como es un matrimonio por conveniencia, no me importa— me aseguró, levantando mi mirada— el Coronel es realmente afortunado, ojitos bonitos— murmuró, viéndome atentamente, lo que me hacía sonrojar nuevamente— él es como un hermano para mí, espero que tú y yo podamos tener la misma cercanía, aunque primero supongo que debo ganarme tu confianza— mencionó riendo— cuídalo, por favor— añadió con mayor seriedad.
—Lo haré— respondí con una sonrisa.
—Claro que, si te descuida, encantado me casaría con usted, señora— mencionó en un tono juguetón— me encantaría que mis hijos tuviesen sus ojos.
—Príncipe— lo nombré, tratando de detenerlo, algo que lo hizo reír.
—Realmente me alegra conocerte— me dijo deteniendo el baile para abrazarme con cariño— sólo deseo lo mejor para Ryan y no cabe duda de que tú, ojitos bonitos, lo harás muy feliz.
—¿Por qué lo cree? —pregunté tímidamente, sintiéndome preocupado de que no pueda cumplir esas expectativas.
—Nunca lo había visto tan feliz— me dijo separándose de mí para mirar juntos hacia su ubicación— hacer que sonría de ese modo es difícil, incluso su rostro se ilumina al mirarla, si eso no es amor, entonces no sé qué sea.
—Gracias, príncipe— dije abrazándolo con emoción, ya que como el Coronel no me ha dicho que me ama, el poder oír de alguien externo que efectivamente Conrad sí me ama, es algo que me llena de emoción.
Si su amor por mí se refleja en su rostro, entonces no necesito que me lo diga, con sólo una mirada sabré que mis sentimientos son correspondidos y lo mejor es que, a la vista de los demás, es evidente que está enamorado de mí, lo que me hace sentir mucho más especial.
No necesito que me diga "Te amo" para saber que me ama y espero que mis ojos puedan reflejar lo mismo que los suyos, así podrá leer en ellos lo mucho que yo también lo amo...