Nota autora: ya, el último :D
Hablar con la reina era más fácil de lo que esperaba, ella se mostraba alegre, educada y me dio un recorrido por su jardín, prometiéndome que a la próxima daríamos una vuelta por el castillo.
Como ya eran las seis, una sirviente nos interrumpió cuando me estaba mostrando un pequeño estanque artificial que había mandado a construir para sus peces, ¡tenía unos increíbles! Yo estaba fascinado por lo enormes que eran, además había algunos de varios colores.
Según mencionó, todos habían sido regalados y como no deseaba que murieran, mandó a construir el estanque para que fuese más fácil verlos, incluso para que tuviesen más espacio.
Me gustaba esto, aunque me había olvidado que veníamos a cenar y al ver una mesa llena de servicios, miré rápidamente a Conrad quién disimuladamente se tapó la boca para ocultar sus ganas de reír, por lo visto la expresión que puse en mi rostro al verlo le resultaba graciosa.
La reina me dijo que podía sentarme a su lado, dejando a Conrad frente a mí, ¡yo quería estar a su lado! Quería ver de cerca sus movimientos, aunque nuevamente imite a la reina.
Ella sofísticamente tomó su servilleta para ponerla en sus piernas, algo que imité y pronto observé como nos servían una sopa.
—¿Y bien? —habló el rey, queriendo iniciar un tema de conversación durante la cena— ¿Qué tal estuvo el paseo?
—Querido, solo caminamos por el jardín, no creo que eso se pueda considerar un paseo— comentó la reina riendo.
—El jardín es muy hermoso— hablé tímidamente, el rey me ponía nervioso y no quería estropear esto.
—Le mencioné a la señorita Dafne que quizás, cuando ustedes se casen, pueda tener un jardín como este, ¿verdad que tengo razón, Coronel?
—Por supuesto, si ella lo desea, no puedo decir que no— comentó viéndome con una sonrisa.
—El palacio del Coronel está cerca de aquí, podría visitarnos cuando desee, señorita— me decía amablemente el rey.
—Eso suena encantador, gracias.
—Sí, sería increíble, podríamos hacernos compañía mutuamente mientras nuestros esposos trabajan, mis paseos ya no serían tan solitarios si la señorita Dafne viene a verme— agregó la reina con alegría.
—Con gusto puedo traer a la señorita, majestad— le aseguró Conrad— aunque en realidad no viviremos tan cerca.
—¿Planean mudarse? —preguntó el rey sorprendido.
—Sí, bueno, en realidad queremos vivir en un lugar más pequeño y cómodo— respondió, viéndome con una sonrisa que se reflejó en mis labios.
—Me gusta la tranquilidad del campo, solía estar acostumbrada al ruido de la ciudad, de donde vengo había mucho ruido, caos y podía toparme con toda clase de personas, sin embargo, cuando llegué aquí me sentí extasiada por la belleza y tranquilidad de la naturaleza— fui diciendo mientras me sentía orgulloso de lo creíble que sonaba mi mentira.
—Qué maravilloso, nosotros también tenemos un lugar apartado de la ciudad donde tenemos un poquito de paz— hablaba la reina— entiendo perfectamente que deseen vivir allí, a todos nos gusta la tranquilidad que entrega el campo.
—¿Es una indirecta...? —preguntó el rey temeroso.
—Bueno, llevamos tiempo sin ir a la casa de campo y sabes que me gusta estar allí— le decía la reina, tomando su mano, casi haciéndole puchero para que la llevara.
La reina es una mujer joven, desconozco su edad y preguntar sería inapropiado, sin embargo, entendía su energía y alegría al estar aquí, además como parecía ser una mujer solitaria aún con todos los lujos que tiene, el rey terminó aceptando llevarla hasta aquel lugar del que hablaban.
Me sentí muy feliz por ella, podía notar en su rostro lo alegre que se sentía por la noticia, ¡sus ojos brillaban de emoción! Era imposible no contagiarme con su alegría.
Durante la cena seguimos hablando de otras cosas, hasta que luego de varias horas mi prometido mencionó que debíamos irnos.
Yo estaba cansado, quería quitarme el horrible corset que me hacía sentir sin aire, incluso los zapatos me incomodan, he estado usando cualquier excusa para permanecer sentado y así evitar soportar los zapatos que me hace ver más alta.
El rey trató de ordenarles a sus hombres que nos llevaran, suponiendo que vivíamos separados, pero Conrad lo convenció de irnos sólo en un carruaje, pues él deseaba llevarme a mi casa.
Por suerte lo aprobó y nos dejó marcharnos, de ese modo pude entrar a su casa y subir hasta mi nueva habitación donde me quité todos los accesorios.
El corset me lo quité con desesperación, sintiendo una satisfacción indescriptible, ya podía estirarme, respirar y caminar sin sentir que se me rompía una costilla.
Como mis pies también dolían, decidí meterme en la bañera para relajarme un rato, el agua hacía que mis músculos dejaran de tensarse y finalmente pude ponerme un camisón para meterme bajo las sábanas.
Estoy realmente muy cansado, ni siquiera me importó dormir solo, ya que en cuanto cerré mis ojos me dormí, despertando casi al mediodía.
Me sentía como nuevo, era tarde, pero tenía energías como para vestirme nuevamente con aquellos accesorios de gente noble, ahora debo lucir bien, es muy importante que los sirvientes me vean como la señorita refinada que debo demostrar ser.
Cuándo bajé, me informaron que el Coronel no estaba, así que pedí que sirvieran mi desayuno en el jardín, de ese modo podía leer un libro con aquella gratificante tranquilidad envolviendo mi cuerpo.
Estar aquí me hacía sentir que el tiempo pasaba más deprisa, siempre encontraba algo que hacer, además con el paso de los días las lecciones del Coronel continuaron hasta que pude bailar sin pisar sus pies.
Mañana será el baile, he estado estudiando bastante para este día y la reina me mandó a decir que debía ir más temprano de lo estipulado en la invitación, pues ya estaba listo mi vestido.
Estoy un poco nervioso, aunque como ahora mismo los brazos del Coronel me envuelven bajo las sábanas, no puedo evitar sentirme a salvo.
—¿A qué hora terminan usualmente los bailes? —pregunté acariciando su pecho desnudo con mis dedos.
—Pasada la media noche, aunque todo depende de la organización— respondió— no te preocupes por el baile, podemos venirnos más temprano si te sientes incómodo.
—Eso sería estupendo...—murmuré buscando sus ojos— por cierto, la reina me ha pedido que vaya más temprano de lo esperado.
—¿Por qué? —preguntó confundido.
—Dijo que tenía un vestido para mí, el día que fuimos de visita me tomaron unas medidas, ella dijo que esperaba que yo fuese la más hermosa del lugar— anuncié con timidez.
—Está bien, nos iremos temprano— me dijo viéndome con una sonrisa.
—Conrad, tú no me engañarías, ¿verdad...?
—¿Por qué lo dices? —preguntó frunciendo el ceño confundido.
—Ella dijo también que debía ser una buena esposa para que mi marido no tuviese la oportunidad de mirar a otro lado, se disculpó por mencionarlo, en realidad siento que lo dijo como una simple broma, sin embargo, es una posibilidad... ¿Verdad?
—Yo no tengo ojos para nadie más— me aseguraba.
—Eso espero, porque me sentiría muy triste si tus ojos decidieran ver a alguien que no sea yo...—murmuré triste.
—No pienses en ello, estoy aquí contigo, ¿no? Además, si quisiera a alguien más, no habría planeado todo esto para casarnos.
—Bueno, tienes razón...—murmuré, ya que sería absurdo tomarse tantas molestias sólo para acabar dejándome.
—No dejes que esos comentarios te afecten, si es algo que ocurre entre la gente adinerada, pero no pasará con nosotros— me aseguraba, atrapando mis labios con dulzura.
—Te amo...—le susurré, para luego profundizar el beso, impidiendo que respondiera.
Llevaba pensando en aquella inocente conversación con la reina durante todo este tiempo, me preocupaba que hubiese algo de razón en sus palabras, ya que también había oído sobre ese tema, donde usualmente los esposos buscan fuera del matrimonio aquello que sus esposas han dejado de darle.
En el bar solían llegar esa clase de hombres, estos decían que sus esposas no se daban cuenta de sus aventuras por la noche, ya que se aseguraban de dejarlas dormidas antes de escaparse.
No quiero que Conrad haga algo así, aquellas esposas seguramente estaban descansando profundamente sin imaginar que mientras lo hacían, sus esposos estaban en un bar lleno de chicas guapas.
Ese pensamiento me hacía sentir ansioso, mi mente se llenaba de pensamientos difusos y deseaba hablar con él sobre esto, aunque no encontraba el momento como para hacerlo, sentía que quizás él podría enfadarse conmigo, ya que esta clase de desconfianza no debería existir...
Decidí olvidar el tema, él no me ha dado razones de desconfiar, su atención está centrada ciegamente en mí, así que no tiene tiempo de salir con otras mujeres, además por las noches duermo apegado a su cuerpo, escaparse mientras duermo sería imposible.
—Charlie...—susurró sobre mis labios, viéndome con una sonrisa— te tengo buenas noticias— anunció, mientras yo lo miraba con curiosidad y extrañez, ya que no lo había mencionado antes durante la cena— estaba planeando decírtelo en otro momento, pero realmente no puedo con la emoción.
—¿Qué sucede? Me estás poniendo nervioso— dije acomodándome sobre su cuerpo para verlo directamente a los ojos, sintiendo sus brazos envolviendo mi cuerpo con ternura.
—Al mediodía, cuando fui al castillo, el rey me habló sobre una casa en venta a unas dos horas de aquí— me decía con alegría— busqué al propietario y dijo que podíamos ver la casa cuando quisiéramos, estaba pensando hacerlo luego del baile, así que me preguntaba si Charlie deseaba acompañarme...
—¿Hablas en serio? ¡Por supuesto que quiero! —chillé con alegría— ¿te dijo algo sobre la casa? Ya sea si tiene algún detalle o si podemos mudarnos pronto.
—Sí, bueno, hay algunas cosas que debemos hacer antes de mudarnos, pero nada tan importante como para tirar la casa abajo.
—¡Que emoción! —dije abrazándolo con alegría— tengo muchas ansias de ir.
—Tenemos tiempo para hacer las reparaciones que necesita, aunque sin duda debe estar lista antes de la boda.
—¿Y podré decorarla como quiera? —pregunté curioso.
—Por supuesto, será nuestro hogar y quiero que te sientas cómodo allí— me aseguró, acariciando mi mejilla.
—Cielos, estoy tan emocionado, ya ni siquiera deseo dormir, ¿qué tal si vamos mañana temprano? No creo poder esperar.
—Paciencia— me pedía— sólo será un día, además mañana es el baile y no quiero que lleguemos tarde, ni que te canses demasiado.
—Bueno, está bien— dije acercándose a sus labios para robarle un pequeño beso— vamos a dormir, ya quiero que sea mañana para poder tener el baile y al otro día, conocer nuestra posible casa.
—Buenas noches...—susurró robándome otro beso.
—Descansa— le dije quitándome de encima para acomodarme cerca de su pecho, sintiéndome emocionado por esta noticia.
Ahora comprendo por qué él no pudo callar esta noticia por más tiempo, seguramente se sentía emocionado por decirme y ha estado buscando cualquier excusa para mantenerse callado.
Nuestra casa...
¡Cielos! El tener una casa que podamos llamar nuestra es algo que me mantiene emocionado, sin embargo, no me puedo hacer ilusiones aún, todavía no es seguro que vayamos a comprarla, primero debemos verla y analizar si nos conviene.
No quiero comprar sólo por las ansias, debemos pensar con la cabeza fría antes de tomar una decisión, incluso buscar otras opciones y compararlas entre ellas, aunque creo que eso será un poco complicado al vernos tan emocionados por esta noticia...
A la mañana siguiente nos despertamos a las 11 de la mañana, en realidad nos despertamos más temprano, pero se sentía tan bien estar entre las sábanas que opté por simplemente acomodarme entre sus brazos y dormirme de nuevo.
Lo hice al igual que él, este me dijo "No me quiero mover" y luego de unos besos tiernos, decidimos dormir un poco más hasta despertar casi a las doce.
Hoy teníamos cosas que hacer, teníamos que prepararnos para el baile y esto nos tomaría algo de tiempo.
Si bien mi vestido está en el castillo, tenía que preparar mis uñas, limpiar mis zapatos de taco alto, preparar mi piel, planificar un peinado elegante y elegir algunas joyas que combinaran con mi vestido.
No sé de qué color será, así que debía asegurarme de que mis joyas fueran de un color neutral, que combinaran con cualquier cosa.
Conrad lo tenía un poco más sencillo, él había mandado a pedir un traje nuevo a su medida, así que se lo trajeron a eso de las dos de la tarde. Él vestiría con sus típicas insignias de Coronel y tenía que sacarle brillo a todo.
Él dijo que deseaba verse bien para estar a mi altura, mencionando que seguramente el vestido que la reina había preparado para mí sería espectacular, lo que significaba que no podía quedarse atrás.
—¿De qué color será el vestido? —preguntó limpiando su espada de eventos mientras yo le estaba haciendo un peinado a mi peluca.
—No lo sé, la reina ha deseado que todo sea sorpresa— mencioné nervioso.
—Bueno, mi traje es blanco, así que combinaré contigo de igual modo— mencionó sonriendo.
—El baile inicia a las seis, ¿a qué hora nos iremos?
—Pronto, terminaré esto y una vez me termine de alistar nos iremos— me avisó.
—Ya he terminado con el peinado, ¿qué tal se ve?
—Pues... elegante, supongo— murmuró observando la peluca aún puesta en el maniquí— seguramente se verá mejor cuando te la pongas.
—Bien, ahora la parte más difícil— dije sentándome frente al tocador, viéndome a través del espejo para poder maquillarme— no te vayas a burlar— le pedí.
—Descuida— dijo acercándose para depositar un beso en mi mejilla— es mi turno de bañarme, asegúrate de que el maquillaje no sea cargado, tu rostro ya es bonito sin maquillaje.
—Bien...—dije con una sonrisa.
Él se adentró por el baño mientras yo planeaba qué hacer con mi rostro, como era un evento social debía pensar en algo bonito, pero como a él no le gusta el maquillaje cargado, decidí hacer algo que luciera natural.
En mis ojos puse colores suaves y brillantes, recordando las técnicas que mis amigas me habían enseñado para que se viera majestuoso, además me puse un brillo en los labios que mantenía el color rosa natural de mis labios, aunque se veían un poco más brillantes.
Cuando Conrad salió del baño yo ya estaba listo, así que lo ayudé a ponerse su traje, sintiéndome feliz de saber que sería mi acompañante esta tarde. Se ve muy guapo, era imposible para mí no sentirme fuera de lugar al vestir un atuendo común.
De camino al castillo hablamos un poco sobre la excusa que diríamos para retirarnos, ya que no deseo quedarme hasta muy tarde, se supone que mañana conoceremos la casa que el rey le mencionó, así que no quería amanecer en aquella fiesta.
Tenía 40 minutos para ver a la reina antes de que iniciara el baile, ella se veía eufórica y nerviosa, diciendo "¡No tenemos mucho tiempo!" Mientras me arrastraba con ella hasta una habitación donde me dijo que me estaban esperando.
A Conrad lo envió a la sala del trono, diciendo que allí lo estaría esperando el rey, aunque no nos dio demasiada información, ya que según ella no había tiempo.
—Ya la he traído, por favor ayúdenla a prepararse, hoy debe lucir hermosa— decía mientras yo observaba a todas las sirvientas que esperaban en una habitación de invitados— mientras la ayudan a vestirse, ustedes, ayúdenme a terminar mi peinado— pidió acercándose a un asiento para comenzar.
Yo con timidez me acerqué al biombo donde las sirvientas me ayudarían a ponerme el vestido. En mi mente esperaba algo elegante y bonito, sin embargo, al quedarme en ropa interior una de las muchachas me informó que debía cubrirme los ojos.
—¿P-Por qué? —pregunté nervioso.
—Es una sorpresa— me anunció la reina.
—Pero majestad...
—Vamos, señorita, no tenemos tiempo de reproches— me decía en un tono emocionado.
No sé qué está planeando, pero tengo un poco de miedo...