Nota de autora: wow... ya van 5 capítulos en 1 día...suficientes creo yo xD
Estoy exhausto, mi agujero se mantiene pegajoso y la cama está hecha un desastre, lo peor es que nos dormimos sin siquiera quitarnos los rastros de sexo que quedaron en nuestros cuerpos, yo estaba muy cansado como para moverme y al despertar escuchando su dulce voz a la altura de mi oído, no podía evitar gruñir con cansancio.
Él olía bien, traía ropa puesta, incluso parecía con energías como para comenzar con el día. En cambio yo no me quería mover y como deseaba que se callara, lo envolví con mis brazos, obligándolo a que me abrazara y me diera mimos, aunque en realidad lo que él hizo fue dirigir sus dedos a mi agujero.
—Quiero meter más...—susurró, haciéndome suspirar.
—¿Más...? —pregunté cansado— ¿cómo puedes seguir con energías?
—Bueno, aún soy joven— comentó con diversión.
—Y yo, de hecho, soy más joven que tú, pero también me canso— comenté buscando sus ojos.
—Tú...— dijo con alegría— me has dicho “Tú”
—Dijiste que debía hacerlo...—murmuré avergonzado.
—A ver, di mi nombre—me pidió.
—Ry... —susurré con las mejillas sonrojadas, sin poder hacerlo, pues es más fácil decir su nombre cuando quiero regañarlo, que cuando quiero ser dulce— Conrad...— dije haciéndolo reír.
—Bien, también me puedo excitar con eso...— mencionó juguetón, atrapando mis labios en un tono coqueto.
—Espera... —lo intenté detener.
—Vamos a tener un rapidin...— me dijo guiando mi mano a su entrepierna.
—No, debo bañarme y...—traté de decir, pero atrapó mis labios mientras obligaba a mi mano a masturbarlo.
—mmmgh...—gimió en mi boca—mmh..
¡Esto debe ser una broma! ¿Qué clase de monstruo es capaz de tener energías para seguir haciéndolo? Esto es una locura, nunca había oído hablar de un hombre capaz de hacer lo que él hace, yo ni siquiera puedo continuar, estoy realmente cansado y al masturbarlo lo demostraba.
Mi mano se siente agotada, no existe en mi cuerpo ningún músculo que no me duela debido al exceso de ejercicio que hemos tenido, aunque como no llegamos hasta el final, fue bastante más rápido a comparación de los otros momentos en donde nos dejamos llevar.
Él me llevó a la tina poco después, me dejó recostado en ella y finalmente me bañó cuidadosamente, atreviéndose a meter sus dedos para sacar todos los residuos que dejó en mi interior.
Yo estaba cansado, aunque al momento en el que recuperé parte de mis energías luego del baño, me di cuenta de que era bastante tarde.
El Coronel me trajo mi nuevo vestuario y lo puso sobre la cama, era algo elegante, una clase de atuendo que usualmente me toma bastante tiempo ponerme, además para variar también debía usar joyería y una peluca de cabello rubio.
Me veía demasiado extraño, no estoy acostumbrado a que la peluca sea del mismo tono que mi cabello, ni siquiera el Coronel parecía acostumbrado al cambio, él me miraba con una expresión pensativa, como si quisiera decidir si le gustaba o lo odiaba.
—¿Vamos? —me preguntó ofreciéndome su mano— hay mucho que debo enseñarte.
—¿Qué pasa con los sirvientes? ¿No sería sospechoso que me vean? Además, ¿qué ocurrió con el otro asunto?
—Primero, los criminales ya fueron ejercitados, incluyendo a “Samantha”—dijo haciendo comillas— en cuanto a los sirvientes, todos han recibido la orden de limpiar las celdas, así que nadie sabe que estabas aquí.
—¿Todos? —pregunté sorprendido.
—Sí, así que vamos, seguramente pronto acabarán— me dijo, guiándome hacia la salida, mientras yo llevaba mi mano hasta mi cintura, se sentía demasiado pequeña con este nuevo corset que para variar él me puso.
Fuera había un carruaje esperando, él era quien lo conduciría y estando a mi lado nos fuimos a dar una vuelta para fingir que me había recogido de otro lado.
El Coronel me informó que mi nuevo vestuario estaba en la parte trasera del carruaje, así que me estaba diciendo lo que debíamos estudiar antes de asistir al castillo.
—Usualmente en cualquier mansión de un noble te pondrán a la hora de comer toda clase de cubiertos —partió diciendo—Yo te enseñaré a como sentarte, caminar, comer, bailar, incluso a cómo hablar.
—¿Qué tiene de malo mi lenguaje? —pregunté confundido.
—Nada, pero, por ejemplo, hay cosas que no podrás decir— me respondía— si bien hasta ahora no te he escuchado decir maldiciones, debes de saber que jamás una dama debe decirlas, Charlie puede, pero Dafne no.
—Bueno, no suelo usar ese lenguaje, más allá de “Bastardo” o “idiota” no oirás de mi boca.
—Dafne no podrá decir ni siquiera eso, al menos no delante de la gente— insistió— en cuanto a la vestimenta, debes estar a la moda, las señoritas de sociedad privilegiada se preocupan demasiado por su atuendo.
—Sí, lo sé— dije tomando su mano mientras sonreía— no te preocupes, sé cómo comportarme como una dama.
—Bien...—susurró robándome un pequeño beso— te enseñaré a bailar cuando lleguemos, como iremos a un baile eso es lo que realmente importa ahora mismo.
—¿Y qué hay de la casa? —pregunté curioso.
—Tendrás que darme más tiempo, pero definitivamente estará para cuando nos casemos— me prometía, robándome otro beso.
—Conrad —lo nombré viéndolo con diversión—si sabes que los besos tampoco puedes dármelo frente a la gente, ¿verdad?
—Bueno... eso es...—titubeó.
—Al menos no si aún no nos casamos— le recordé.
—Pero uno pequeño no tiene nada de malo...—murmuró.
—La sociedad no lo verá igual— le aseguré, riéndome por el modo en el que parecía fastidiado por la noticia— ¿Qué día será el baile?
—Dentro de un par de días, si mal no recuerdo el 25 de este mes.
Teníamos muy poco tiempo, pero al menos me gustaba saber que él sería mi maestro en esto de “ser refinada” y al momento en el que llegamos, él les avisó a todos los sirvientes que me quedaría durante un tiempo en su casa.
Nosotros sabemos que eso tampoco es bien visto, ya que la gente puede decir “Están viviendo bajo el mismo techo y sin casarse” pero ya planeamos nuestra excusa.
Diremos que estamos viviendo juntos debido a que mi anterior casa sufrió de un terrible incendio, aprovechando que, en una ciudad un poco más lejana a esta, hubo un incendio que destruyó varias casas.
Nosotros sabíamos que todo estaría bien, aún teníamos tiempo como para prepararnos, además el plan es que nadie se entere de que estoy viviendo en su casa, o al menos ningún sujeto adinerado debe enterarse.
Yo creía que estaríamos bien, hoy estábamos practicando mi caminar con unos libros en la cabeza, o al menos eso hacíamos hasta que recibió la visita de unos sirvientes del reino quiénes le informaban que habíamos sido invitados al castillo.
—El rey desea conocer a la señorita antes de la fiesta, nos ha pedido que la pasemos a buscar a su casa, pero dada la situación de que la hemos encontrado aquí, podemos irnos de inmediato al castillo— nos avisó quién Conrad me presentó como el mayordomo número 3 del castillo
—P-Pero ir así sin más...— titubeé con nerviosismo, ya que todavía no me enseñaba a comer con todos los servicios que supuse vería en el castillo.
—No se preocupe, está todo previsto para que pueda ir y regresar sana y a salvo— me trataba de tranquilizar el mayordomo.
—¿Nos daría un minuto? —le pidió Conrad, usando la excusa de “Ella nunca ha ido y debo prepararla mentalmente antes, seguramente se siente muy nerviosa”
El mayordomo trató de darme palabras de aliento al decirme “No se preocupe, esta es una presentación informal y amistosa” aunque igualmente fingía estar muy avergonzada y nerviosa por la situación, asegurando que necesitaba un poco de aire para procesar la noticia.
Por un momento pensé en decir “Debo cambiarme” y aferrarme a la idea de “vestir demasiado normal” sin embargo, si lo hacía, el mayordomo sabría que me estoy quedando aquí y deseo que crea que simplemente le hice una visita amistosa al Coronel.
Cuando salimos al jardín, él me tomaba del brazo diciéndome "Compórtate, él nos está viendo por la ventana" así que disimuladamente me guiaba a un punto donde él no podría verme.
Una vez salimos de su vista, me apoyó contra la pared blanca de la zona trasera de su palacio, diciéndome con total nerviosismo "Finge que estás indispuesta o algo"
—¿Hacer eso no sería peor? Se ofrecerá a llevarme a casa.
—Es cierto...—murmuró— entonces durante la comida, has lo que yo ¿ok? No tenía previsto enseñarte esto se está forma, pero supongo que podemos salir de esta...
—Estás incluso más nervioso que yo— comenté riendo.
—Claro, no esperaba presentar a Dafne todavía, aún ni siquiera me acostumbro al nombre ni a tu nueva imagen— se quejaba.
—Estaremos bien...— le dije robándole un pequeño beso.
—¿Sí...? —preguntó dándome otro más duradero, sintiéndose seducido por aquella pequeña acción.
—Sí...—susurré envolviendo su cuello con mis brazos, profundizando el beso mucho más que antes.
No sé qué pasa con él, pero está siendo más intenso que antes, ahora parece que cualquier mínimo roce o beso lo calienta y me lo intenta transmitir con sus desvergonzados besos.
Es vergonzoso, aunque no los rechacé, sino que nos besamos hasta quedar jadeantes y con los labios un poco rojos por las leves mordidas que le di y él me devolvió.
Me gusta esto, mi sonrisa se refleja en sus labios y el ser cómplices de esto me motiva a tener ansias de llegar al castillo, aun cuando estoy nervioso por conocer a los reyes.
Cuándo regresamos con el mayordomo, me mostré más calmada y como era algo nuevo para mí, le hice una serie de preguntas que buscaban hacerle ver que estaba relacionada con la gente adinerada, pero que nunca antes había estado frente a integrantes de la realeza.
Él parecía creerme, incluso cómo nos preguntó dónde nos conocimos, aprovechamos de aplicar nuestras mentiras, el único cambio que hice fue decir que tenía un hermano.
Conrad me miró a los ojos en ese momento, diciéndome con la mirada “Se supone que no” pero lo dije para poder presentar a Charlie como mi hermano, así si en el futuro me ven al lado de Conrad, podré decir que somos cuñados.
Por supuesto que no tocó el tema, no podíamos hablarlo frente a otras personas, así que simplemente cambió de tema y luego de un largo viaje llegamos al castillo.
En realidad, no pasamos tanto tiempo allí dentro del carruaje, aunque se sintió eterno debido a lo nervioso que estaba por llegar al castillo, donde por supuesto una serie de sirvientes estaban perfectamente posicionados aún lado de una alfombra de tono rojizo, dejando a uno de ellos a cargo de abrir la puerta del carruaje.
Primero se bajó el Coronel, luego el mayordomo y finalmente lo hice yo, ya que alguien debía darme la mano. Podía hacerlo por mi cuenta, de hecho, por un leve instante estuve a punto de salir primero, aunque de inmediato el Coronel puso su mano sobre mi pierna para detenerme de un modo disimulado.
“Las damas siempre bajan después, ellas quedan a la espera de que les abran la puerta y las ayuden a bajar” me susurró al oído cuando estábamos caminando por aquella alfombra roja.
—Entiendo...—susurré tomando su brazo, caminando tal como anteriormente habíamos estado practicando— ¿crees que me veo bien? —pregunté con temor, creyendo que no estaba a la altura de estar aquí.
—Te ves preciosa— me aseguró con una sonrisa— aunque te prefiero sin ropa— susurró en un tono coqueto, uno que me hizo sentir las mejillas sonrojadas.
—El Coronel ya está aquí, majestad— le anunció el mayordomo una vez caminamos por largos pasillos llenos de cuadros y decoraciones.
—Estupendo— oímos que decía a lo lejos— déjenlos pasar.
—Siempre deben anunciar tu llegada, el rey es quién autoriza si puedes pasar o no— me susurró, observando como el mayordomo le hacía un gesto de aprobación para que pudiésemos seguir avanzando.
Llegamos hasta un gran salón donde estaban ambos reyes sentados uno frente al otro, impacientes por vernos.
—Majestad— saludó Conrad, haciendo una leve reverencia antes de acercarse a la reina, quién estiró su mano— reina...— añadió besando su mano.
—Cielos, no mentías con respecto a ella— habló el rey, observándome con atención.
—¿No es hermosa? —preguntó la reina, poniéndose de pie para ubicarse al lado de su esposo y observarme de un modo que me ponía nervioso— es más bella de lo que esperaba, sin duda el Coronel tiene buen ojo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó el rey.
—Dafne Forge, majestad— respondí con timidez, haciendo que mi voz sonara un poco más suave.
—Cielos, es una ternura— decía la reina, poniéndose a mi lado— ven, quiero mostrarte el castillo, seguramente debes estar un poco nerviosa e intrigada por conocer el lugar.
Yo inmediatamente miré a Conrad, queriendo que me ayudara, ¡no me quería quedar a solas con la reina! Sabía que no sabría responder si ella me hacía preguntas sobre mi familia, o sobre mi pasado, sin embargo, el rey le mencionó a mi acompañante que deseaba hablar con él, así que con nerviosismo terminé siguiendo a la reina.
Ella tomaba mi brazo con elegancia, así que como su caminar era el correcto, me dediqué a imitar sus movimientos, incluso los movimientos de sus manos o gestos.
—Nunca tuve una hija, así que espero entiendas mi emoción por verte aquí— me dijo una vez nos alejamos— el Coronel es un gran amigo de esta familia, le tenemos mucho aprecio, como si fuese un integrante más de esta familia.
—Me alegra, él también les tiene mucho aprecio y cuando me avisó sobre el baile, temía no estar a la altura...— murmuré.
—Oh querida, no te preocupes de ello, es una simple fiesta donde habrá bailes, música, comida, ¡pastel! —me iba diciendo con emoción— adoro las fiestas, el conocerte ha sido la excusa perfecta para invitar a conocidos y reunirnos para charlar.
—Suena bien...—murmuré nervioso.
—Supongo que el Coronel Conrad te informó sobre este baile con muy poca antelación, mi esposo me dijo que ayer hablaron y ni siquiera sabía cómo invitarte— decía riendo— el Coronel es muy bueno en su trabajo, pero supongo que no es muy bueno relacionándose con señoritas.
—Más le vale, porque deseo ser la única— mencioné sin pensar que se reiría por mi comentario.
—Para ello tendrás que asegurarte de ser una buena esposa, ya sabes cómo son los hombres, con cualquier descuido miran a los lados.
—¿Aun si sabe que eso me lastimaría? —pregunté con tristeza.
—Oh no, querida, no te pongas triste, lamento haber mencionado esto, fue mi error, lo lamento— se disculpaba mientras detenía su paso para mirarme de frente— fue un comentario absurdo.
—Con algo de razón, ¿verdad...? —pregunté bajando la cabeza.
—Bueno, hay toda clase de hombres, pero no todos son capaces de dañar a sus esposas, el mío por ejemplo es uno de ellos, este siempre ha sido leal a mí— me decía, tratando de animarme.
—¿Y cuál es el truco?
—No hago nada en particular, sólo nos respetamos mutuamente y trato de resolver nuestros problemas antes de que sea demasiado tarde, siempre es bueno mantener una buena comunicación, además la lealtad es primordial— me iba contando, retomando nuestro camino hasta salir al jardín.
Era inmenso, yo estaba asombrado por lo bien cuidado que estaba todo, aunque trataba de no emocionarme por nimiedades que no tenían importancia para gente de buenos recursos.
—Cielos, que hermoso es su jardín— mencioné.
—Acabamos de agregar algunas flores— mencionaba con alegría— quizás cuándo algún día te cases, el Coronel te dejará tener un jardín así de bonito.
—Eso espero— dije con felicidad.
—¿Lo amas?
—Más que a mi vida— respondí sin siquiera dudarlo.
—Me alegra oírlo, de hecho, ¿qué tal si te ayudo con tu vestido? El día del baile debes verte espectacular, debes ser la más hermosa de sus ojos y un buen vestido siempre ayuda.
—Oh... no creo que...
—Insisto— me interrumpió, tomándome de la mano para guiarme hasta una habitación donde había un sastre, casi como si estuviese allí precisamente para tomar mis medidas.
No hice demasiadas preguntas, ella como reina seguramente manda a pedir vestidos todo el tiempo y por ello tiene su sastre personal, aunque el aceptar un vestido de la reina era un poco preocupante, no sé qué dirá Conrad cuando se entere, sin embargo, decirle que no a la reina es algo verdaderamente muy difícil, sobre todo porque parece tener una idea exacta de cómo desea que sea mi vestido.
Ojalá sea algo fácil de poner, no quisiera usar tantos accesorios ni complicarme la vida con las estructuras que le dan volumen, además no puedo vestirme sin ayuda si el vestido acaba siendo ostentoso...
Realmente espero terminar con este asunto del baile cuanto antes, ya que entre más rápido ocurra, más pronto podremos casarnos y sin duda estoy muy emocionado por la idea.
Pronto me casaré y espero ser realmente muy feliz a su lado...