Capítulo 17

2213 Palabras
El silencio reinaba dentro de aquella pequeña habitación donde había surgido todo este problema, la comida que la sirvienta había tirado en la entrada continuaba esparcida por el suelo, una que debido a que varios pasaron por encima, consiguieron dejar huellas por varios sitios de la habitación. En un momento como este, en el que mis ojos se sentían cansados debido a las lágrimas que dejé caer por el miedo que sentí, el observar las huellas en el suelo conseguían ser mi método de entretención para no romper el silencio, aunque en ocasiones miraba la espalda del Coronel. Me preocupa lo que pueda estar pensando, es evidente que no deseo regresar a los calabozos o aquellos hombres terminarán limpiando los rastros que él ha dejado en mi cuerpo, es realmente traumático pasar por una situación como esa, pero debido a lo estúpido que soy, no podía dejar de pensar en sus sentimientos antes que los míos. Él quizás se siente dolido por lo que vio, quizás si le explico todo esto acabará tras encontrar una solución. Él estaba viendo fijamente hacia fuera, se mantenía callado y pensativo, casi tratando de encontrar un momento para poder pensar con calma sobre esta situación, sin embargo, como no deseaba seguir perdiendo el tiempo con enfados, decidí armarme de valor y acercarme, creando un peculiar sonido que era producido por las cadenas que continuaban en mis muñecas. —Coronel— lo nombré, deslizando mis manos por su espalda, deseando llamar su atención con este gesto. —Dime la razón por la que estabas con las piernas abiertas, viendo a ese guardia— me pidió, girándose para verme a los ojos. —Yo estaba tocándome— dije viéndolo a los ojos en todo momento— estaba con los ojos cerrados, imaginando que era usted quién me tocaba, pero cuando abrí mis ojos, vi al guardia de pie frente a la cama, ni siquiera sé cuando entró, ni la razón por la que fue tan silencio al momento de hacerlo. —¿Es la primera vez que lo ves? —Sí, eso creo, yo no recuerdo haberlo visto antes— respondí. —Bien— dijo viéndome con seriedad, caminando para hacerme retroceder hasta la cama donde me dejó caer para acercarse nuevamente— voy a intentar creer en tus palabras. —¿Por qué no me cree? —pregunté con enfado— ¡Ese guardia no me interesa, jamás he estado con otra persona que no sea usted! —Es difícil de creer— me dijo viéndome a los ojos. —¿Por qué? ¿Acaso no fue usted quién me tocó durante aquella noche en la que nos conocimos? Usted mejor que nadie sabe cómo era la primera vez, ¡sus dedos se acalambraron! —le chillé con impotencia— ¿y qué me dice de ahora? ¿Acaso su pene no entra diferente a como lo hacía aquel día? —Bueno, eso es... —¡Sólo he estado con usted! —le repetí, tomándolo de las mejillas— al único que deseo darle mi cuerpo, es a la persona que amo y por mucho que no me crea, esa persona es usted...— continué diciendo, sintiendo como mis lágrimas nuevamente bajaban por mis mejillas. Era frustrante saber que no me creía a pesar de que le estaba diciendo la verdad, no sabía cómo hacerle entrar en razón ni como comprobar mis palabras, sin embargo, él dejó escapar un suspiro pesado antes de deslizar su mano por mi mejilla. —Desde ahora esto se acabará— me anunció con seriedad— lo que ocurrió en el pasado entre tú y yo se morirá de la misma forma en la que lo hará Samantha. —Pero sí ocurrió...— murmuré con tristeza, desviando la mirada pues creía que él pensaba olvidarme. —Desde ahora te llamarás Dafne Forge, tienes 20 años, perteneces a una familia bien acomodada de Francia, te conocí en uno de mis tantos viajes y has estado de visita en este reino desde hace ya dos años— me anunció, mientras yo fruncía el ceño sin comprender qué buscaba hacer con todo esto— tu padre ha caído enfermo, por lo que tu madre lo está cuidando y eso le impide venir a verte el día de tu boda. —¿Boda? —pregunté confundido, se supone que moriré mañana, ¿qué clase de locura está diciendo el Coronel? —Te casarás conmigo dos meses después del baile que están organizando los reyes para conocerte. Por supuesto que no puedes ver a esas mujeres del bar, prométeme que no te involucrarás con ellas— añadió, tomándome de las mejillas con firmeza, acercándose incluso más de lo que ya estaba— Promételo— repitió. —L-Lo prometo...— dije sintiendo como mi corazón se aceleraba, esto sonaba como una locura que quizás podría tener un final horrible, o uno muy feliz... —Bien, en cuanto a Charlie— dijo acercándose a mis labios mientras se acomodaba entre mis piernas para deslizarse en mi interior nuevamente. —Haah...—suspiré aferrándome a su espalda con fuerza. —A él le compraré aquella casa en el campo que tanto desea, no tendrás sirvientes, ya que nadie puede enterarse de que estamos casados, pero... —Espere...— le pedí sin poder respirar debido a lo impactado que estaba— ¿c-casarnos...? —pregunté— e-está diciendo que... ¿se quiere c-casar conmigo aun cuando sabe que soy un hombre? —Sí— confirmó juntando su frente con la mía— Dafne y Charlie serán muy diferentes, aun cuando son la misma persona— me avisó con antelación. —Supongo que a Dafne la querrá más... ¿no? —No, Dafne sólo será vista en eventos, o en días donde desees pasear en público de un modo romántico, mientras que Charlie estará conmigo a la hora de comer, dormir, en citas y definitivamente estarás allí cuando hagamos el amor...—me dijo metiendo su erección hasta el fondo, haciéndome suspirar pues se comenzó a mover con suavidad dentro de mí. —Coronel...— lo nombré sin poder creer lo que me estaba diciendo. —Eso es algo que deberá cambiar, mi esposa no me puede llamar "Coronel" —Dígame por favor que no está diciéndome esto para ilusionarme, por favor jure que... —No voy a dejar que mueras mañana— me avisó, acariciando mi mejilla— no te voy a jurar que esto vaya a ser tan espectacular como suena, pero si puedo asegurarte de que, si nos casamos, haré todo lo posible para darte aquello que me pidas, vivirás como un rey, todo lo que me pidas te daré y a pesar de que no puedo tenerte sirvientes, si no quieres ocuparte de los quehaceres, puedo hacer el arreglo de... —No...—lo detuve— puedo hacerlo— le aseguré— seré una gran esposa, no sé cocinar muchas cosas, pero aprenderé para que mi esposo no pase hambre. —Bien...—susurró dedicándome una sonrisa— entonces está decidido... —Sí...— confirmé abrazándolo con emoción— nos vamos a casar... Sus labios atraparon los míos nuevamente, haciéndome sentir su lengua rozándose contra la mía, como si quisiera hacer de aquel lujurioso beso en algo tierno o romántico. Mis mejillas no tardan en ponerse calientes cuando me besa de ese modo, aunque como quería meterlo más al fondo, me acomodó en la cama para ponerse por detrás de mí, tomando aquella postura que ya conocía y que me gusta bastante, a pesar de que le daba la espalda. Yo estaba en posición fetal mientras deslizaba su erección por mi interior, moviéndose cuanto antes para hacerme suspirar de placer, sintiendo al mismo tiempo su mano masajeando mi entrepierna. Esta posición me gusta, mientras su mano derecha toca mi entrepierna, su mano izquierda se pasa bajo mi cuerpo y acaricia mi pecho, tocándome por aquellos sitios que me gustan. Él estaba moviéndose con velocidad, al girar mi rostro sus labios salieron a mi encuentro, queriendo callar mis posibles quejas al jugar con mi cuerpo de este modo. Me gusta cómo se siente, es realmente muy intenso ser tocado por todos los sitios que me gustan, incluso me da aquellos besos lujuriosos que me hacen sentir la entrepierna mojada. Esta posición es realmente buena, pero me pone nervioso saber que acabaré corriéndome antes que él, ¡no quiero mojarme aún! Su resistencia es superior a la mía y puede permitirse sacudir mi cuerpo como se le plazca, sin embargo, yo quiero tener la posibilidad de correrme junto a él. Quiero que se sienta como yo, que disfrute de mi cuerpo de la misma forma en la que yo disfruto del suyo, aunque para mi mala suerte, sus embestidas iban dirigidas a ese sitio que él me hizo saber que tenía, aun cuando ni siquiera se había dado cuenta de que allí me encantaba. —Ahh... ay que rico...— gemí excitado, corriéndome en su mano. Él no dejó de mover su mano, mi corrida la usaba como si fuese una crema que le permitía deslizar entre sus dedos mi pene con mayor velocidad, aunque como mi cuerpo temblaba de placer, decidió levantar mi pierna derecha para que así pudiese meterse más y más rápido. —¡Ah...! ¡N-No tan duro...! —le pedía sintiendo enormes ganas de llorar debido a la excitación. Él no me hizo caso, sino que me fue embistiendo con rudeza, haciéndome sentir aquel peculiar cosquilleo en la entrepierna que me hacía temblar con espasmos acompañados, ¡era tan bueno! Mis ojos se ponían prácticamente en blanco, lo estaba disfrutando demasiado y lo mejor es que, sus besos me decían que él también lo disfrutaba. —M-Me voy a... —jadeé nervioso, creyendo que me correría de nuevo— ay no... nnnh... —Ah... d-deberías acostumbrarte... —nnngh... no p-puedo... ¡no puedo...! —chillé observando como mi entrepierna se empapaba por su culpa. —Bueno... haré que te acostumbres...— susurró con diversión, inclinando mi cuerpo hacia adelante, poniéndome boca abajo para embestirme más duro. —¡mmh...!— gemí mordiendo la almohada, ahora debido a la posición estaba boca abajo, sintiendo la dureza de su pene golpear hasta mis entrañas— ¡mmgh...! —Levanta tu culo, Charlie...—me pidió excitado— ábrelo para mí... Yo obedecí, estaba ahogándome de placer contra la almohada, pero levanté mi trasero, separando con mis manos mis nalgas. Sus embestidas ahora eran incluso más duras que antes, mi cuerpo con cada embestida se sacudía y la cama chocaba con fuerza contra la pared, creando bastante ruido. Estaba como una roca, sentir fuertes embestidas igual de duras que una piedra, me hicieron mojar las sábanas con mi corrida, mientras lloraba de placer, deseando que esto no fuese un sueño y que el tiempo se detuviera justo en este instante. —¡Haah...! Vamos... no me digas que ya estás cansado...—me dijo en un tono juguetón y con la respiración agitada— ¿no sientes lo cargado que estoy...? —mmmmh... mmm...—gemí en un intento de decir que sí. —No podrás descansar hasta que amanezca...— me advirtió— no me importa si mojas las sábanas o si mi semen llena tu estómago, esta noche debo despedirme de "Samantha"— mencionó juguetón, corriéndose para luego cambiarme de posición y continuar con la misma dureza. —¡Ah... ahh... mi amor...! —gemí aferrándome a su cuello, pues esta vez estaba sentado sobre sus piernas, enredando su cintura, mientras él me tomaba firmemente de las caderas, empujando su erección muy adentro, permaneciendo ambos sentados y abrazados— nnnh... ay mi amor...— gemí tratando de no brincar como perra desquiciada sobre su erección— así no... así no...— le rogaba, pero él dirigió sus manos a mis nalgas y me apretó desde allí, mientras hacía justamente lo que no deseaba que hiciera— ¡aah...! La forma en la que me embestía me mantenía temblando por el deseo de no dejarlo salir de mi agujero, ¡se sentía increíble! No existe persona en este mundo capaz de tenerme gimiendo y rogando al mismo tiempo. Sin duda, si lo de casarnos termina siendo algo factible, entonces aquel tiempo que pasemos en la casa que me promete, me aseguraré de que me coja así o más rico... Por supuesto que eso que ocurrió antes en los calabozos no puede volver a ocurrir, él tendrá que aprender a confiar en mi palabra antes que la de cualquier persona, es obvio que no podemos permitir que la desconfianza arruine nuestro matrimonio, aunque si hubiese sabido que a él no le importa que sea hombre, habría aceptado su propuesta de matrimonio mucho antes y seguramente ya estaríamos cerca de casarnos... Tengo muchas ansias de ver qué nos depara en el futuro, aunque también siento curiosidad por ver cómo hará que nadie sospeche sobre Samantha, obviamente alguien deberá morir, a menos que invente que morí en su palacio, lo que quizás le haría tener problemas con el rey... Bueno, supongo que preguntaré mañana, hasta entonces voy a gozar de su virilidad hasta que ya no salga nada, o hasta que el sol decida iluminar el cielo, anunciando un nuevo día.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR