Capítulo 11

3131 Palabras
Mis lágrimas de tristeza pronto dejaron de caer por mis mejillas al girarme, notando como cuatro siluetas estaban frente a mí y se estaban frotando las manos debido a lo ansiosos que estaban por tocarme. Yo estaba sin peluca, debido a la oscuridad no se dieron cuenta de esto, pero al intentar huir, ellos tomaron mi cuerpo y con violencia me despojaron de mis prendas. Sentí mucho miedo, estaba aterrado por lo que podría ocurrir conmigo, sus intenciones era algo más que evidentes y de sólo pensarlo mi cuerpo temblaba con pavor. Intenté gritar por ayuda, esperaba que cualquier persona cercana a mi habitación pudiese auspiciarme y sacarme de esta horrible situación. Necesitaba huir, mis gritos fueron cayados gracias a que uno de ellos tapaba fuertemente mi boca, consiguiendo que mis gritos sonaran ahogados y entre lágrimas suplicaba por ayuda, pero nadie lograba oír mis gritos, pedir ayuda mentalmente no servía, nadie podía oírme y a pesar de que en mi mente buscaba misericordia, aquellas asquerosas manos manoseaban mi cuerpo por todos lados. Estaba hiperventilando, tenía tanto miedo que no podía respirar, mi cuerpo temblaba con horror al sentir como una de aquellas tantas manos bajaban por mi ombligo, ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Por qué siempre debo lidiar con situaciones como estas? Lo peor es que sé perfectamente que no me pasaría esto si ellos me viesen como Charlie. Casi como un acto de suerte entre tantos lamentos y como si fuese algo que debiese agradecer, una voz asqueada al rozarse en mi entrepierna me salvó. —¡Es un hombre! —decía aquel asqueroso hombre, buscando con desesperación una vela para encenderla y con eso buscaba comprobar lo que había dicho. Todos apartaron sus manos rápidamente, sus expresiones asqueadas miraban mi cuerpo con decepción, como si la culpa fuese mía por ser algo que ellos no esperaban. Me miraban con rechazo, ante sus ojos la escoria era yo y no ellos, como si lo suyo fuese menos asqueroso que mi cuerpo temblando de miedo. —Qué desperdicio de cuerpo— soltó uno de ellos, alejándose mientras los otros se quejaban por no obtener lo que deseaban. Lo peor es que mientras lloraba, oí las alteradas voces de aquellos hombres diciéndole a alguien “El contrato se cancela, quédate con el dinero” No sabía quién era la persona que estaba allí, no lograba imaginarme la clase de persona que podría haber planificado toda esta locura, ¿qué tan enfermo o enferma has de ser para planear algo así sólo por dinero? No lograba darme una respuesta de consuelo, en cuanto se fueron me acerqué con las piernas temblando de miedo para ponerle seguro a la puerta, sintiendo que quizás en cualquier momento ellos podrían regresar. Eso me hizo permanecer toda la noche despierto, estaba hecho bolita en una esquina de mi cama, usando la pared como protección para no ser acechado por la espalda, creyendo e imaginando que aquellas bestias asquerosas podrían cambiar de idea. Si no fuera porque la señora Paulina vino a verme por la mañana, yo no me habría conseguido tranquilizar ni hubiese conseguido dormir un poco. Estaba muy asustado, ni siquiera podía recurrir al Coronel, él ya había sido bastante claro con respecto a sus sentimientos por mí, además con lo temprano que era seguramente estaba en la cama con aquella mujer. La señora Paulina me dijo que me quedara unos días en otra habitación, de hecho, cerró el bar durante 3 días y cuando parecía que ya estaba todo bajo control, mientras yo estaba desayunando en el primer piso, los guardias aparecieron con una orden firmada por el Coronel, quién autorizaba mi arresto de inmediato. —¡No, no! —gritaban mis amigas tratando de alejarme de los guardias —Debido a tu manipulación y contradecir los reglamentos de nuestra religión, estás sentenciado a morir en la horca— fue leyendo uno de ellos, mientras el resto me arrastraba para sacarme del bar. —¡Debe haber una equivocación!— gritó mi jefa. —El mismo Coronel Conrad firmó la orden, por supuesto que no hay un error. —¡Piedad, no pueden llevárselo, aún es joven y...! —Calla mujer— le ordenó quién parecía ser el líder, abofeteando con fuerza la mejilla de la señora Paulina, quién lloraba más por mí que por el golpe que la hizo caer al suelo. —¡No las lastimen! —pedí removiéndome para detenerlos, creyendo que podría pelear contra aquellos entrenados hombres de ley. —No estás en posición de pedir nada— me dijeron, dándome un golpe que me hizo ver todo oscuro y mis energías se desvanecieron, de hecho, desperté en un frío lugar cubierto de paja donde no llegaban los rayos del sol. Podía oír los lamentos de otros carceleros, ellos pedían por un poco de piedad, rogando incluso por comida, mientras que yo me acercaba a los barrotes con temor, deseando salirme al recordar mi sentencia. —¡Déjenme salir! —pedía tratando de arrancar los barrotes, creyendo que de algún modo podría dañar la infraestructura casi por arte de magia. —No gastes energías, chico— me sugirió un hombre sentado en una esquina de la celda— nadie vendrá a sacarte. —Pero yo no... —Nadie quiere morir— me interrumpió— pero la muerte es inevitable cuando terminas aquí... Yo me dejé caer por los barrotes, sintiéndome asustado por la muerte que me deparaba, sabiendo que efectivamente nadie podría sacarme de este lugar. Esto lo comprobé con el paso de los días, las únicas que vinieron a verme fueron aquellas mujeres que con preocupación trataban de darme esperanzas, ellas creían que había algún modo de sacarme de este lugar, que quizás hablándolo directamente con el Coronel ellas podrían convencerlo de retirar el mandato. Eso era algo casi imposible, si los guardias le dijeron al Coronel sobre mi situación, seguramente él se siente humillado, asqueado y puede que muy enfadado, lo que, por supuesto, no lo traerá aquí, seguramente desea evitar todo contacto conmigo para que no lo relacionen bajo ningún concepto. Para que los guardias no hablen, es posible que les dé dinero a cambio, quizás también los amenace para que ellos no digan absolutamente nada sobre la clase de relación que nosotros teníamos. Mis esperanzas aquí son una pérdida de tiempo, el hombre con el que compartía celda fue ejecutado hace dos días y según sé, hizo de todo para escapar de aquel desafortunado suceso que le esperaba. Él me contó que había logrado escapar 3 veces, "salir de la celda es sencillo" me decía, antes de añadir, "Pero el piso superior está lleno de guardias, es imposible pasar desapercibido" Como consecuencia a sus escapadas, la primera vez le dieron una golpiza que lo tumbó por dos días, luego durante la segunda vez le dieron latigazos, pero ya para la tercera vez, le cortaron una pierna. Si no moría por el verdugo, entonces morirían por lo infectada que estaba su pierna. Cuando la vi, no imaginé que podría estar tan mal, jamás vi que los gusanos comieran vivo a una persona y que el tono de su piel, pasara a un color n***o de putrefacción. Yo no tengo salvación, he hablado con los otros reclusos desde mi celda y sus desalentadoras palabras me hacen perder las esperanzas de salir de aquí con vida. De igual modo, ¿para qué vivir si no puedo tener a la persona que quiero? Recibir su odio es algo que no deseo, prefiero marcharme con aquellos dulces recuerdos que vivimos, antes de dañarlos con este desafortunado suceso. ....Centrado en el Coronel.... Luego de que el Coronel bebiera unos tragos en el bar, durante aquella noche donde Charlie había sido descubierto, un mensajero del rey les avisó que debían partir, sin embargo, por primera vez el Coronel no deseaba hacerlo, él sabía que si se iba toda mínima esperanza de poder hablar con Samantha desaparecería. Él quería disculparse, se sentía tan arrepentido que pensaba subir a su habitación en aquel instante, pero como era una orden del rey, decidió dejar que el tiempo los ayudara a calmar un poco la situación. "Cuando regrese las cosas estarán más tranquilas" Eso era lo que pensaba, sin imaginar lo que en realidad estaba ocurriendo en aquel instante en el que se marchaba. Pasaron dos largas semanas y por fin el Coronel pudo viajar al castillo con buenas noticias para el rey, quién esperaba su visita con nerviosismo. Había traidores de otros reinos escondidos en sus ciudades y pueblos, esto con el propósito de dañar a sus súbditos y comenzar en el proceso una guerra contra este reinado. La misión del Coronel era capturarlos junto al príncipe, como eran demasiados, se centró en capturar a sus líderes antes que a los peones y como no podía regresar con ellos al reino, se apresuró a llegar al castillo para recibir nueva información del rey. —Los tenemos, majestad, ¿qué desea hacer con ellos ahora? —Hay que eliminarlos cuanto antes— respondió el rey paseándose de un lado a otro en la sala del trono— ellos podrían revelarse y escapar. —El príncipe sugiere una ejecución pronto para los lideres, sin estos, sus peones no sabrán qué hacer —Ahora mismo no sería adecuado traerlos— mencionó— pero tienen razón, los demás deben ser advertidos y el castigo de quienes fueron sus líderes, debe ser agonizante. —¿Por qué no es adecuado? ¿Ocurrió algo en mi ausencia? —preguntó confundido. —Sí, un bastardo pervertido se disfrazaba de mujer para dañar la integridad de los hombres— le respondió con asco— el sacerdote me pide que sea castigado cuanto antes. —Bueno, hagamos lo mismo, seguramente hay otros de su clase escondidos, si ven que un pervertido como ese está vivo, creerán que ellos también saldrán impunes— le sugirió sin imaginar que estaba hablando de la persona que él decía querer. —Sí, tienes razón, encárgate de ello, pero evita los castigos durante un tiempo, el sacerdote ha pedido unos días para purificar este reino y para ello no debe haber muertes. —Como ordene, majestad. —No te quitaré más tiempo, seguramente debes extrañar a tu amada, ve, te llamaré cuando el sacerdote haya terminado. —Gracias, majestad... El Coronel se retiró y se dirigió a la ciudad que desde hace unos meses visitaba con frecuencia, estaba cansado, pero luego de todo este tiempo deseaba poder resolver las cosas con aquella dulce chica que él deseaba tener a su lado. Esta vez deseaba poder hablar con ella, había tenido el suficiente tiempo como para pensar y sin duda, se lamentaba por haber tratado tan cruelmente a su bella flor. Lo que no se esperaba fue ver como todos guardaron silencio al verlo, la música se detuvo y las mujeres que trabajaban en aquel lugar, lo miraban con desprecio y enfado, algo inesperado, pero el Coronel supuso que era debido a lo ocurrido con Samantha. Como él tenía su habitación pagada, subió directamente a ese lugar para darse un baño y cambiarse, no deseaba ver a Samantha en tales condiciones, por ello una vez estuvo listo, bajó y con nerviosismo se acercó a la dueña de aquel bar, deseando que le dijera donde estaba. —Es increíble que haya tenido los huevos de venir aquí luego de lo que hizo— habló Paulina al nada más verlo— ¡él es sólo un joven! Tiene toda una vida y su único delito fue enamorarse de un bastardo sin corazón. —¿Qué? —preguntó desconcertado— ¿de qué estás hablando? —¡De Charlie! —le gritó golpeando la mesa, sintiéndose furiosa de que ni siquiera la entendiera. —Bien...—murmuró desconcertado, pero manteniendo la calma— ¿Quién es Charlie? —¿Le divierte todo esto? Usted sabe perfectamente quién es Charlie, fue usted quien firmó su sentencia— le hablaba con furia— Samantha y Charlie son la misma persona, ¿por qué si decía amar a una, no es capaz de amar a la otra? —¿Qué...? —preguntó atónito, sintiendo que su sangre se volvía fría— ¿¡De qué estás hablado?! —la interrogó frunciendo el ceño con enfado, tomando del brazo a Paulina. —¿No sabía...? —preguntó desconcertada al notar que la reacción del Coronel parecía ser verídica. —Mierda...—susurró atónito, soltando a la mujer para marcharse de regreso al castillo donde supuso que se encontraría, deseando comprobar por él mismo que todo esto era real. "¿Samantha es un chico...?" Se preguntaba con temor, sabiendo que, si eso resultaba ser cierto, el rey bajo su consejo lo mataría lentamente frente a la plaza del pueblo... ....Charlie.... —Despierta sucia prostituta— me ordenó un guardia tirándome un balde de agua fría— límpiate, tendrás visitas— añadió lanzándome ropa y como no me moví, me tomó del brazo con fuerza, arrastrándome por aquel frío y sucio suelo hasta lo que todos llaman "las tinas" No sabía quién vendría a verme, hasta ahora no me habían obligado a bañarme para recibir a nadie, así que imaginé que se trataría de alguien importante, ¿el rey, quizás? Me dijeron que el rey era un hombre religioso, es posible que, al oír hablar sobre mí, desea extinguir la impureza de su reinado. También me informaron que no soporta a la gente que huele mal, por lo mismo, imaginé que se trataría de él. En realidad, no me importó, yo disfrutaba del agua y aproveché de limpiar todo mi cuerpo como nunca antes lo había hecho, quería sentirme normal otra vez, aunque el nuevo atuendo me quedaba bastante grande y con un cordón me tuve que sujetar el pantalón rotoso que me entregaron. Después pude oír unos pasos y el tintineo de unas llaves, yo estaba apoyado y sentado contra la pared, temblando de frío mientras trataba de no pensar en el hambre que tenía. Aquí nos dan agua y en ocasiones, un pan duro con rastros de moho. La primera semana esto me importaba, no deseaba comer tal cosa, pero el hambre me superó y acabé comiéndolo casi con desesperación. Cuando oí que abrían mi celda, no me moví, ni tampoco lo hice al notar que aquella persona acomodaba una antorcha en aquel frío espacio. Como no estaba diciendo nada, levanté la mirada, deseando averiguar quién estaba frente a mí, algo que me hizo ponerme de pie de inmediato, ya que se trataba del Coronel y este me miraba de pies a cabeza. —Así que era cierto...—murmuró dejando escapar un suspiro que parecía ocultar sus ganas de golpearme. —Coronel, ¿qué hace aquí? —pregunté bajando la cabeza, sintiéndome triste y humillado al verlo. —Sólo deseaba comprobar lo que me dijeron— respondió con indiferencia— supongo que te divertía engañarme, ¿no? —Claro que no, yo... —Ahora entiendo por qué no deseabas hacerlo por delante— murmuró casi como si aún estuviese tratando de convencerse de que esto era real— ¿a cuántos hombres engañaste del mismo modo? —me interrogó— ¿a cuántos seducías y enamorabas para tu conveniencia? —Yo no seducía hombres para enamorarlos, ni siquiera me acostaba con ellos— le hablé con enfado, viéndolo a los ojos en todo momento— usted fue el único...—susurré acercándome con temor. Al verlo a los ojos, me pude dar cuenta de que estaba enfadado, pero no me miraba como aquella vez en la que esos hombres me atacaron, él estaba cumpliendo su promesa y debo reconocer que me hacía feliz saber que él no me odiaba como deseaba hacerme ver. Sus ojos parecían mantener aquel brillo en ellos, parecía que, a pesar de todo, seguía viéndome con ternura. —Por supuesto que no te creo— dijo tratando de girarse para irse, sin embargo, lo tomé del brazo. —Coronel, por favor debe creerme, yo sólo me enamoré de usted... —¿Enamorarte? Según recuerdo, su amor era algo limitado. —¿Y qué quería que hiciera, eh? ¿Qué me casara con usted y que se enterara en la noche de bodas? —le hablé con enfado, viendo como me miraban con sorpresa, pues hasta ahora nunca me ha visto enojado ni tampoco me había escuchado levantarle la voz— yo...—susurré observando sus labios— yo deseaba estar con usted... lo deseaba tanto, pero usted nunca me quiso. —No digas cosas que no puedes asegurar— me dijo con enfado. —¿A no? ¿Y se supone que una persona que ama a otra se acuesta con la primera que se le cruza por delante? —lo interrogué— supongo que es lo mejor, con mi muerte usted podrá deshacerse de mí y evitar que sus rivales se enteren sobre esto, incluso podrá irse con cualquier chica que se le presente, es bueno en ello, pero asegúrese de que tenga dos agujeros. —Yo no quería esto— me habló ofendido. —¿A no? ¿Entonces por qué firmó un documento que me causará la muerte? —¿De qué estás hablando? Yo no he firmado nada, ni siquiera estaba cerca como para hacerlo. —De igual modo, ya no importa quién haya sido el responsable, moriré y es inevitable— mencioné, relajándome un poco, no deseo morir estando enojado con él. —Supongo...—murmuró bajando la cabeza. —¿De verdad me amaba? —le pregunté, pero él desvió la mirada. —Me iré ahora— avisó, tratando de irse, pero desesperadamente lo detuve al tomarlo de las mejillas y atrapar sus labios. Era un beso desesperado, quería recordarlo como nuestro último beso, yo imaginaba que él no regresaría y según sé, todos tenemos un último deseo que se nos puede ser otorgado. Como me respondió el beso, imaginé que sus sentimientos por mí seguían intactos a pesar de que yo no era Samantha. Estaba feliz, yo pensaba que él odiaría a Charlie en cuanto lo viera, sin embargo, aquí está, devolviéndome el beso con mayor intensidad y si no fuera porque cortamos el beso jadeantes, no habría procesado lo que estaba ocurriendo. —Debo irme— repitió nervioso, casi culpándose por haberme besado. Él me dio la espalda y como no deseaba que se fuera, decidí hacer algo que usualmente no haría, no en un sitio como este. Necesitaba recuperar su atención, incluso necesitaba que lo nuestro tuviese una despedida adecuada para el intenso amor que solíamos darnos en aquella habitación del bar. Ahora ya no soy Samantha, supongo que ahora no hay necesidad de preocuparme por ello en estos momentos...
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