Capítulo 10

2144 Palabras
Pasé 4 días esperando a que regrese, he estado tan preocupado por él que por las noches casi no consigo dormir, he estado trabajando hasta tarde con la esperanza de que llegue y sé que lo hará, sólo que no estoy seguro de por qué aún no lo hace. Sus soldados están aquí, ellos aún no se han movido, pues no han recibido la orden de hacerlo, además dijeron que mientras el rey no les diera instrucciones, ellos no podían moverse de aquí. Me dijeron que en cualquier momento iniciarán un viaje que les tomará una semana, así que antes de que deban irse deseo explicarle al Coronel lo que trataba de decir ese día. No sé qué le diré, sólo sé que debo hablar e intentar explicar la situación... Mi relación con él era estupenda, disfrutaba su compañía y hasta la espera era mucho más grata cuándo sabía que regresaría para verme, pero como no lo hace me estoy hundiendo en lágrimas y trato de pensar en que todo estará bien, estoy intentando tener fe de que me perdonará, el único problema es que esto es algo demasiado improbable. Hoy, como cada día me alisté para bajar al bar, me puse un atuendo de tono azul que, según todos, combinaba con el color de mis ojos y me hacía ver "hermosa" Sus palabras no tenían valor para mí, si no es el Coronel quién me lo dice, siento que son sólo palabras vacías y poco sinceras. Mi jefa ha dicho que quizás esta ruptura es lo mejor, nosotros sabíamos que tarde o temprano tendría que alejarme, pero esperaba tener más tiempo para darle una despedida adecuada a lo nuestro. Él se fue sin escucharme y sin decir adiós, por supuesto que esperaba algo diferente, algo que me hiciera recordarlo con una sonrisa y no con un nudo en la garganta. Para variar, como los rumores se propagan con rapidez, varios guardias del pueblo han estado visitando el bar para disfrutar de la compañía de lo que ellos nombran: El fruto prohibido de aquel Coronel que la desechó. Por supuesto que los rechazo, mi trabajo actualmente sólo es atender las mesas y hablar un poco con ellos, sin embargo, no ofrezco mi cuerpo como ellos desean que lo haga. Los soldados del Coronel me observan con regularidad, ellos me mantienen vigilado y cuándo algún sujeto trata de sobrepasarse, ellos le recuerdan que "La señorita dijo que no" No sé si me cuidan por órdenes del Coronel, pero me alivia saber que están aquí en momentos donde sujetos borrachos no entienden que mis caricias no están a la venta. Yo debo mantener una sonrisa, el ambiente debe mantenerse agradable y obviamente debido a los soldados mi presencia espanta a muchos de los clientes que solían venir con frecuencia. No me puedo permitir que las ventas disminuyan, hay muchas que trabajan de esto y al igual que yo, tienen deudas que pagar o aspiraciones para el futuro. A mí aún me queda mucho por reunir, algo que debido a mi actual posición en el bar se alarga cada vez más. —Trae cervezas para nosotros— me habló uno de los guardias, rozando su mano por mi cintura y viajaba peligrosamente hacia mi trasero. —Le diré a una de mis compañeras que las traiga— dije tratando de alejarme. —He dicho que las trajeras tú— ordenó apegándome contra su cuerpo mientras tomaba fuertemente mi muñeca. Su respiración, sus ojos, la cercanía de su cuerpo y hasta su vestimenta me molestaba, no podía evitar mirarlo con desprecio, deseaba gritarle y exigirle que me soltara, pero no hizo falta decirle nada, él me soltó voluntariamente y hasta se alejó un par de pasos, viendo por detrás de mí. Como parecía haber visto a un fantasma, me giré observando con asombro al Coronel, incluso sentí que el alma me bajaba al cuerpo al momento en el que lo vi, el único problema es que Romina estaba entrando con él y traía una amplia sonrisa en los labios. Ellos se estaban acercando a las escaleras, yo obviamente sabía lo que eso significaba, por eso mismo como el Coronel parecía estar enojado conmigo, opté por ser el primero en disculparme para evitar que se acostara con Romina. —Coronel— dije tomando su brazo derecho para detenerlo, observando como aquellos ojos que antes me miraban con ternura, no expresaban ningún afecto hacia mí— Coronel, debo hablar con usted. —No tenemos nada de qué hablar— me respondió con indiferencia. —Claro que sí, entiendo que esté enfadado conmigo, pero por favor déjeme explicarle— le pedí. —Deja de estorbar, Samantha— me habló Romina, tratando de alejar al Coronel de mi lado— nosotros deseamos divertirnos, de todos modos, fui yo quién lo trajo. —No te entrometas— le dije con enfado. —No, tú no intervengas— me habló el Coronel viéndome directamente a los ojos— fuiste bastante clara y sí, tenías razón, no me combine estar contigo, yo era un cliente más y como tal, puedo permitirme coger con cualquier prostituta que se me antoje, pues no creo que hayas olvidado la clase de lugar en el que estamos. —Pero yo...— susurré dolido por sus palabras. —Vete, tus clientes te están esperando— dijo tratando de retomar su camino. Yo me quedé enmudecido al oírlo decir algo como esto, las palabras no salían de mi boca y sentía que en cualquier momento mis lágrimas bajarían por mis mejillas. Mi vista se veía distorsionada debido a las lágrimas que se asomaron por mis ojos, tenía tantas ganas de llorar por aquellas palabras que me dijo que prácticamente no podía hablar. Lastimosamente lo seguí, subí las escaleras corriendo y al ver como entraba con Romina a la habitación, me apresuré para tomarlo del brazo nuevamente, tratando de rogarle para que no lo hiciera. No quería que estuviese con alguien más, preferiría que lo hiciera lejos y sin que yo me enterara, además no deseaba que fuese con ella, ya que de un modo egoísta yo deseaba ser el único en recibir sus caricias en este lugar. Cuando nuevamente lo detuve, él se giró con cansancio y me miró del mismo modo, yo estaba llorando irremediablemente, las palabras no salían de mi boca, sin embargo, a él no le importaba. —P-Por favor...—le rogué— n-no lo haga... Como un modo desesperado por detenerlo, me aferré a su pecho, Romina se puso histérica cuando hice esto, sin embargo, el Coronel le dijo "Tranquila, espérame dónde estás" sacándome de la habitación y hasta cerró la puerta en el proceso. Mis lágrimas no le importaban, él me despegó de su cuerpo sin piedad, no le importaba destruir mi corazón y con frías palabras dijo: Yo ya no deseo estar contigo, déjame tranquilo. —P-Por favor...— le pedía— me de-destruirá el corazón si lo hace... —¿Y? —preguntó con indiferencia— ya no me interesa lo que ocurra contigo. —C-Coronel... —Si quieres ser útil, tráenos vino o deja de estorbar— me dijo alejándose de mí, cerrando la puerta en mi cara mientras yo casi no podía respirar debido a las lágrimas. Mis piernas me fallaron al oírlo, mi cuerpo cayó al suelo mientras apoyaba mis manos en la madera, sintiéndome destruido y humillado. No me dejó explicarle ni tampoco escuchó mis súplicas, a él no le importaba absolutamente nada de lo que ocurriera conmigo y no creo que alguien quién decía sentir lo mismo por mí sea capaz de hacer algo como esto. Ahora veo que en realidad nunca sintió lo mismo que yo, para él yo sólo era una prostituta que podía manipular e ilusionar a su antojo, lo que sin duda se traduce en una nueva apuñalada en mi corazón. No duré mucho tiempo de rodillas contra el suelo, sino que me levanté con ayuda de Julieta y Alicia, quienes con palabras dulces me decían "Vamos, es hora de descansar" Ellas me ayudaron a llegar a mi habitación y me quitaron la peluca, me sentía tan triste que ni siquiera deseaba quitarme los accesorios que llevaba puesto. Desde que he estado con el Coronel no he utilizado un velo, yo sabía que si lo usaba el besarme sería más difícil, así que como deseaba regalarle mis labios dejé de utilizarlo... Este era un accesorio menos que quitarme, aunque estaba tan triste que le dije a las muchachas que deseaba estar solo. Ellas al principio no deseaban irse, pero debido a mi insistencia, aceptaron y me aseguraron que vendrían enseguida si yo las llamaba. Al quedarme sólo, hundí mi rostro contra la almohada y liberé un grito de tristeza, sintiéndome destrozado por aquel cruel trato que recibí. Ojalá jamás lo hubiese conocido... De no haberlo hecho, yo no estaría sufriendo ahora con el corazón roto. Esto realmente duele, no recuerdo haber llorado tanto en años anteriores como en estos momentos, estaba realmente devastado, lo peor es que no era sólo por sus palabras, sino que también lo hacía al pensar en que el Coronel estaba con aquella mujer ahora mismo, tocándola como hacía conmigo. Esto es horrible... ...Centrado en ellos... Tras el Coronel cerrar la puerta, se quedó unos segundos apoyados contra la puerta, escuchando las desgarradoras lágrimas de Charlie, mientras Romina sonreía con diversión, ocultando esta sonrisa con el velo que todas las chicas utilizan. Por supuesto que, como ella lograba ver cierto arrepentimiento por parte del Coronel, decidió quitarse la ropa y mantuvo el velo, diciendo en un tono coqueto y seducir "Coronel" Eso llamó la atención del importante hombre, quién observó su cuerpo con indiferencia, ni siquiera aquellas palabras sonaban igual de dulces como la chica que él traía en su mente. Lo malo es que estaba enfadado, él debido a su orgullo no deseaba aceptar que aquella chica que él quería, no quería estar con él. El Coronel pensaba que Charlie no lo amaba tanto como él, se sentía triste, pues realmente deseaba casarse con ella, sin imaginar que la razón por la que ella no aceptaba, era porque en realidad se trataba de un chico. Por supuesto que él escuchó las voces de Julieta y Alicia, se sintió aliviado al saber que ellas se llevaban a un lugar seguro a Samantha, aunque cuando su atención regresó a la chica desnuda que tenía frente a él, sus ánimos bajaron a números negativos. —Yo lo haré olvidar a esa sucia mujer— le decía con aires de grandeza, deslizando sus manos por el pecho del Coronel. —Tendrías que volver a nacer y tener una pizca de decencia como para tener el derecho de llamarla "sucia"— le habló con enfado. —Olvidémosla, nosotros podemos... —No me interesas, vístete y vete— le ordenó. Ella, humillada, quiso intentar besarlo para hacerle ver lo que se perdía, pero el Coronel la apartó y fue él quien se alejó, regresando al bar donde todos estaban bebiendo, sabiendo que Samantha no bajaría hasta mucho más tarde. Él deseaba olvidar, quería dejar de pensar en aquel rostro triste cubierto en lágrimas, creía que sólo se trataba de un estratégico plan para seguir jugando con sus sentimientos, el único problema es que su mente le recordaba aquella instancia una y otra vez, logrando que su pecho sintiera un dolor agudo, como el de una apuñalada en el corazón. "Sus lágrimas y dolor parecían ser reales..." Pensaba con angustia, ignorando que mientras él se lamentaba por lo sucedido, Romina con celos y sintiéndose derrotada, se acercó a los guardias que anteriormente tenían sus ojos sobre aquella mujer que ella consideraba "sucia e indigna" —Hola muchachos, ¿qué están dispuestos a dar para recibir un poco de la bella Samantha? —preguntó con diversión, observando como las sonrisas de aquellos sujetos se iluminaban por la idea de probar aquel fruto prohibido. —Pide y te lo daré— habló el líder de aquel grupo. —Sólo pido seis monedas —dijo rozando con sus dedos la armadura de aquel hombre— y que limpien cada rastro que haya dejado el Coronel sobre su cuerpo— añadió. —Hecho— accedió rápidamente, dándole las monedas con antelación. —Síganme, los llevaré... Sus intenciones eran claras y lo peor es que esta vez no habría nadie que pudiese proteger a Samantha, ahora mismo debido a la tristeza que sentía estaba vulnerable y sin fuerzas, Charlie sólo abrazaba su almohada tratando de que su corazón dejara de doler, sin imaginar que un grupo de cuatro sujetos se acercaban con pasos veloces hasta su recámara. Lo peor es, tras oír la puerta abrirse supuso que serían sus amigas y con tristeza dijo "Quiero estar solo..." sin imaginar que le dirían: —Nosotros te haremos olvidar a ese bastardo, preciosa.
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