Punto de vista de Blake
Sentía que explotaría y volaría hacia el espacio en un segundo; la cabeza me palpitaba con ferocidad, al igual que las manos, y resoplé al entrar al ascensor y subir un piso, para terminar en la azotea.
Al salir, tomé una escalerilla y abrí la puerta, para encontrarme con el frío aire del exterior, que golpeó contra mi cuerpo con ferocidad. Metí las manos en mis bolsillos y contemplé las nubes.
Desde el techo de la doceava planta, la vista de la ciudad era preciosa incluso con este clima, pero yo solo quería caminar al borde y lanzarme. Un cosquilleo me recorrió de pies a cabeza y solté un fuerte resoplido, cerré los ojos por un par de segundos y traté de calmarme.
La mano con la que golpeé a Gilbert me latía, pero necesitaba dejarlo ir por ahora, pues se suponía que estaba en el trabajo, que era el jefe…
Volví a respirar hondo y tragué.
Escuché la puerta de la azotea abrirse, y alguien se detuvo tras de mí; sus pasos fueron ligeros, y permaneció a una distancia respetable, por lo que imaginé de quién se trataba.
Unos segundos después, pronunció con cierta duda:
—Señor Maier, ¿se encuentra bien?
Miré al frente, a la ciudad, y dejé salir todo el aire que me quedaba dentro. Tragué con dureza y negué con la cabeza.
—No… no estoy bien, pero no te preocupes por eso —dije en tono claro—. ¿Hay algo más que tengas para decirme?
—Ehm… —Suspiró y continuó—: La reunión del día de ayer con el señor Harrison, de Componentes Harrison, la reprogramé para hoy a las dos de la tarde; sin embargo, acabo de recibir un mensaje de su secretaria indicando si podría atenderlo en la brevedad posible, ya que al señor Harrison le surgió un compromiso inesperado, y debe viajar a la Costa Este para esta tarde.
Apreté los labios y arrugué la cara. Jared Harrison no era santo de mi devoción y, para ser sincero, no tenía ganas de reunirme con nadie, pero, de nuevo, estaba en mi trabajo, y debía ser diligente con eso.
—Bien… Dile que venga a las diez. Me reuniré con él y luego saldremos a comer por ahí —dije sin más.
Sabía que Oli no podía, porque tenía trabajo que hacer, pero tampoco andaría por ahí en soledad.
Conociendo lo que llevaba por dentro en estos momentos, quizás terminaría en una desgracia.
—Está bien, señor Maier.
En eso, mi teléfono comenzó a sonar, y no me sorprendió para nada ver de quién se trataba,
Tomé la llamada.
—Hola, ¿qué pasa?
—¿Cómo estás? ¿Te convertiste en un asesino?, ¿debemos llamar a Wyatt para que pida clemencia y no te sentencien a muerte?
—¡Pfft! ¿De qué hablas? —espeté sin mucha fuerza y volteé—. Oli, puedes volver a tu puesto, bajaré en unos minutos.
—Sí, señor Maier —contestó mi asistente y, tal cual mandé, abandonó la azotea.
—¿Estás en un lugar con mucho viento? Se escucha un poco distante.
—En la azotea. Necesitaba respirar aire fresco y… no, no lo maté, de hecho, solo le di un golpe porque me sacó de mis casillas, aunque ganas no me faltaron de hacerlo.
Oí una risilla del otro lado.
—¿Quieres beber algo esta noche? ¿Volverás a mi casa?
—Soy papa con hijo, Ryan —murmuré.
—¿Empacaste los ojos furiosos? —espetó el otro y soltó la risa.
El chiste de la papa venía directo de Toy Story, una película que nos gustaba mucho a los dos, aunque era raro decirlo a nuestra edad, por lo que solo resoplé.
—Iré a tu casa esta noche, pero a buscar mis cosas y las de Colin. Logan me dijo que Amy se fue esta mañana de casa, y no quiero que Colin esté mucho tiempo fuera de su hogar y el entorno que conoce.
Ryan resopló.
—El campamento duró poco, pero está bien, comprendo…
—¿Estás en el trabajo?
—Ehm… más o menos. Estoy jugando golf con uno de los peces gordos de Google… pero es malísimo jugando, me está costando muchísimo esto de dejarlo ganar…
—Todo sea por un trato, no lo olvides.
—No lo hago. Entonces, ¿te veo en la casa?
—Sí… supongo que te esperaremos, aunque quiero irme temprano de aquí. Es un poco difícil…
—Lo entiendo.
Después de unas palabras más, Ryan colgó, pues se suponía que debía enfrentar los segundos nueve hoyos, y yo me giré para volver al interior del edificio.
Por alguna razón, la pesadez que tenía dentro se había calmado un tanto, quizás por haber escuchado su voz, y me sentí un tanto más fresco para cuando volví a mi oficina.
Una media hora más tarde, Oli, Kate, otra secretaria, y yo, bajamos al quinto piso para recibir al señor Harrison.
Al entrar a la sala, él ya se encontraba allí. Era un tipo bajo y delgado, no muy destacable físicamente, pero se lo notaba ágil; se levantó tan pronto verme y estrechamos manos.
—Un gusto recibirlo, señor Harrison.
—El gusto es mío, señor Maier, y lamento la premura. Surgió algo impostergable.
—No se preocupe; se suponía que nos reuniríamos ayer y se reprogramó por mi causa. Esto es lo mínimo que puedo hacer por su consideración.
La charla respetuosa me salía natural. Siempre debía ser así con los visitantes, todo muy correcto, todo políticamente justo. Nos sentamos, y Jared comenzó:
—Señor Maier, ¿ha revisado los reportes de rendimiento que enviamos la semana pasada?
—Por supuesto… el año pasado aumentamos en un 15% la cantidad de suministros adquiridos a su empresa y, comparado a los tres años anteriores, sus últimos componentes han estado presentando más desperfectos, ¿qué ha hecho para combatirlo?
—Me disculpo por eso —Jared bajó la cabeza con ligereza—. Descubrimos muy tarde la presencia de materia prima defectuosa en nuestra línea de producción, pero hemos implementado nuevas políticas de control para garantizar la calidad de los materiales con los que fabricamos nuestros componentes, por lo que esperamos que su compañía siga considerándonos como su principal proveedor.
Oli me entregó una carpeta con unos papeles que revisé con atención, y asentí.
—Me doy cuenta de que, para este año, pide una renovación a largo plazo, y un aumento del 20% en la cuantía. Esa es un alza bastante sustancial si me lo pregunta.
Lo miré de reojo, y afirmó.
—Somos conscientes de que el Grupo Maier ha crecido mucho en este tiempo, y deseamos formar parte de su crecimiento de una manera más formal. Ofrecemos precios especiales si acepta una renovación a largo plazo, lo que nos beneficiaría a ambos.
Claro, su empresa podría presumir de tenernos como uno de sus peces gordos y, según su lógica, nosotros tendríamos componentes a menor precio; sin embargo, algo no me cuadraba con todo esto.
—¿Cómo planea asumir una mayor demanda de componentes? Nuestras empresas siguen creciendo alrededor del mundo y, si mal no recuerdo, a principios del año pasado, cuando hicimos un pedido especial, tuvimos un incidente con las fechas de entrega de sus productos.
»Las entregas se retrasaron cinco días, y alegó no tener capacidad suficiente para asumir la carga que impusimos, ¿qué es diferente ahora?
En realidad, lo de meses atrás fue una prueba que decidí hacer, no solo con su empresa, sino con otros de nuestros proveedores, para saber si estaban en capacidad de asumir la carga de ser nuestros vendedores insignias.
Tenían esa mala nota en su historial.
—Estamos a punto de culminar el montaje de una nueva línea de ensamblaje, señor Maier, así que no debe preocuparse por ello.
Lo miré con detenimiento mientras hablaba, y sus ojos me dijeron que había algo más detrás de eso, lo que encendió mis alarmas; no obstante, en este mundo no podías solo darles carpetazo a las personas.
Respiré hondo y, mirando una vez más los documentos que me dio Oliver, asentí con la cabeza.
—Me parece muy interesante el tema de la renovación a largo plazo.
Sus ojos brillaron por mis palabras, y continué:
—Pero, antes de proceder con eso, me gustaría recibir sus proyecciones, y enviaré a uno de mis ejecutivos, si no le importa, a hacer una visita a sus líneas de producción para verificar el estado de las mismas.
Dudó por unos instantes y palideció un poco, pero, a los dos segundos, asintió con la cabeza.
—Perfecto, señor Maier. Podemos arreglar un encuentro con uno de sus ejecutivos cuando lo prefiera.
Le di una sonrisa y, tras unos minutos más de charla, donde compartió el balance económico de su empresa, y datos que nada me importaban a estas alturas, se fue.
Eran casi las once y, tras acompañarlo a la puerta, llamé a Oli a mi oficina.
—Oliver, quiero que investigues personalmente los movimientos de los últimos seis meses de Componentes Harrison. Siento que nos ocultan algo.
El pelinegro me miró con curiosidad, pero solo asintió.
—¿Para cuándo lo necesita?
—No hay un límite como tal… tenemos un buen inventario de productos, y presiento que te encontrarás con muchas trabas. Solo infórmame conforme consigas las cosas, ¿de acuerdo?
—Está bien, señor.
Él se retiró y, para cuando llegó el mediodía, ya que estaba demasiado lleno de trabajo, terminé yendo a almorzar solo.