Punto de vista de Blake
Mis compromisos restantes de la tarde se postergaron gracias a un retraso en un vuelo de parte del presidente de uno de mis socios comerciales, por lo que terminé por ir a buscar a Colin a la guardería a eso de las cinco, y los dos nos fuimos juntos a la casa de Ryan para recoger nuestras cosas.
Faltaban cuatro días, lo tenía más que apuntado, para saber si mi pequeñito era realmente mío, o si Amy también jugó conmigo en eso… Debía verla antes de que ese día llegara y lo sabía, pero… ¿de verdad podría enfrentarla?
¿Qué sentía por ella ahora mismo?
La amaba, claro que sí, la amaba como nunca amé a ninguna mujer, porque en realidad fue la primera chica de la que me enamoré con todas sus letras, a pesar de que lo nuestro no fue como en las películas, esa tontería del amor a primera vista; sin embargo, ¿qué gané con eso?
Ser tratado como basura, así de simple. Y ahora pagaba mis errores.
Una media hora después de que llegamos, escuché la puerta abrirse, y el chillido de Colin, que jugaba con sus camiones en la sala, me dijo de quién se trataba.
—¡Ío Ayaaan!
—¡Enanito! —exclamó Ryan.
Al asomar mi cabeza por el pasillo, lo descubrí cargándolo y jugando con él. Colin estalló en risas, y los dos se fundieron en una charla inentendible entre un hombre de treinta y dos y un nene de poco más de dos años, donde primaron las carcajadas y los mimos.
Mi hijo se llevaba bien con todos mis amigos, pero, tal como yo, parecía tener una conexión especial con Ryan, con quien se dejaba ser y hacer a placer.
No pude evitar sonreír y relajarme ante la escena, ante un Colin que chillaba y pedía «¡ota vez!» cuando el otro dejaba de hacerle cosquillas, y solo me detuve contra la pared, dejando correr la calidez en mi interior; y un sentimiento de comodidad y sosiego que conocía muy bien, y que solo había experimentado con él, me llenó.
Quizás era porque nos conocíamos desde siempre, no lo sé, pero Ryan era para mí como una extensión de mí mismo, un ser incondicional.
Tal vez debimos ser gemelos, o algo así; aunque, para ser sincero, agradecía que ese no fuera el caso.
Entonces, salí a la sala y, al verme, el rubio saludó, apretando al nene contra su pecho:
—¡Hey, llegaron temprano!
—Fue un día corto en el trabajo. Tuve que adelantar una reunión con Harrison, ¿lo recuerdas?
—¿El de los componentes eléctricos? —curioseó Ryan, bajando a Colin en el sofá.
—El mismo… —Resoplé con desgana.
—Y, ¿qué pasó con él? No te ves muy convencido.
—No exactamente, pero… siento como si estuviera encubriendo algo, mas no sé qué es, ni por qué lo hace. —Me encogí de hombros—. Tampoco puedo asegurar nada, puesto que la reunión no fue tan extensa, pero quiere un contrato a largo plazo.
—Wow, el señor quiere entrar a las ligas mayores —espetó el rubio y soltó la risa mientras ayudaba a mi hijo a sentarse—. Rara vez dan ustedes contratos así.
—En efecto. —Soplé y fui al sofá.
Me senté al lado de Colin, y él se tiró sobre mis muslos como si fuera una almohada.
—¡Papi, papi, tio Ayan coquillas! —exclamó el nene y lo miré sonriente—. Tío Ayan indo, ¿odemo ugar un poquito más?
«El tío Ryan es lindo, ¿podemos jugar un poquito más?», fue lo que dijo, y asentí. Preguntaba eso porque le anuncié en el auto que volveríamos a casa esa tarde.
Supongo que no quería irse tan pronto.
—Claro… pueden jugar más —contesté y sonreí, mirando al rubio.
—Podemos jugar todo lo que queramos, pero me estoy muriendo de hambre, así que primero preparemos la cena, ¿les parece?
Colin se sentó de vuelta en el sofá y exclamó:
—¡Comida, yo quelloooo!
Tras preparar filete para nosotros, y una versión más suave para Colin, con puré de papas, nos sentamos a la mesa a eso de las siete.
—Así que… ¿vas a volver a casa?
—Sí, creo que es lo mejor. Amy ya no está allá, y Colin no debe pasar tanto tiempo fuera de su comodidad.
Yo tenía el plato del niño entre manos, y le di una mezcla de puré y carne desmenuzada.
—¡Peddo vendemos a ugar despes! —clamó Colin con la boca medio llena.
Ryan soltó la carcajada y asintió.
—Pueden venir a jugar cuando quieran.
Luego de cenar, Colin y Ryan se pusieron a jugar con camioncitos, y yo bajé para dejar nuestras cosas en el auto. Al regreso, apenas cerrar la puerta, los ojos curiosos de mi mejor amigo me estudiaron con cuidado, y le dijo a mi hijo:
—Colin, dejé el televisor encendido para ti, ¿puedes ir a ver caricaturas un momento? Hay algo de lo que quiero hablar con tu papi.
El nene lo miró un par de segundos, asintió con la cabeza, tomó sus dos carritos, y casi corrió al cuarto en el que nos quedamos las dos pasadas noches, desde donde se oía el ruido de las comiquitas.
Me le acerqué y curioseé:
—¿De qué quieres hablar?
Él se levantó de suelo y, tras resoplar, cuestionó con voz seria:
—¿Ya decidiste qué harás con ella?
El aire se apretó en mis pulmones al segundo siguiente, y lo saqué en forma de respingo; todo mi buen ánimo murió y dije, apenas con ganas:
—No lo sé… Una parte de mi mente quiere divorciarse sin mirar atrás, pero la otra desea ir a buscarla, perdonarla y pretender que nada de esto sucedió.
—No puedes hacer eso —pronunció el otro con firmeza y cierta molestia.
Arrugué la cara y lo miré dudoso.
—¿Por qué tan directo? Es obvio lo que hizo, pero…
—Ella jugó contigo, Blake. Gil es otro asunto, él siempre ha sido un maldito, pero, ¿Amy? ¿No es ella tu Reina, la mujer por lo que lo darías todo? Te entregaste por completo a ella todo este tiempo y… ¿te paga de esta forma?
Ryan tenía razón, pero no pude evitar sentir que parecía regañarme, echarme en cara todo eso, por lo que apreté los labios y tragué con dureza justo cuando un ligero vacío invadió mis pensamientos.
—Lo sé… es solo que es difícil, Ryan. Es muy complicado pensar en esto, decidir de un día para otro. Ayer solo quería acabar con este matrimonio, divorciarme sin más, pero hoy…
—¿Piensas que, si Gil acepta y se va, no estará en su radar y las cosas serán normales? —espetó molesto y me miró con rudeza—. ¿Es en serio?
Él no necesitaba gritar para dar a entender que estaba molesto; solo tenía que ver en el fondo de su mirada, y cómo sus labios se tensaban de forma apenas visible, y las puntas de sus orejas se enrojecían.
Lo vi caminar a la cocina y servir dos vasos con jugo de naranja; al suyo le agregó algo de vodka, y extendió el otro para mí sin alcohol, pues sabía que debía manejar.
Tomándolo, reflexioné sobre sus palabras.
¿Estuvo en mi mente alguna vez ese pensamiento?
—¿De verdad pensaste en eso? —preguntó tras algunos segundos, mirándome directo a la cara.
Solo pude bajar la cabeza y soplar, admitir mi derrota y encogerme en mí mismo, porque sí, porque esa misma tarde en la empresa, después de golpear a Gil, me aseguré que podía hacer la vista gorda de todo este asunto si él se marchaba lejos y nos dejaba en paz.
Pero…
—Por favor, Blake, no me digas que en serio estás pensando perdonarla. Ella es una…
—¿Una qué? ¿Una zorra? ¿Es lo que ibas a decir? —interrumpí con potencia, y se me notó la molestia en el tono.
En un segundo, la pasividad del cuarto se cubrió de un halo de obstinación enorme que nos absorbió a los dos.
Ryan dio un par de pasos, hasta quedar frente a mí, alzó la cara y declaró con vehemencia:
—Sí. Es una maldita zorra, eso es exactamente lo que iba a decir. Y no puedo creer que un tipo como tú de verdad esté pensando en perdonarla.
La crudeza de su afirmación me tomó por sorpresa, pero no le desvié la mirada. ¿Por qué decía estas cosas? ¿Qué le daba el derecho de juzgar mis sentimientos?
—No lo entiendes, Ryan, no podrías entenderlo aunque quisieras —expliqué con la expresión un tanto oscurecida.
»Cuando amas a alguien, cuando de verdad amas a una persona con todo tu ser, serías capaz de dejarlo todo solo por él o ella, pero tú…
De repente, algo en el fondo de mi cabeza me dijo que callara ese arrebato furioso y pensara bien en lo que diría a continuación, porque podían ser palabras hirientes si no me sabía expresar bien, pero decidí no dar marcha atrás.
—Tú jamás amaste a Libi. Honestamente, ni siquiera sé por qué le pediste matrimonio —espeté rápido, certero y mortal, sin ninguna clase de cuidado.
El rubio frente a mí abrió los ojos de par en par, y vi el dolor reflejarse en sus orbes azules. Tragó con dureza, y la decepción y una pizca de desesperación lo llenaron.
—¡Por supuesto que no la amaba, por eso la dejé, por eso se fue lejos, pero… ¿de verdad piensas que no sé lo que se siente amar a alguien con todo el corazón?! —bramó rabioso Ryan y dio un paso al frente.
Las entrañas se me crisparon al escuchar ese matiz opaco de su tono, y la tensión se hizo más espesa y dominante.
Mi cabeza abandonó todo ápice de raciocinio, y me dejé guiar por mis instintos.
Grave error.
—Solo digo lo que veo. —A pesar de que una vocecita me gritaba que me callara, no le hice caso—. Nunca saliste con nadie por demasiado tiempo, y hasta diría que solo estuviste con esas chicas por necesidad, pero jamás te enamoraste de ninguna de ellas.
Me refería a las necesidades que todo adolescente promedio tiene en la pubertad; es decir, tener se.xo.
—Te conozco. No sé si buscabas engañarte a ti mismo, pero nunca has sentido algo ni remotamente similar a lo que yo siento por Amy.
—¡Ah, por favor! ¡No me digas que jamás he amado a nadie, porque no lo sabes! —gritó el otro de golpe.
Arrugué la cara.
—Conozco cada parte de ti, ¿cómo no podría saberlo?
Lo seco de mi tono hizo rabiar a Ryan, cuyo rostro enrojeció, y gritó:
—¡No lo sabes todo sobre mí, Blake!, ¿acaso piensas que no tenemos secretos incluso entre nosotros? ¡Hasta tú los tienes!
—Pero no en esto. —Le planté cara—. ¿Crees que no me habría dado cuenta si de verdad te hubieses enamorado de alguien? Eso no es algo que se pueda ocultar, Ryan, así que solo déjalo. No tienes ni idea de cómo me siento.
La ofensa pintó su expresión, y volteó, para dejar el vaso sobre la encimera de la isla. Un zumbido rebotó en mi cabeza, y mi voz de la razón me recriminó que era el maldito más idiota sobre la faz de la Tierra.
Entonces, de la nada, él vino hacia mí y me tomó con las dos manos de la camisa, con fuerza.
Mis instintos se activaron al instante, y por un segundo pensé que me golpearía; sin embargo, antes de que pudiera hacer o decir nada, cortó toda distancia entre nosotros y… me besó.
Abrí los ojos de par en par apenas sentirlo, y la mente se me quedó en blanco.
Qué… ¿por qué? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué era ese calor sobre mis labios, y la presión en mi pecho?
El mundo perdió su enfoque en ese segundo, y todos mis problemas y preocupaciones fueron tapados por su tacto.
Mi corazón brincó, incontrolable y enardecido, y pensé que desaparecería en ese mismo instante, al percibir el ligero movimiento de sus labios sobre los míos. El calor abandonó mi cuerpo y solo me quedé ahí y, cuando se alejó, no pude hacer más que mirarlo con la boca abierta.
—Sé lo que se siente amar a alguien, sé lo que se siente sufrir por alguien a quien amas tanto que no puedes dejarlo ir, aunque esa persona se case con otro y tenga su propia familia, así que no digas tonterías —espetó con fuerza Ryan.
Su voz resonó con molestia, lo que hizo estrujar mi interior y, al contemplar sus ojos enardecidos, palidecí más que antes.
¿Él…?
—Tú… ¿de mí? —pronuncié apenas con claridad.
¿Ryan estaba enamorado de mí? ¿Era eso lo que quería decir?
—¿Desde cuándo?
—Desde siempre —declaró con firmeza—. Desde que supe quién era yo y quién eras tú, o incluso antes de eso… no lo sé. La cosa es que, maldición…
Resopló con fuerza y me miró por un segundo. Yo me encontraba en blanco, tan en blanco que no podía procesar sus palabras con claridad…
El arrepentimiento bordeó su mirada, y musitó:
—Lo siento… Blake, lo siento…
Tragué una y otra vez, y un estallido doloroso me llenó. ¿Tenía que responder? ¿Tenía que decir algo, a pesar de que acababa de ser tomado por completo fuera de base?
—Yo… me voy. Tengo que irme.
Huir, poner distancia, era lo que necesitaba ahora mismo.
Me alejé de él y fui directo a la habitación donde Colin veía televisión, lo tomé junto a sus juguetes y salimos de allí.
—¡Ayoos, tío Ayaan! —chilló Colin antes de desaparecer por el pasillo.
Llaves en mano, entré al ascensor y, para ser sincero, ignoré todo lo que Colin me dijo o hizo, solo tuve mente para presionar el botón al sótano, salir de la caja cuando llegamos y caminar directo a mi auto.
En eso, otro carro llegó al aparcadero y, a pesar de que no lo había visto, un par más de personas que conocía bien me miraron con curiosidad.
—¡Blake, oye, ¿ya te vas?!
Ese fue Wyatt, a quien apenas vi y saludé con la mano.
—Sí, yo… tengo otras cosas que hacer. Hablamos luego —contesté a tientas.
Sin esperar por los saludos o las palabras de nadie más, aseguré a Colin en su asiento de bebés en la parte de atrás, me metí al carro, encendí el motor y salí de ahí.