Cuando Aimée se dirigió hacia la puerta, Alessandro la agarró del brazo con fuerza y tiró de ella hacia atrás. —¿Qué fue eso exactamente? —le preguntó él, su expresión atronadora. —Música, chérie —respondió ella con su habitual ligereza coqueta. —No. Sabes a lo que me refiero. ¿Por qué te lanzabas contra el marido de mi nieta? —La sacudió. —Solo estaba tocando. No me importa en lo más mínimo el señor Bennett. —Ella entrelazó sus brazos alrededor del cuello de Alessandro, tratando de distraerlo de su ira. —Entonces, ¿por qué demonios estabas coqueteando con él? —Su agarre en su brazo se apretó con una fuerza contundente, y tiró de ella lejos de él—. Me avergonzaste. Todo el mundo sabe que soy tu protector, Aimée. Intentó aplacarlo acariciando su mejilla. —No, no te enojes, chérie. No

