Capítulo 6 "Infancia"

1533 Palabras
Azure me pidió para quedarse en el apartamento que antes compartíamos, llevaba demasiado tiempo sin poner un pie en aquel sitio, sinceramente siempre seguí pagando la renta, ya que no es demasiado caro y a final de cuentas tengo muchos recuerdos en aquel sitio que no quisiera perder. Le dije por supuesto que podría quedarse el tiempo que viera necesario, aunque claramente ella me dijo que solamente sería hasta que encuentre un sitio adecuado para las tres, puesto que el apartamento es demasiado pequeño para dos niñas que están en etapa de crecimiento. En cuanto entramos al apartamento me encontré con un millón de recuerdos, me apareció en la mente, sobre todo los momentos que viví junto a Azure, no pude evitar que un nudo se alojara en mi garganta. A veces me pongo a pensar en que es verdaderamente difícil aceptar que las cosas cambian, se me hace complicado entender por qué los momentos que en alguna circunstancia de la vida te parecen tan felices de un momento para otro pueden parecer tan tristes y terminar hundiéndote en la miseria. Azure, una mujer tan hermosa, tan talentosa, tan amable, tan maravillosa en todos los aspectos, una mujer valiente, una mujer que siempre lo da todo, verla ahora nuevamente luchando, hace que todos los sentimientos que tengo desde antes solamente aumenten y me duele. Dejé las maletas en la habitación, ella estaba allí parada mirando todo a su alrededor y las niñas no dudaron en sentarse en el viejo rincón, nuestro lugar seguro, se sentaron y tomaron uno de los libros de la estantería. Las miré con una ancha sonrisa sobre los labios, no hay nada que me haga más feliz que verlas allí, sobre todo porque sé que ahora será su sitio, el sitio donde van a crear hermosos recuerdos y me siento orgulloso de haber conservado el apartamento, para que al menos un lapso breve de sus vidas quede impregnado aquí. —¿Tenemos demasiados recuerdos aquí verdad? —preguntó Azure en ese tono amargo. —Los mejores recuerdos de mi vida, pasamos tantas noches, tantos días, tantas tardes, tan maravillosos, todos reunidos que solamente pensar en ello me hace demasiado feliz —aspiré el aire como si pudiese traer aquel olor los recuerdos nuevamente. Me empezaron a llegar recuerdos a la mente, las risas parecieron volver de los recuerdos y volverse tan lucidos, siempre que Azure estaba a mi lado, incluso en los peores momentos todo se volvía mucho mejor. Ella ha estado a mi lado en los peores momentos y cuando digo en los peores me refiero a los peores sin duda alguna. Azure me acompañó en las peores amarguras familiares, me acuerdo bien, cuando mi madre me trataba con tanto odio, ese odio profundo que se desliza debajo de tu piel, que te estruja el corazón y que te inmoviliza, porque no sabes qué hacer con tanto. Respiré profundo cuando esos recuerdos regresaron a mi mente, por supuesto aún son como navajas que cada vez que llegan a mi memoria me abren las heridas, no me puedo olvidar de las cosas que sufrí, ni siquiera lo intento a estas alturas. Mi madre, sin duda, como debería de ser para todas las personas, fue de las más importantes del mundo, pero ella, tanto como mi padre decidieron hacer de mi vida un infierno, otra razón por la cual en su momento yo no pude dejar a Azure sola. Los días siempre eran una tortura, pero siempre lograba escaparme, me desaparecía todo el día, estar en cualquier sitio que no fuera mi casa, sin duda se veía como una opción demasiado tentadora. Me cuesta pensar en ocasiones que mi madre no me quería, porque ningún hijo quiere creer que sus padres no lo quieren, mucho menos cuando se trata de una madre, las madres fueron diseñadas para proteger a sus hijos, para cuidarlos, para que ser escudos de todo eso que quiere dañarlos. Mi madre era todo lo contrario, una mujer adicta al juego, que se gastaba todo el dinero que llegaba a sus manos en casinos clandestinos, que estaba hasta las manos, pero que como todo adicto no sabía cuando detenerse. La frustración que cargaba siempre caía en mis hombros, me gustaría que fuera todo una simple pesadilla, pero no, la realidad es que siempre fue así, llegaba a casa con los bolsillos vacíos, me miraba dormido en mi cama, había muchas ocasiones en las que incluso sentía su mirada en mi nuca. A veces despertaba y ella estaba sentada en una silla, con un cigarrillo encendido, mirándome en pleno silencio. Luego llegaba la parte horrible, la parte en la cual se desquitaba de mí, que me miraba a los ojos, y me decía cuanto le había arruinado su vida, mientras que me golpeaba hasta que dejaba de moverme. Nunca llegó a hacerme tanto daño como para que tuviera que terminar en un hospital, pero generó tanto dolor dentro de mí, que en ocasiones cuando la veía llegar las piernas me temblaban, me dolía siempre todo el cuerpo y en ocasiones sentarme en las bancas se volvía una tarea realmente imposible. Mi padre, de ese ser, era mejor no hablar, quizá el que mi madre fuera de ese modo se debía un poco a él, que cada vez que bebía la golpeaba, era una cadena de desquite y por eso mismo ya no quería estar en la casa. Cuando estaba pequeño llegué a pensar que el mundo sería mucho mejor si yo no formara parte de él, pero luego llegó Azure, que se mudó a la casa conjunta, la vi la primera vez, jugando con Freddy y enseñándolo a que pateara el balón. Su sonrisa siempre era contagiosa, siempre estaba tan feliz que te era imposible no sonreír con ella, incluso cuando las discusiones entre sus padres comenzaron, ella siempre estaba sumergida en un mundo de fortaleza, un mundo en el que siempre había lugar para alguien más. Ella era la protectora de Freddy, nunca se podía permitir estar débil, porque si lo hacía entonces le estaría fallando a él. Me atreví a no permitirme ser débil, gracias a que ella estuvo formando parte de mi vida, gracias a que no me soltó la mano, gracias a ella aprendí a sobrellevar el infierno que también fue mi infancia, me enseño como ser un niño menos vulnerable, me enseñó que mi vida también es valiosa. Aunque hoy en día es al revés, Azure siempre se muestre tan vulnerable, eso no era así cuando éramos pequeños, pero ahora aprecio un poco más el que muestre sus verdaderas emociones, que deje ver que no es un robot, sino que es una chica que también tiene grandes emociones. La vida me enseñó que nada está perdido, que todos podemos salir adelante si nos proponemos hacerlo, me lo enseñó cuando Azure comenzó a formar parte de mi vida, es por eso que nosotros somos tan unidos, porque de niños fuimos el refugio, el uno del otro, solíamos escapar a un pequeño parque cercano que pocos años después en nuestra adolescencia fue clausurado, porque se juntaban los pandilleros y lastimaron a un niño. Sin embargo, mi infancia fue un poco menos desagradable desde que Azure formó parte de mi vida, estoy agradecido de que ella hubiera llegado de la nada para acompañarme en el duro proceso hasta que fui lo suficientemente adulto como para independizarme. —Archer, muchas gracias por hacer todo esto por mí, no sé qué sería de nosotras si no estuvieras —dice con una media sonrisa amarga. —No me tienes que agradecer nada Azure, yo lo hago de todo corazón, como tantas veces tú fuiste mi apoyo, ahora yo seré tu apoyo siempre. Luego de que la ayudara a instalarse decidí que lo mejor era darle su espacio, volver de la nada a estar todo el tiempo juntos tampoco es demasiado conveniente, así que me fui a mi apartamento, para darme un baño y poder descansar. Cuando llegué me encontré con que en la puerta de mi apartamento estaba sentada Marián, que colocó una sonrisa desbordada de tristeza sobre sus labios cuando me vio, se levantó del suelo y vino directo a abrazarme. —Creí que me buscarías, que te haría tanta falta como tú me habías hecho falta a mí —ocultó su rostro en mi pecho— ¿Por qué Archer, por qué no puedes quererme como te quiero? Podríamos haber tenido un futuro maravilloso, yo si te hubiera dado hijos, te hubiera dado una familia, yo soñaba con todas esas cosas juntos. —Uno no elige a quien ama Marián, no hay nada que yo quisiera más que estar contigo, amarte como creo que te mereces que te ame, pero no puedo engañarme con respecto a mis sentimientos, no te amo Marián, no puedo obligarme. —Acher, eres demasiado cruel —pronunció en un hilo de voz. Me dio un pequeño golpe en el pecho, la entendía, juro por todo lo sagrado que no hay nadie que la entienda mejor que yo, pero no puedo mentirle, no quiero hacerlo, no quiero crear falsas expectativas que un día terminarán ocasionando su peor sufrimiento, el golpe de la realidad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR