Capítulo 7 "Vacaciones"

1536 Palabras
Me desperté con la camiseta empapada en sudor, había tenido una pesadilla, una donde Ezra estaba junto a Melián y su hijo, nos veían a la distancia, se reían de nosotras y festejaban, como si aquello fuera un motivo para hacerlo. En la pesadilla Ezra no era más que un villano, uno que dejaba de querer a sus hijas, había estado hablando de los problemas de mi relación con la terapeuta, sí desde aquel incidente con Erick decidí comenzar a tomar terapia, pero nunca quise dejar de hacerlo, después de todo me ayudó a entender muchos ámbitos de mi vida. Ahora mismo pienso que estoy viendo a Ezra como el villano a causa de mis miedos, me estoy dejando consumir por ellos, pero es normal que lo haga, después de todo él ha sido el culpable, de que yo me haya enamorado de más, me creó falsas ilusiones, me hizo creer que él me amaba del mismo modo, que él me veía con los mismos ojos. No entiendo por qué decidió creer en esa carta, no entiendo por qué eligió eso por encima de nuestra felicidad, conocí de Melián demasiado poco, pero de lo poco que llegué a conocer nunca la vi como una cobarde, en mi opinión nunca se hubiera refugiado en otro sitio, nunca le hubiera hecho creer a Ezra que su hijo murió, nunca le hubiera ocasionado sufrimiento. ¿Qué era lo que ella ganaba haciéndole creer todo esto? No creo que haya una razón válida, tampoco entiendo como Ezra podría perdonarle todo el sufrimiento ocasionado, porque después de todo no es tan sencillo perdonar algo como eso, no es fácil perdonar una traición. Una razón más para seguir mi instinto, que no deja de gritarme que él la sigue amando, solamente una persona que ama demasiado sería capaz de perdonar tal cosa. Me levanté de la cama y me metí derecho al baño para darme una ducha, estaba sumergida bajo el agua cuando de repente escuché el picaporte girar, vi entrar al baño a Cloe que se frotaba los ojos aún adormilada. Me quedé petrificada algunos momentos, la vi bajar sus pantalones y sentarse en el inodoro como si no hubiera visto que estaba allí. —¿Qué es lo que te sucede cariño? —le pregunté ante su repentino entrar. Cloe no es una niña que suele invadir el espacio ajeno, ella normalmente solo entra al baño cuando se trata de una emergencia, normalmente se suele aguantar hasta que uno termina de ducharse. —Nada, solamente que necesitaba utilizar el baño con urgencia, creo que estabas demasiado metida en tus pensamientos, he golpeado varias veces —hizo una mueca— Lo lamento. Me quedo pasmada ante sus palabras porque no la escuche, no sentí absolutamente nada. Entonces me salgo de la ducha, me inclino ante ella que me queda mirando como si me viera completamente extraña. —Cloe, segura que no te sucede nada —vuelvo a insistir. —En realidad extraña vivir con papá, este lugar es bonito, no te voy a engañar, pero extraño estar con papá, que me ayude con las tareas, que me dé mi beso antes de dormir, que me invente historias. —Lo siento cariño, sé que esto puede ser un poco duro ahora, pero tendrás otros días para verlo de eso, estoy muy segura —le alboroto el flequillo Mis palabras se quedan un poco flojas en mi mente, la realidad es que no quería que esto siguiera afectando a mis hijas, pero tampoco tenía grandes alternativas, aun con Ezra no terminábamos de acordar que días las niñas estarían con él, pero de todos modos lo que ahora mismo no sé como controlar es lo que me causa ver que ellas no terminan de asimilarlo, se me hace muy difícil. En cuanto pasamos a la habitación volví a meterla a la cama, al menos de momento tenemos que compartir la misma cama, estuve viendo algunos apartamentos en línea, pero ninguno va acorde con lo que estoy buscando, quiero algo sencillo, algo que sea cómodo, pero también que tenga el espacio suficiente para que las niñas tengan su propia habitación. No es una tarea fácil buscar un apartamento adecuado, en una zona que no sea peligroso, que vaya acorde a mi economía, que sea de mi gusto, son muchos factores. Me volví a quedar dormida, hasta que de repente sonó mi celular, miré la pantalla para darme cuenta de que me había quedado dormida y era Owen. De repente volvió a mi mente el recuerdo de la casa de Ezra, Owen, el que veía como lo más cercano a un padre había estado allí, para darme su apoyo. No voy a negarlo, fue un momento bastante doloroso, ambos nos abrazamos, me dejé derrumbar y aunque vi la mirada de odio hacia Ezra no era lo que realmente deseaba ocasionar. Ambos siempre han sido demasiado unidos, ver como Owen lo veía como si estuviera cometiendo el peor error de su vida, ver como lo juzgaba con la mirada y como Ezra se abatía por lo mismo, me dejaba un sabor amargo, nunca fue realmente mi intención ocasionar una fisura entre ambos. Owen me pidió que me fuera a la mansión, que pasara allí un tiempo, que diera un espacio entre ambos para que pudiéramos extrañarnos, para que la situación se enfriara y si luego seguía pensando en la posibilidad de una separación definitiva, él me apoyaría. Pero la idea de quedarme en la mansión no me pareció del todo buena, los recuerdos de aquel sitio no terminan de ser agradable, sin contar que necesito un espacio donde Ezra no pueda aparecer a cualquier hora con una excusa de por medio, no quiero de momento tener que verle la cara, es lo mejor para mi bienestar. A regañadientes Owen aceptó la decisión que tomé de quedarme en este apartamento, al menos de momento, Ezra por su parte insistió en que me quedara con aquella casa, la misma que había comprado para las niñas y que había colocado a su nombre el día que habían cumplido su primer año, pero mi respuesta fue rotunda. Esa casa sería de mis hijas el día de mañana y agradecía que tuvieran un hogar seguro, un techo que nunca les faltaría, pero no quería ocuparlo, no porque no quiero tener nuevamente ningún tipo de contacto temporal con Ezra. También podría haber decidido ir a vivir con mi madre y con Freddy, ellos se mudaron hace un par de meses del apartamento que es de Ezra, pero no quiero que ellos me vean destrozada, no quiero que empiecen a guardar rencor hacia Ezra, o que se sientan divididos, porque sé que ambos le tienen mucho cariño ante lo sucedido. Tomé la llamada al fin, para saber que era lo que Owen me quería decir, aunque seguramente me regañaría por no estar ya en el trabajo, ya que tenemos bastantes proyectos a medias que no deberían de verse paralizados ni retrasados. —Querida —una media sonrisa forzada apareció en sus labios— Siento llamarte… —Me he quedado dormida —suelto un suspiro frotando mi frente— Enseguida voy a levantarme, dejaré de pasada a las niñas en el colegio y voy enseguida. —No será necesario, ya informé que te tomarás unas vacaciones temporales —comenta con severidad— Sé que ahora mismo no te apetece ver a mi hijo, no tienes que venir, lo he visto esperándote, prefiero que te tomes tu tiempo para pensar las cosas con calma, no te preocupes por nada, tu salario continuará igual y los proyectos se verán pausados. Un nudo se formó en mi garganta al escuchar que Ezra me esperaba, pero traté de diluir el pensamiento en mi mente para centrarme en lo verdaderamente importante, el trabajo… —Pero, señor, no podemos dejar los proyectos pausados, hay algunos que usted dijo qu… No me permitió continuar hablando, negó con rapidez. —De ningún modo permitiré que continúes, tomate un respiro de todo Azure, quiero ver de nuevo tu mirada brillando, quiero volver a ver tu felicidad de antes, con o sin mi hijo. De repente el timbre sonó, mi ceño se arrugó y una sonrisa apareció en los labios de Owen. —Un par de tías desesperadas por sus sobrinas deben estar en tu puerta, se las van a llevar por un par de días, espero que no te moleste el atrevimiento que me he tomado, pero necesitas tiempo para ti, te quiero ver renovada Azure y no quiero excusas de por medio —sentenció y antes de que pudiera quejarme cortó la llamada. Me quedé unos momentos inmóvil en la cama, entonces cuando el timbre sonó por segunda vez mis hijas abrieron los ojos y mientras se frotaban los mismos, me dispuse a ir a abrirles, no se rendirían. Cuando abrí la puerta, para mi gran sorpresa, no me encontré con un par de mujeres enérgicas, por el contrario, las encontré abatidas, con culpabilidad en el rostro y me crucé de brazos. —De ninguna manera, no espero que estén aquí para sentir pena por mí, por favor quiero ver rostros sonrientes, quiero ver felicidad —les pedí en un tono de súplica.
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