Me sentía como si todo eso fuera un sueño, de esos que no quieres despertar jamás, tener nuevamente a Azure entre mis brazos, poder tocarla con la libertad de saber que esta vez no había salido de mis labios la petición, poder sentirla sin la duda de si esto estaba siendo igual de genuino para ella, no tiene precio. Me había resignado a ser simplemente su mejor amigo, a ocultar mis sentimientos, o al menos a intentarlo, porque no ha sido tarea fácil mantenerlos controlados, cuando lo único que deseo es hacerla la mujer más feliz del mundo, que no exista ni un día en el que no se sienta amada. El sabor de sus labios no había cambiado, seguía siendo dulce, sus labios tibios, carnosos, apetecibles. Estaba perdido en aquel limbo que es poder besarla, cuando de repente empecé a escuchar algo

