Me llevó al borde. No quiero justificarme pero me tenía cansado con su discurso de siempre. Sus celos absurdos. No ha cambiado nada, solo admitió que me ama y yo también la amo, pienso mientras camino hacia el helicóptero, la brisa y el ruido en medio de la noche no me pueden resultar más triste. Mi loca Laura, mira que organizar una fiesta, contratar a Alec para llevarme hacía ella cuando lo único que tenía que haber hecho era levantar el teléfono y decirme que me quería. No tenía que gastar dinero, ni suplicar. —¡James! Fue muy bueno verte. Que estés bien—me despide Ernesto. —Adios Ernesto. Gracias. Saluda a Don Aurelio, me tentaron toda la noche con verlo pero no lo ví. —Sabaes que no sale de casa. Si quieres paras allí. Hay intrucción de que hagas con el helicóptero lo que quieras

