Capítulo 9, Eres una vil ladrona.

1240 Palabras
—Nico, Nico, no te imaginas lo que me acaba de pasar… venía en el bus, hoy fue un día horrible en la empresa y de verdad vengo muy cansada, paso lo que me dijiste que no hiciera. —¿¡Te dormiste!? —Si, Pero creo que fue solo unos minutos, o sea no habían más puestos libres, me senté a lado de una mujer mayor, de unos cuarenta y tantos años, olía a farmacia y su rostro era de una mujer brava y malvada, aunque creí que era buena gente. —¡Ay no!, ¿qué ocurrió?—Nicolas se rascaba la frente. —Bueno me dormí y cuando desperté, la mujer se veía nerviosa, me miraba de reojo, actuaba muy extraño, sospeche que había hecho algo malo y metí mi mano en el bolso y no tenía mi cartera, la muy desgraciada robó mi cartera, pero… —¿¡Tu cartera!?—preguntó sorprendido el chico. —Si, con todas mis cosas personales. Mira agarre el cortauñas y se lo puse en las costillas y la miré con ojos de loca y le hable entre dientes y le dije ¡Maldita desgraciada, dame la cartera, rápido, rápido!. Creíste que te ibas a ir ilesa de aquí, pues no, soy una mujer brava y no te tengo miedo, así que ¡dame la cartera!. Aurora hacía muecas cómicas y esto ocasionó que Nicolás se carcajeara sin parar. —No te rías Nico, fue el momento más tenso de mi vida. Yo estaba asustada, pero me llené de valor, Nico no te rías de mi. —No, no me río de ti—conteniendo un poco la risa— dime ¿Qué hizo la mujer? —preguntó Nico entre risas, limpiándose las lágrimas. —Bueno que crees con la cara de loca que le puse, la ladrona esa me devolvió la cartera y como ya estaba en mi parada me bajé y caminé muy rápido hasta que llegué aquí. Todo esto que te cuento está fresquito, fresquito, me acaba de pasar, mira como me tiemblan mis manos. Ella mostró sus manos para que Nico viera como estaban temblorosas, seguía eufórica contando su hazaña y Nicolás lloraba de la risa, ella no entendía que ocurría, pero también reía. El chico tuvo que tomar agua para calmar su crisis. —Aurora definitivamente tú estás loca. Eres una mujer muy extremista e impulsiva. —Pero loca ¿por qué? Por defenderme, pues se creyó que iba a robarme y no me deje, impulsiva tal vez, pero no me voy a dejar de nadie. Ella hacía un bailecito de celebración y Nicolás se acerca a la mesa y le dice. —Aurora debes ser más atenta mira—mostró la cartera de la chica que estaba sobre la mesa—La dejaste esta mañana. Aurora dejó de reír y de bailar, su rostro se desencajó por completo, estaba más pálida que una hoja de papel y comenzó a sudar frío. —Nooo ¿Estás bromeando Nicolás?. Esa señora me devolvió mi cartera aquí está. En efecto las dos carteras eran idénticas. —Aurora está mañana cuando saliste dejaste tu cartera en la mesa, me di cuenta al rato y te envié un mensaje, te llamé y nunca respondiste, Fermín sí me dijo que estabas muy ocupada, entonces no seguí insistiendo. En pocas palabras eres una vil ladrona. Nicolás seguía riendo. Le parecía algo tan único lo que había pasado. Aurora por estar emocionada con su trabajo y las ganas que tiene de mostrar su proyecto salió tan apurada que no se percató de su cartera en la mesa. —No, no, no, Nicolás no puede ser, soy una ladrona ¡ay Dios mío! soy una ladrona. —Sí y de armas tomar. Con esas caras que le pusiste a la pobre mujer debió tener mucho miedo. Creyó que eras una carterista. Aurora se sentó y revisó la cartera que le pasó Nicolás y luego la que ella había robado. —Ay no, Nicolás me siento terrible—pasaba sus manos por la frente. comenzó a sacar las tarjetas de identificación y se sorprendió al ver qué era una mujer trabajadora, enfermera de un hospital pediátrico y del área de neonatología. Tal vez por eso sus ojeras, y su rostro cansado. Después de reír y bailar por su supuesta hazaña, comenzó a llorar. Se sentía muy mal, había robado a una persona trabajadora y de un área tan importante. Lo que más le dolía es que su madre fue enfermera. —¡Me siento terrible!—colocaba su manos en su rostro. —Después que matas al tigre le tienes miedo al cuero. eres una ladroncita. —No me digas así, no quería hacerlo. —Bueno señora ladrona ¿qué piensas hacer? —Nico no me digas así, no lo sé, me siento tan mal con esto, si la llamo va a creer que la quiero extorsionar o secuestrar. Después de lo que le dije, siento tanta vergüenza—Aurora estaba más colorada de lo que ya es. — No, no te preocupes, mañana te acompaño a devolverlo por lo menos sabemos donde trabaja. Aurora seguía llorando de manera desconsolada y Nicolás sentía que la situación le había afectado se acercó a ella y le acarició la espalda. —Tranquila Aurora, mañana lo solventamos, no te preocupes de seguro lo va a entender— la tomó del brazo y la atrajo hacia él para darle un abrazo. Un abrazo incómodo por la silla de ruedas así que él, la jaló y la sentó en sus piernas para mejorar la situación con un abrazo cálido y fuerte. Ella siguió llorando por un rato más sobre Nicolás hasta que se calmó, el chico estaba embriagado por el olor del cabello de la chica, inclusive aprovechó de acariciarlo, no pudo evitar una serie de sensaciones y emociones al permitir ese contacto con Aurora. —Se que no eres una mala chica así que mañana esa mujer también lo percibirá, no te preocupes por lo que piense tu háblale con la verdad, todo fue un malentendido. Ella solo asentía, pero seguía aferrada a él, ese abrazo lo necesitaba hacía mucho tiempo, se sentía resguardada y protegida, Nicolás era un hombre muy delicado con ella, se podía sentir tanta suavidad en sus palabras. Ella se separó de él y limpió su rostro. —Gracias Nico, de verdad necesitaba ese abrazo. El sonreía al verla tan tierna limpiándose las mejillas. —Ya no te limpies tanto el rostro que vas a quitarte el maquillaje y tus pecas falsas. Ella comenzó a reír, le pareció gracioso lo que dijo Nicolás. —Ja, ja, ja,¡ pecas falsas! Jamás se me borrarán. —Eso espero porque son hermosas. En ese momento tan cerca, ella seguía sentada en la piernas de él y sus miradas se cruzaron. Nicolás pensó que Aurora es tan hermosa que hasta llorando se ve increíble, aún con maquillaje regado y ojos enrojecidos por tanto llorar. El chico se atrevió a acariciar el cabello, llevó un mechón detrás de la oreja y con su pulgar acarició la mejilla, la miró fijamente y detalló cada fracción de su rostro, provocando unas ganas enormes de besarla. Hizo un poco de fuerza y la atrajo hacia él, juntando sus labios suavemente, Aurora respondió al beso, lo que empezó como algo suave e inocente se intensificó convirtiéndose en un beso candente y apasionado.
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