Dios es una idealización de lo que queremos para dar una explicación a todas las cosas que no la tienen…
A veces es Jehová, otras Zeus, para otros Odin e incluso Ra. En sus diversos nombres ese dios o dioses son una fuente de esperanza y a veces una respuesta.
Yo…
Por Brianna Matthews
Camino por un pasillo de luces y sombras, no hay dolor y menos miedo, me llevo el corazón llenito del amor de mi esposo, mis hijos y de todos aquellos que conocí en mi corta vida. Mi despedida fue dulce, feliz, con mis seres queridos a mi lado y aunque tenía miedo, el calor del abrazo de mi esposo me sirvió para por fin decir adiós, sin temor, sin rencor, una despedida limpia y necesaria.
Me he preguntado por qué ese día no hice las cosas distinto, pero no puedo darme vueltas en eso, la luz me llama y aunque me duele dejarlos, sé que Rubén lo hará bien con mis niños.
Sé que le dolerá, pero también sé que ellos son fuertes y lograrán salir adelante.
Sigo caminando por el camino que me lleva a la luz, pero hay algo que me detiene, una voz…
“Puede que esto sea lo mejor…”
Escucho de nuevo esa voz, en ella hay más que dolor, hay desesperanza y no sé porqué lo hago, mis pasos cambian su ruta y me encuentro en el techo del hospital y ahí la veo.
—Clara Santillán…
Susurro y siento que mi cuerpo o lo que sea que sea ahora me lleva hasta ella. Se encuentra de pie en la cornisa del edificio con sus brazos extendidos y ahí lo entiendo. Ella se quiere suicidar…
—¡No lo hagas! – mi voz es fuerte y clara, pero ella no me mira, solo niega, por lo que me atrevo a hablarle nuevamente—. Aún tienes tiempo de enmendar tus errores y yo te ayudaré.
—Déjame, ya no valgo nada—se da el impulso y veo como su cuerpo está a punto de soltarse de la cornisa.
— Si no lo haces por ti, hazlo por mí…
Siento el vértigo y el viento que nos rodea como si nos arrastrara hasta la inminente caída, pero no me detengo.
No entiendo cómo es que estoy sosteniendo su cuerpo y con toda la fuerza que me queda la obligo a desistir y ambas caemos al piso.
Veo como ella me busca y me llama, pero estoy a su lado, le hablo y no pasa nada, ella no me ve y, ahora, tampoco me escucha.
Creo que hice mi buena acción antes de partir, cuando la veo entrar nuevamente al edificio, por lo que miro al cielo y busco mi camino, pero no lo veo.
—Bien hecho, querida—miro hacia todos lados y solo siento la brisa que me susurra.
—¿Me hablan desde las nubes?
—La verdad es que ya eres parte del universo, querida Brianna, pero al haber hecho esto te saliste de tu camino, solo por un poquito...
La voz se acerca a mí y por fin lo veo, es un hombre en traje n***o con un sombrero de ala ancha, sus ojos son verde esmeralda y su cabello igual de blanco que su piel.
—¿Quién eres?
—Depende de las creencias de cada persona, para algunos soy la parca, para otros la muerte y para ti puedo ser un buen amigo, si me lo permites.
—Entonces, buen amigo ¿Qué es lo que sigue ahora?
—Tienes que ayudarme, Brianna.
—¿Por qué?
—Porque interferiste con la partida de esa chica.
—E…ella también debía…
—¿Morir?—completa la frase que no salía de mi boca.
—Eso... Sí…
—Puede que sí, puede que no…
—¿Eres así de críptico siempre?
—Hace mucho que no pasaba por una situación así, por lo que no lo sé ¿Lo soy Brianna?
—Eres extraño, pero me caes bien y como dices que yo me metí en medio de tu trabajo pues dime qué debo hacer para solucionarlo. Me gustaría hacerlo, ella es una buena chica.
—Ayúdame a que ella realmente no flaquee.
—Pues, vamos.
—¡No! Hoy no—me detiene y veo en sus ojos preocupación—. Ella, por el momento está bien, pero tenemos que monitorearla.
—Conozco a la señorita Santillán, así que puede que sea fácil.
—Me parece ¿Quieres comer algo?
—Las almas en pena tenemos derecho a comer.
—¡Oye!—se ríe de mí —. Claro que sí, ven te mostraré el lugar de donde yo vengo y dónde conseguiremos una rica comida.
Seguí a ese hombre qué, aunque se ve un tanto tenebroso, no me provoca miedo, más bien paz.
Al llegar a una puerta blanca, él, como todo un caballero la abrió y me indicó pasar.
—Muchas gracias.
—De nada, señorita.
—Señora, ¿O eso cambia a dónde sea que vaya?
—Aquí eres solo Brianna, querida.
—Ya veo. A propósito ¿Cómo te llamas?
—No lo sé, nadie lo sabe o si alguien lo supo ya está en las nieblas del pasado.
—Wow, este negocio es extraño.
Nuevamente, me sonríe y me indica que lo siga.
Seguimos caminando y alrededor nuestro veo a muchas personas como él, vestidas de n***o impoluto, sus pieles casi de papel y esos orbes centellantes en diferentes colores.
Entramos en un lugar que parecía un gran comedor, buscamos una mesa y nos sentamos. Él, con una tranquilidad enorme me extiende su mano y yo la tomo, es suave y tibia, lo que me sorprende y él lo nota.
—La forma de pedir aquí es sencilla—voltea mi mano y presiona levemente la mesa, ahí se despliega algo parecido a un menú y veo que están mis comidas favoritas.
—¡Santa mierda tecnológica!
—¡Bri!
Sus ojos destellan y una sonora carcajada sale desde su garganta que me hace seguirlo.
—Eres demasiado simpático señor… mmm buscaré un nombre para ti , no puedo decirte Parca, es feito.
—Bueno, bueno, pero antes que me busques un nombre, comamos. Te lo mereces por salvar una vida. Aunque nadie te lo pidió.
—Hice bien.
—Lo hiciste.
—Entonces, me doy por pagada.
Comimos en silencio y debo decir que fueron los mejores tacos de carnita con una malteada de chocolate.
Puede que no llegue todavía al cielo, pero este lugar está de lujo y si ese segundo que me hizo voltear para ayudar a la señorita Santillán es una oportunidad para que verla a ella y de paso a mi familia lo tomaré gustosa.
Como dije, siempre me pregunto el por qué hago las cosas y qué habría pasado de haberlo hecho diferente, puede que en este caso la respuesta no llegue tan rápido como lo espero y tampoco me arrepiento de haberla salvado, por algo estuve ahí. Lo que venga después es solo por añadidura y aunque mi vida entre los mortales ya se apagó tengo una misión que cumplir aún y es ayudarla a ella, el ¿cómo? eso es lo que voy a averiguar.