Capitulo 6

1867 Palabras
Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste, que por las que hiciste. Así que suelta las amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre. Mark Twain. Escucho una canción de cuna a lo lejos, una que me cantaba Ro cuando estábamos solas y sentíamos que el mundo estaba a punto de caerse en mil pedazos frente a nosotras. “Arrurú… Arrurú…. Duérmete niño Jesús… Arrurú… Arrurú….” Abro mis ojos y me encuentro en un lugar calmo, dónde todo lo que veo es blanco y la luz del techo me enceguece. Intento mover mi cuerpo, pero no puedo y comienzo a desesperarme… Eso y mucho más he vivido estos días, la verdad es que no sé para qué desperté, debí haberme muerto… El día de hoy, estaba en la consulta de mi traumatólogo, sólo habían pasado unas semanas de mi accidente y gracias a toda la ayuda que recibí, podía decir que estaba viva, algo que al ver la cara del doctor Rubens, me hizo replantear si había sido lo mejor. Al final, lo que pasó fue que intenté esquivar a un camión que no redujo la velocidad, en la intersección para entrar la autopista y yo atiné a mover el volante, pero perdí el control de mi auto y desperté aquí. Por suerte no hubo más heridos o algún fallecido, solo yo que casi perdí mi brazo pues quedó atrapado entre los fierros retorcidos. Cuando desperté a la primera que vi fue a mi madre, ella estaba llorando junto a mi cama y golpeándose el pecho, de verdad que pensé que estaba muerta y que ella lloraba sobre mi cadáver, hasta que las manos de mi mejor amiga tocaron mi cabeza y la vi sonreír. -Por fin despertaste, mi colibrí. -Ro… -No hables, iré por los chicos. Desde ahí, hasta hoy he estado hospitalizada, Val y el doctor Rubens son mis médicos de cabecera y se han preocupado de mí al cien porciento. El primer día, después de despertar, eché a mis padres, no los quería ver, pero Ro me contó todo lo que había pasado con su hermana, nuestra hermana y, aunque yo sabía lo rencorosa que era, la había perdonado y me pedía perdón a mí por ser tan intransigente. La miré y juro que pensé que estaba loca ¿Qué habían hecho con mi amiga? Ella no era así, pero hubo algo que me recalcó y eso era que, a pesar de que me disculpaba, tendríamos que también recuperar nuestras confianzas. Por eso, la dejé partir a España, para que pudiera sanar, algo que para mí sería muy difícil de hacer. “Claro, si somos hermanas” Aunque hablé con mis padres, me había dado cuenta que era muy parecida a Ro y no podía perdonarlos tan fácilmente, me dolía lo que hizo mi mamá, pero más me dolía lo que nos había hecho mi padre a todas, no podía creer que ese hombre que yo consideraba el más maravilloso del mundo hubiese ocultado una doble vida por tantos años y que nos metiera en su red de mentiras sin importar lo que pudiera suceder con nosotras. En fin, como decía, ahora estaba frente al doctor Rubens y a Val, con las placas en el tablero y no era tonta, tenía claro que algo malo estaba pasando. - Clara, siento mucho decirte esto, pero las placas muestras que la lesión que tuviste fue más grave de lo que imaginamos – El doctor Henry Rubens, trataba, juro que trataba de darme ánimos, pero ya sabía lo que diría después -Val hizo todo lo posible para que no perdieras la extremidad y eso es bueno, pero no sabemos si con todas las terapias podrás volver a tocar. - ¿No estamos apresurando las cosas, Rubens? -Pregunta Val, en un tono un tanto molesto. - Solo quiero que la paciente entienda, que esto será como haber nacido de nuevo, ella sabe que si no fuera por lo que hiciste quizás no tendría su extremidad. - Eso debemos conversarlo con calma, Clara está recién empezando y creo que estás siendo duro. - Por favor, dejen de discutir, tengo claro que esto no será un proceso corto, pero también sé que me debo recuperar. Gracias, doctor Rubens por la información, ahora deseo volver a mi habitación. Me levanté y aunque Val quiso detenerme, le negué, necesitaba estar sola y digerir todo lo que me estaba sucediendo. Con pasos lentos y sintiendo el dolor desgarrador en mi brazo, caminé por los pasillos del hospital, me dediqué a mirar a las personas en la sala de urgencias y por irónica que sea la vida, los sentía afortunados al tener a alguien que estuviera con ellos aplacando su dolor. Quería estar sola y lo estaba logrando, alejé a mi amiga y ahora hermana para que no me viera en esta condición, puede que sea egoísta, pero no quería que ella se preocupara por mí. No ahora, que debía preocuparse de mis sobrinitos. En algún momento de ese día me pregunté ¿Qué pasaría si yo me hubiera muerto ese día? ¿Me extrañarían? ¿Llorarían por mí? La vida era demasiado efímera y aunque tenia la respuesta a todas esas preguntas, había algo claro. Sin mi música no era nada… NARRADOR OMNISCIENTE A pocos pisos de distancia, la hermosa Brianna miraba a su esposo besar a sus hijos… - Ven aquí grandote – estiró sus brazos y le indicó que se recostara con ella. - Sus deseos son ordenes, mi bella dama. - Sabes que eres el hombre más maravilloso del mundo. - No tenía idea, pero si tú me lo dices debe ser cierto. - Entonces lo eres. - Y tú eres la mujer más espectacular del planeta y de todo el universo. - Siempre tienes que buscar la palabra justa ¿no? - Es que estoy inmensamente feliz de tenerte de vuelta mi amor, no sabes lo asustado que estuve todos esos días. - Shu… Amor, aquí estoy y aunque ya no estuviera, siempre, de alguna forma u otra, estaría junto a ti. - Ni se te ocurra decir esas cosas, Brianna. Ya estás mejor y pronto saldrás por esa puerta y… Brianna, miró a su esposo, el amor de su vida. Tomó sus mejillas y le plantó un dulce beso, Él y sus hijos eran su todo y sabía que ella lo era para él, pero en su interior sabía que algo estaba mal, su cuerpo se sentía pesado y ya sus ojos no aguantaban mantenerse abiertos. -Dime que serás feliz, pase lo que pase-dijo en un susurro y el hombre le sonrió con amor. - Siempre seré feliz, si estoy contigo, mi Bri. - Rubén… - ¿Si mi cielo? - Estoy cansada. - Pues eso te pasa por querer hacer todo de una vez, no hace ni cinco horas que despertaste y ya… - Rubén, cuida de nuestros tesoros, ellos y tú son lo más preciado que tengo en la vida. Te amo… - Bri… ¡Brianna! El pitido de las máquinas y el grito desgarrador de Rubén hizo que todo el piso se moviera a la habitación 404, justo en ese momento habían llegado Jex y Agustín junto a sus parejas y se encontraron con Alma, que había preferido esperar antes de escuchar los gritos. Val, llegó rauda junto a Lucas y revisaron los signos vitales de Brianna, sólo para constatar que ella se había ido, no podían hacer nada, pues tanto Rubén como ella tenían poderes firmados donde establecían, claramente, que de pasar por una situación así, no deseaban la reanimación y Rubén cayó al piso, mientras Lucas apagaba las máquinas, si tan solo no le hubiera hecho caso, pensó. “Hora de la muerte, veinte treinta del diez de febrero” Sus amigos lo sostuvieron y Lucas debió sedarlo, con lo grande que era debieron recostarlo entre los tres en el sofá, mientras Alma y Daria se encargaban de los niños. Ajena a todo esto, Clara seguía vagando por los pasillos del hospital, hasta que se encontró frente a la entrada de la azotea, abrió la puerta, como si nada, y el frio de febrero la recibió con una fuerte ráfaga de viento. ¿Era el destino el que la había llevado ahí? ¿Era una cobarde? Caminó sin siquiera preguntarse por lo que hacía, había una determinación en sus ojos. “Puede que esto sea lo mejor…” Se subió a la cornisa y aspiró el frío aire Neoyorkino, al final ni siquiera había podido conocer toda esa hermosa ciudad. Sonrió con pesar y desplegó sus brazos lo más que pudo como si fuesen alas, volvió a respirar profundo y se entregó… - ¡No lo hagas! – una dulce voz la hizo detenerse en esa cornisa, antes de saltar -. Aún tienes tiempo de enmendar tus errores y yo te ayudaré. -Déjame, ya no valgo nada- la muchacha intentó soltarse de su salvadora, pero la mujer tenía una fuerza sobre humana. Algo en ella le parecía conocido, pero estaba tan negada que no lo tomó en cuenta. - Si no lo haces por ti, hazlo por mí… Las manos frías se aferraban a su cuerpo y eso hizo que su instinto de supervivencia pudiera más, cayendo las dos al suelo de ese frío lugar y Clara sintió como si todo el dolor que tenia hubiese desaparecido. —Será mejor que entremos antes que – Clara miró hacia todos lados, buscando a su salvadora - ¡Hey! ¿Dónde te metiste? Clara, como pudo se levantó, a ella le había costado mucho, pues su brazo estaba en un cabestrillo y no entendía cómo su salvadora desapareció tan rápido. Sintiendo que esa mujer le devolvió sus ganas de vivir, vuelve con pasos temblorosos al interior del lugar. En eso, escucha el llanto de dos niños y como, si fueran un imán, se acerca a ellos con dulzura. -¿Se han perdido? – pregunta y el más grande niega. - Íbamos al techo para buscar a nuestra mami. - Oh, ella ya se fue, debe haber vuelto a su habitación- dice pensando en la mujer que le había ayudado -, los acompaño para aprovechar de agradecerle. Los niños la miran dudosos, pero le hacen caso, el mayor miró a su hermano y le hizo una seña de que la chica debía estar loca y el otro le guiñó el ojo. - Sí, vamos – dijo el mayor y tomó a Clara de la mano y el otro se aferró a su bata. Los niños la conducen por los pasillos del hospital hasta llegar a una habitación. Desde fuera se escucha el llanto de alguien, así que decide entrar. - Perdona, pero tus hijos… - Señorita Clara – dijo un adormilado hombre que estaba sentado en el sofá. - ¿Rubén? Sus ojos se expanden al ver a ese chocolate n***o que tanto le llamó la atención desde su llegada, pero sus ojos se quedan con la foto que está en la mesita al costado de la camilla y la niña que la está tomando junto a una cama vacía.
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