Travesuras entre un futuro ángel y la parca.
“Haz de cada día tu obra maestra.”
John Wooden
—No puedes meterte en los sueños de las personas y menos en los de los niños, Brianna.
Reviro los ojos porque por enésima vez el señor P (como amorosamente le puse hasta que se me ocurra algo más original) Me sermonea.
Es que en estos días, dónde tengo que acompañarlo a rescatar almas en la tierra no se me ocurrió otra cosa para que Rubén reaccionara y no tratara mal a Clarita.
Es que…
No sé, pero… siento que hay una conexión entre ellos y díganme tonta, al querer que el amor de mi vida (que ya se acabó) vuelva a fijar los ojos en otra.
Lo supe… ¿Cuándo fue que lo supe? Ash, a veces me está pasando que se me olvidan las cosas.
Ah…
Ya me acordé, lo supe porque él estaba haciendo lo mismo con ella que hizo conmigo.
Rubén, mi chocolate caliente, era el chico más guapo del barrio. Vivía con sus compinches en la calle y yo lo miraba desde la ventana de mi humilde hogar. Obviamente no me daba ni la hora y peor, hacía muecas cuando pasaba por su lado.
Tiempo después supe que lo hacía porque se avergonzaba de lo que era, pero cuando conoció a Jex algo cambió en él y se hizo un hombre de bien.
Llegó a nuestro barrio y apoyó a sus amigos, que en gran parte se fueron con él al Duomo y hoy son buenos hombres que trabajan para los señores Scott, otros ángeles que están en la tierra.
Ah, pero volviendo al punto, creo que mi misión antes de pasar al otro lado es que esos dos terminen juntos.
¿Será muy tonto lo que estoy pensando?
—Lo que es muy tonto es que te metas en sus sueños y lo atormentes o usar a tus hijos para lograr algo.
—¿También escuchas mis pensamientos?
El idiota se encogió de hombros y me indicó como otra alma más necesitaba de nuestro apoyo. Lo seguí refunfuñando y pensando (aunque me escuches) en una forma de unir a esos dos.
Fue en ese momento que los vi a los dos, Rubén llevaba la silla de ruedas y Clarita iba mirando a la nada.
Me daba una pena enorme ver su brazo con todos esos fierros, sabía que ella sufría, por eso y por cómo ambos se miraban sin decir palabras se me ocurrió algo, una idea brillante.
—Voy y vuelvo…
—¡Brianna!
No escuché al señor P y como si ya supiera cómo hacerlo me trasladé hasta donde estaban mis tesoros. No sé porqué solo podía entrar a los sueños de mi July, Brianna y Marcos eran como dos cofres sellados.
Cómo siempre, mi July estaba dormido en la camioneta que los lleva al colegio. Ese niño jamás va a cambiar y como dicen por ahí, lo que se hereda no se hurta. Yo era igual.
Acaricié su dulce carita y cerré los ojos junto a él.
—July…
—¡Mami!
En su sueño estaba en una sala de música, mis tres hijos amaban la música como yo, Brianna estaba aprendiendo a tocar el violín, mientras Marcos daba sus primeros pasos en el piano y mi niño bello soltaba sus baquetas para correr a mis brazos.
—Mi pequeño tesoro ¿Te has portado bien?
—Sip, la abuela Blue es muy buena con nosotros y las tías también, me dan dulces y me cobijan en las noches, pero no es lo mismo ahora que no estás.
Me dice abrazado con su carita en mi pecho y me duele verlo así, si no hubiera sido tan tonta y solo…
—Lo sé, mi tesoro, pero llegará alguien a tu vida que necesita que tú le hagas esos arrumacos que tanto me gustan ¿Podrías ayudarme con eso?
—Siempre, mami. Soy tu mejor soldado.
Se levantó de mi regazo e hizo una pose militar que me sacó una carcajada y a la vez una lágrima traicionera.
—Ese es mi pequeño baterista.
Estuvimos conversando de lo que le ha pasado en la semana, de cómo la señora Alma y sus hijas lo han cobijado y que es muy buen amigo del pequeño Mateo y de los demás niños.
Me cuenta que Brianna vive molesta con el mundo y que Marcos está enamorado de Sophia, la hija mayor de los doctores Scott.
—Ese loquillo, veo que le gustan los mayores.
Ambos reímos y pasamos un buen rato lleno de besitos y arrumacos. Hasta que.
—Hora de irte…
—¿Quién es él?— me pregunta mi hijo, al ver quién se nos apareció.
—Es el señor P, pero no lo mires mucho, es un poco insoportable.
—Bri… él se va a despertar en…
—¡Ya voy, ya voy!— acaricio la mejilla de mi pequeño y en un susurro le digo que todo estará bien, que coma sus comidas y siga siendo un niño feliz, para cuando abro los ojos de nuevo estamos en el hospital, los lamentos y gritos de la gente me dan a entender que pasó un accidente y veo como los doctores Scott y sus amigos intentan salvar algunas de esas vidas.
Veo, como las almas salen de sus cuerpos y a varios los noto con la necesidad de volver a entrar, mientras los doctores hacen su último esfuerzo, la verdad es que yo ni lo noté, sentí que despertaba de un sueño cuando me encontré en esa cornisa junto a Clara, debe haber sido porque mi tiempo aquí ya estaba escrito y me sentía en paz.
—Deja ya de pensar y ayúdame, no estoy dando abasto.
—Sí, sí, claro. Su majestad. Hey, ese es un buen nombre.
—Deja de decir burradas y apóyame.
—Ah… ¡Ya voy!
Aprovecho de saltar de un lado a otro, dándoles una sonrisa amable y haciendo mi mejor acto para que ellos se quieran ir, con uno me tocó pelea, pero ahí estaba el señor P para ponérselas de malote y darle a entender que su tiempo en la tierra ya pasó.
Con uno tuve que ganarle al Uno, lo que él no sabía era que yo soy una experta en juegos de habilidad y destreza.
A otra le debí hacer unos cuantos maromas para que se decidiera y a la abuela del 404 le dije que el señor P era su marido que la había venido a buscar.
El día, o lo que sea que vivimos en esta parte de la nada o como le quieran llamar por fin nos dio un descanso y de verdad que era bueno porque tenía muchísima hambre.
Cuando voy siguiendo al señor P hacia nuestro portal, justo choco con alguien.
—Auch… ¿Qué… qué fue eso?
—Lo siento. Discúlpame, pero no te vi.
Es lo que me dice el doctor y me quedo de una pieza viéndolo caminar raudo hasta los boxes.
¿Qué fue eso?
¿Él me puede ver?