20 de febrero Me desperté en cuanto sentí una mano pequeña apoyarse sobre mi brazo. Abrí los ojos con esfuerzo, pestañeando para apartar el sueño. Clavé mi mirada en mi hijo mayor, quien me dedicaba una sonrisa tímida y avergonzada. —¿Paso algo, hijo?— pregunté en un susurro. Tenía que evitar hablar más alto, debido al poder auditivo de mi prometido. Apenas escuchaba un llanto, o una voz en tonos normales, se levantaba de un salto e iba directamente al cuarto de nuestros hijos. Era encantador que se preocupara tanto por nuestros tres peques. —No tengo sueño. Miré el reloj que había sobre la mesa de luz, que marcaba casi las seis de la mañana. Suspiré de solo pensar que era nuestro anteúltimo día en ese lugar paradisiaco. Me levanté suavemente, luego de besar la mejilla de Nico. Levan

