-Punto de vista de Nicolás- 07 de marzo Santiago estiró su mano con la intención de estrechar la mía y darme un abrazo. No sucedió. En cuanto su mano tocó la mía hizo una mueca de asco, soltándome y secándose la palma en su pantalón de vestir. —Te chivan las manos, asqueroso. Lo fulminé con la mirada, para después respirar hondo e intentar calmarme. Era ridículo estar nervioso. Lo sabía, pero no podía evitarlo. Ni siquiera en el nacimiento de los mellis me había sentido así. Lo que hacía mi reacción aún más ridícula. —Intenta madurar de una vez, pendejo— gruñí por lo bajo. Santiago podía ser legal en absolutamente todo el mundo, pero aparentemente siempre iba a cumplir el rol de hermano menor insoportablemente

