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Monstruosamente Amándote

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Descripción

Él es Declan, CEO de una red de multimillonarias compañías todo alrededor del globo ¡Y vampiro! Ella es Ellie, su muy dulce e inocente vecina que se acaba de mudar y no le da ni la hora. La atracción ¡explosiva! No sólo eso. Ella es única, algo en su sangre la hace irresistible. No puede mantenerse lejos y caer en la tentación de clavarle los colmillos. Según su amigo, se trata de su compañera, su alma gemela, algo que jamás ha pasado. Un día ella desaparece. Uno de sus amigos la secuestra para cobrar el seguro de vida. Entonces, él aparece, la salva, exponiendo su verdadera naturaleza. Ya nada volverá a ser lo mismo entre ellos. Pero, allí no termina, su antigua amante vampiro está en la ciudad y le quiere de regreso a toda costa, incluso si eso significa eliminar la competencia. ¿Podrá el destino superar los obstáculos y ella reconocer a su alma gemela, o el miedo será más poderoso y clavará una estaca en su corazón?

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MONSTRUOSAMENTE UNICO
Bienvenidos a mi escalofriante mundo de---Vale, no soy nada aterrador, bueno quizás un poquitico, no puedo remediarlo, mi naturaleza me exige que lastime para sobrevivir. Soy un vampiro de tres siglos y medio, hombre de negocios poseedor de un conglomerado de diferentes compañías, edificios--como en el que se encuentra ahora mismo--- hoteles y resorts alrededor de todo el globo. Lo que las jóvenes de hoy llaman un CEO. Eso es lo que la eterna longevidad generaba, amasar riqueza y fortuna, además del desesperado impulso de querer suicidarte para no tener que afrontar lo solitaria e interminable que este tipo de vida es. He visto las culturas, modas, pensamientos, prohibiciones y permisiones, cambiar, las mujeres e incluso los hombres volverse más audaces, y los celebros. Soy un vampiro moderno que abraza el nuevo milenio. Pero, siendo honesto, por mucho liberalismo, no ha realmente cambiado las cosas, muchas siguen con sus tradicionales maneras estancadas, como cuando te acercas a mujeres para tomar una sorbidita de sangre, pegan unos fuertes alaridos que despertarían al mismísimo Alilovic, -- que en paz siga descansado-- Extrañaba esos tiempos en que perseguía a las tímidas damiselas en los maizales, el terror contorsionando sus rostros, la desesperación dilatando las miradas, el miedo brotando por los poros como sudor. Se paladeó con el recuerdo. Las afiladas puntas de sus colmillos asomaron pidiendo clavarse en un aperitivo. Se giró hacia las dobles puertas de cristal del balcón donde se encontraba deleitándose con las movidas calles de Nueva York, y regresó a su dormitorio. Cuando decidió establecer su estadía en América, hizo un estudio. Realmente no le gustaban estas tierras tan violentas y frenéticas, pero con los años aprendió a amarlas. No fue una transición fácil, de un chico de las tranquilas y civilizadas tierras de Viena, al caos y ruido de Estados Unidos, fue como pasar una ballena a través de un agujero de conejo. Complicado. Pero, luego de esa tormentosa experiencia, aprendió que podía sacarle buen provecho. Aquí la gente está abierta a muchas cosas, y eso le dio la idea de establecer un rubro que de momento, para los suyos, no existía. Él adora la persecución, sin embargo, otros, no tanto, por lo que abrió una red de bares clandestinos para que vampiros tímidos o quienes no desean gastar de su tiempo tras su presa, tengan un lugar las veinticuatro horas, con acceso a sangre en bolsa o de vena. Llevó un poco de tiempo conseguir gente con acceso a hospitales y gente saludable y dispuesta a ofrecerse como “aperitivo” pero lo consiguieron y se sentía muy orgulloso con lo que había logrado. Abrió un armario, se cambió la camisa por una limpia, y abandonó el cuarto. Bajó la imperiosa escalera que daba a la planta principal. Todo el lugar estaba decorado al estilo gótico victoriano de finales de siglo 19 en tonos n***o y azul medianoche como él había pedido al decorador. Había traído a un tipo famoso y de excelente reputación, y pese a tener ciertas dudas al principio sobre si podría plasmar lo que él quería, le dio una grata sorpresa. Ahora eran amigos en f*******:. Sí, tiene f*******:, e i********:, pero es sólo por cuestión negocios, personalmente, no le gusta estar encadenado a las r************* , son adictivas y dañinas, y prefiere su privacidad. Llegó a la puerta y salió. Podía teletransportarse, era más fácil, usar sus poderes vampiro, pero requería gran parte de su energía y además, claramente, se delataría delante de los asustadizos humanos. Y, no quería que sus vecinos sospecharan de que su arrendador, tenía el vicio de clavar dientes a la gente. De nuevo, soy una persona muy, muy privada. Esperó solo en el corredor al ascensor. No había nadie, como le gustaba. Su departamento estaba en el último piso 50 del Penhouse, porque no quería compartir espacio absolutamente ningún alma. Las puertas se abrieron exhibiendo que estaba lleno. Había al menos cinco personas. Refunfuñó para sus adentros y dio un paso adelante. Se recluyó a una esquina. No sé vio en la necesidad de anular su sentido del olfato como solía hacer cuando estaba alrededor de humanos para no invocar a la tentación---a pesar de que respirar no era una necesidad, sólo un hábito para pasar como un humano--- porque apestaban. Naftalina de la anciana a su derecha lejana, cigarrillo de la mujer en falda y tacones altos, almizclado fuerte y amargo de un sujeto musculoso en traje y corbata con la mirada pegada al celular. Eran aromas muy abrumadores. El ascensor finalmente se detuvo y todos empezaron a salir al vestíbulo. Era temporada de navidad, un gran árbol decoraba la esquina junto con luces y otros adornos colgantes por la luminosa habitación. Toda la ciudad exudaba aire navideño. Él se quedó allí, esperando que todos abandonaran el barco. Una vez solo puso en funcionamiento de nuevo sus pulmones y tomó una honda inspiración. Salió. Se detuvo en seco. Un dulce, exquisito aroma llegó a su nariz. Sangre, pero no cualquier sangre, era diferente, única, una imposible tentación. Podía sentir cada fibra de su cuerpo volverse frenética y desesperada por la necesidad de saborearla. Jamás le había pasado. Y, de la nada, alguien, que no se había percatado que también estaba en el ascensor con él esperando que todos salieran, dio un paso adelante. Era una chica, joven, en sus mismos 25 años que él. Iba en jeans claros, suéter rosa y una cartera de cadena dorada cruzaba por encima de su largo abrigo de paño verde. Su cabello castaño a la altura de los hombros, se meció cuando le saludó al portero con un ligero movimiento de cabeza y una amable sonrisa en su angelical rostro. Ella se fue y él quedó allí paralizado, con los talones clavados al piso, mirándola boquiabierto, encandilado. No tenía idea de lo que sentía. Jamás en su vida se había sentido tan… tan…físicamente atropellado por tal belleza y aroma de un ser humano. Ella era hermosa, puramente belleza. Forzó a su cuerpo a salir de su estupor, y comenzó a acercársele. Quería saber quién era, en cuál piso vivía, todo. Se detuvo en seco de nuevo. Sintió como si le arrancaran el corazón no vivo. Ese sujeto entrajenado de antes con gafas, mandíbula robusta y músculos, mantenía la puerta abierta para que ella pasara. Podía oír sus cordiales conversaciones, la sonrisa en la voz de ella, en la cara de él. Sintió rabia, una poderosa ráfaga de celos y furia. De reclamar lo que era suyo, apartar de un puñetazo a ese imbécil y tomarla de la cintura y encerrarla en su departamento. Se alarmó. “¿Qué era eso?” Era irracional. Él no era esa clase de tipo. Era una criatura de la noche, un ser superior sin ataduras mortales. No sentía celos, envidia, odio, todos esos defectos que corresponden a los humanos. Se despidieron, y ella tomó su caminó a la derecha, él sujeto en traje se la quedó mirando un largo momento antes de torcer una sonrisa, y también irse para su lado en la dirección contraria. Algo le olía mal sobre ese tipo y no era por el fuerte almizclado de su perfume. Puso en funcionamiento sus piernas de nuevo, y salió del edificio. Miró hacia ella, y la vio en la esquina abordando un taxi. Concentró su mente y fuerza corporal, activando su campo de invisibilidad, cosa que sólo usaba en casos de emergencia, y se impulsó su máxima velocidad siguiendo el coche. Concentró su mente y fuerza corporal, cada célula de su cuerpo se fue transformando, pasando de ser sustancial y visible a desmaterializado e invisible a la mirada humana. Bien, ahora, empleo su energía en ser rápido, tan rápido como el motor de ese taxi. Hubo una ráfaga de viento cuando salió disparado hacia adelante siguiendo al vehículo. La alcanzó en un segundo, serpenteando entre las personas y cosas para que chocarse. Ella estaba sentada en el asiento de atrás contemplando por la ventanilla y tenía una expresión tan serena y calma que le dio envidio. ¡¿De nuevo?! Emociones, emociones. No le gustan para nada porque no puede controlarlas. El taxi condujo unas diez cuadras más y se detuvo. Ella pagó al chofer, y se bajó. Caminó a la vereda donde él se encontraba observándole. Parecía dirigirse a la confitería detrás de él, cuando se detuvo. Volvió el rostro en directa dirección a él y sus hermosos ojos azules se trabaron en los suyos como si reconociera su presencia. Permanecieron contemplándose durante un segundo que se sintió una eternidad. Algo definitivamente estaba pasando. Podía sentirlo emanando de su delicada figura como si le llamara, no sólo su aroma celestial y tentador. Ella parpadeó y rió de sí misma como si pensara que estaba loca de creer que había algo allí, y continuó andando a las puertas de cristal con una enorme rosca navideña colgada. Alzó la mano saludando a sus amigas sentadas en una mesa en el fondo de la tienda y se unió. Él se quedó allí completamente turbado. No podía haberle visto. Era imposible. Fue una extraña coincidencia que sus miradas se encontraran. No sabía qué pensar. Debía investigarlo. Debía irse, pero no sé veía físicamente haciéndolo, era como si sus pies hubieran echado raíces, su cuerpo anclado a dónde sea que ella estuviera. Era de locos. Había una atracción, una magnetismo tirando, y sí ella era muy hermosa, un ángel caído del cielo, pero…algo más, algo más tirando de él a ella. Tendría que hablar con su mejor amigo Cornelius Julius Kassini Vandercourp, pero iba con sólo Julius o lo enfadabas y no quieres a un vampiro de cinco siglos enfurecido contigo, te perseguirá hasta los confines del mundo. Tiene el tiempo y la perseverancia para hacerlo. Vivía en un lugar perdido y apartado del desierto rojo en Argentina, y era la más grande e informada enciclopedia andante. Su cerebro era capaz de recopilar antigua data de millones de hechos históricos en referencia vampírica con excelente precisión, pero era difícil de contactar. Esperaba que está vez sí hubiera instalado la antena para poder llamarle. Se quedó allí un rato espiándola hasta que su hambre le forzó a irse a tomar un snack. Salió de su modo invisible e hipnotizó a una cajera de un supermercado en su camino a tomar el almuerzo. Generalmente prefiere alguien de mejor calidad, pero no iba a ponerse quisquilloso. La llevó a un callejón y le clavó los colmillos. Ella gimoteó de dolor al principio y luego se rindió en sus brazos gimiendo de placer. Beber sangre era beneficioso para ambas partes, él se saciaba, ella pasaba un buen rato con una pequeña dosis de oxitocina. Terminó, regresó a su puesto de vigilancia mirando dentro de la tienda cuando vio que no estaba. Frenético paso la mirada por todo el interior buscándola a ella y sus amigas. ¡No estaban! El corazón--de tenerlo-- le entró en pánico. Sus piernas se impulsaron antes de que su cerebro pudiera detenerlas y ya estaba entrando a la tienda yendo directo a la mesera que limpiaba su mesa. -Señorita,-le habló, su voz agitada. La chica que mascaba chicle de manera brusca, se giró.-la chica de cabello castaño corto que estaba sentada en esta mesa, ¿sabe a dónde fue?- -Yo que sé.- le contestó de mala manera.- ¿Acaso me ve como su mejor amiga?-se volvió limpiando la mesa. Se frustró un tanto y desesperó un poco más. De pronto, la mesera se giró otra vez.- Ah, sí, oí que iban hacer unas compras para no sé qué fiesta de cumpleaños o algo así.-se calló y su actitud cambió a sospechosa. - Oye, tú…-El corazón se le aceleró en temor que le haya visto espiándolas y creyera que era un pervertido y llamara a la policía. Era lo último que necesitaba.- ¿Eres su novio, verdad?- Disimuladamente soltó el aire que retenía. -Así es, debía llevarlas yo, pero se fueron antes de que llegara.-mintió descaradamente. La mesera asintió con la cabeza comprendiendo.-Bueno, pues, mencionaron algo del centro comercial que está diez cuadras de aquí.- -Gracias.-dijo saliendo volando, literalmente, las suelas de sus zapatos levitaron del suelo. -¡Ey, ¿qué ha sido eso?!-le gritó la chica, pero no se detuvo. Llegó hasta el centro comercial, el único de la zona, y atravesó sus puertas. El aroma de su sangre era débil, pero no lo necesito para encontrarla, su pulso se disparaba diciéndole para donde tenía que ir. Era como si un hilo le conectara, un GPS interno y tenía la certeza de que iba a encontrarla. Subió al tercer piso. Había mucha, mucha gente. Demasiada. Todos esos latidos y corazones. En otros momentos le hubiera llevado al borde, pero ahora, no sentía necesidad, y no era porque hubiera comido recientemente, apenas le había saciado, sino porque el sol aroma de su sangre le extasiaba y llenaba como ninguna otra alguna vez lo hizo. De pronto, oyó su voz, dulce y delicada, seguida de una risita, que le hizo estremecer cada centímetro de su piel. Siguió su voz. Estaba en trance, sólo tenía oídos para esa hermosa voz. Chocó con alguien. La anciana pegó un grito: -¡Pervertido!- Todas las miradas se posaron sobre él. Parpadeó mirando alrededor y vio que se encontraba en la sección de ropa interior femenina. Dijo lo primero que se le vino a la mente para aplacarla:-Soy gay.- La anciana y las mujeres hicieron un eco de “Ahhh” conformes y volvieron a lo suyo como si nada. Pero, no cometería el mismo error dos veces, y se fue hasta un rincón alejado para activar su campo invisible. Regresó su atención a ella. Estaba al otro lado junto con sus amigas en la zona de ropa normal. Se movió entre las mujeres sin ser percibido. Se detuvo a un metro de ella y la observó pasar por las ropas y hablar y reír con sus amigas. -¿Pero fue algo así como nos vemos luego?-la rubia decía poniendo voz grave imitando a un hombre.- O hubo contacto visual, algo coqueto y dijo nos vemos luego en insinuación me gustaría arrancarte las bragas y lamerte hasta que te corras en mi boca.- Se rieron. -No, no fue así. Fue normal.-le contestó ella. La otra amiga, la morocha de rizos azabaches que había juntado varias blusas, resopló.-Seguro que sí. Ellie, es un tipo, obviamente no te va a sostener la puerta para pasar a menos que quiera follarte hasta dejarte sin sentido.- Ok, hubo dos cosas que le impactaron, primero, saber que se llamaba Ellie. Que nombre más hermoso y perfecto para ella. Y, segundo, cosa que le hizo enfurecer, que estaba bastante seguro de que hablaban del idiota entrajenado de la otra vez. De pronto, la cabeza de Ellie se volvió hacia él, de nuevo como si supiera que estaba allí. Se quedó duro, sin siquiera respirar, temiendo que ésta vez sí le hubiera descubierto. Pero, luego de nuevo, sacudió la cabeza y continuó hablando con sus amigas.-Fue nada, en serio, sólo fue amable.- tomó una blusa rosa bebé.–Además, no es mi tipo.- Se dirigieron a la fila de chicas esperando para usar el cambiador. Eran dos cubículos amplios. -¿Qué no es tu tipo?-mofó la rubia.- ¿Rico, musculoso, moreno?- Él bajó la mirada a sí mismo examinándose. Bueno, tenía la parte de rico, su cabello rubio podía teñirlo si prefería oscuro y…estudió sus brazos. “Tenía buen músculo, pero podría ir un poco más al gimnasio si a ella le gustaban más fornidos” Ellie rodó la mirada.-No sé si es rico, parecía tener un buen trabajo por el traje que llevaba, pero no me importa nada de eso, quiero a alguien que me quiera por quién soy, que sea bueno de corazón y no me vea por mi cuenta bancaria.- -Sí, para eso tienes a Albert.-masculló la morocha. Ellie hizo una mueca de disgusto.-De haber sabido que era todo lo que le interesaba le hubiera mandado al diablo hacía meses y no gastado un segundo de mi tiempo en un bueno para nada como él.- Él se sorprendió por sus fuertes palabras. Su dulce gatita tenía garras. Grrr. Se sonrió. Le gustaba. -Un vago, eso era. –apuntó la pelirroja que tenía al menos cuatro juegos de prendas femeninas en sus manos.- Encima va y se enoja porque no quisiste acostarte con él. - La morocha le palmeó la espalda consolándola pero le dio una mirada a la pelirroja que decía “cállate” y dijo:-De todas maneras, no te preocupes, eres guapa, joven, el mundo es muy grande. Encontrarás al que sea adecuado para ti. Alguien real. Un amor genuino. - La rubia asentía a las palabras de su amiga. De pronto, dio un aplauso: -¡Ya sé! ¿Por qué no empiezas con Ben invitándole a la fiesta de mi amiga Dani?- -NO.-le contestó Ellie de manera rotunda. La morocha alzó las cejas. - ¿Quién es esa Dani? - -Mi amiga de la oficina donde trabajo, ya les hablé de ella.-le contestó la rubia.- Se casa la próxima semana y el sábado va a tener una fiesta de despedida de soltera.-le agarró del brazo a Ellie.- Vamos, será divertido, le testearas si es material y lo pasarás bien.- -Gracias, pero no.- Su respuesta hizo que su tensión se relajara. Imaginarle con ese imbécil le llenaba de un fuerte enfado, una rabia asesina abrumando cada uno de sus poros. Avanzaron en la fila y él así lo hizo con ellas. Estaban a un grupo de dos chicas de entrar. -Mira, no será ese tipo de fiesta que piensas. –siguió insistiéndole la rubia.- A Dani tampoco le gustan esas cosas de clubes y strippers, así que será tranqui, algo de música y bebidas. Diversión sana. – -¿Con quién se casa?-le preguntó la morena. -Con Josh. Hace siete años que están comprometidos y finalmente tienen el dinero para hacerlo.- La rubia regresó su atención a Ellie, quién le vio venir y alzó la mano cortándole. -Ni te gastes en continuar, Lauren, no pienso pasar mi sábado entablando banales conversaciones con gente que no conozco. - -No serán todas desconocidas, estaremos Brad y yo.-le contestó con una sonrisa brillante. Las dos chicas que estaban delante de ellas entraron al probador, y dieron el último paso, esperando. –¿Aun estás con él?-le preguntó Ellie sorprendida. La morocha se llevó una mano a la cadera diciendo:-Ay, Lauren. - -Tessa, no me mires de esa manera, soy un espíritu libre y él lo sabe muy bien. Lo dejé claro cuando empezamos a salir, pero…como les dije la fiesta es para ir en pareja y necesito pareja y él no tuvo problemas para…- -¿Usarle?-espetó la morocha. -Cálmate, que no estoy cometiendo ningún pecado, a diferencia de una aquí metiéndose con un casado.- La morena se escandalizó.-Dije que no lo sabía. Jamás lo dijo o usó sortija.-decía con los dientes apretados. Ambas estaban por agarrarse de los pelos. Ellie intervino.-Ya, chicas, por favor, no peleemos, que hace mucho que no las veo y no quiero terminar en la comisaria con ustedes.-las dos no sé apartaban las miradas enojadas.-¿Tessa? ¿Por favor?-le pidió a la morena. Miró a la otra.-¿Lauren?- La rubia exhaló y se enderezó.-Vale, como sea. Los tipos apestan.- Tessa alzó la mano.-Así se habla, chica.-Lauren se la chocó, y sólo así se hicieron las pases. -Pero no tanto para no traer a ese macho alpha a la fiesta.-dijo mirando a Ellie.- Te lo meterás en la cama y tendrás el mejor sexo de tu vida.- Ellie le dio una mirada cansada. -En tus sueños.- Las dos chicas que habían entrado al probador salieron y las tres entraron. Después de un largo rato de más discusiones y probarse las ropas, salieron. Ellie fue primero, se la veía muy molesta por la insistencia de Lauren. Tessa les seguía detrás a las dos. Lauren le agarró del brazo.-Vale, no te pongas así, sólo creía que te vendría bien algo de diversión y egoístamente sería una excusa perfecta para conocer al Señor perfección, es todo.- -Pues, ya te dije, no iré y no me interesa una noche caliente con un sujeto que no me interesa. Quiero conocer alguien por su alma, no por su cuerpo. – Lauren asintió.-Perdóname, no insistiré más. Lo que digas, será.- Ellie exhaló y le dio una sonrisa agradecida. Pagaron sus cosas y continuaron dando vueltas por el centro comercial. Él les siguió por un tiempo pero al ver que las conversaciones no retornaban al tema tabú, decidió regresar al departamento y haces esa llamada a su amigo.

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