Capítulo 14

2206 Palabras
Con el dispositivo de transformación completamente ensamblado y listo para ponerse a prueba, la sala de control zumbaba con una expectación casi tangible. Un suave murmullo llenó el espacio, mientras las luces intermitentes en el artefacto comenzaban a intensificarse. Una onda de energía se propagó a través de la nave, causando que las pantallas parpadearan y los sistemas se reiniciaran. En los primeros minutos, parecía que todo estaba funcionando a la perfección. La nave comenzó a deformarse y asumir una apariencia completamente nueva en un frenesí de cambios desconcertantes. Los paneles de control se habían convertido en superficies gomosas, pareciendo latir con pulsos intermitentes de color púrpura. Las paredes ondulaban como si estuvieran hechas de gelatina, dejando escapar viscosos chorros de una sustancia brillante que colgaban en el aire como hilos de baba brillante. El suelo se convirtió en una superficie ondulante, como un campo de estructuras similares a hongos y algas en movimiento perpetuo, mientras que los asientos adquirieron una textura de concha de caracol, con espirales que parecían palpitar. Las luces parpadeaban con una misteriosa tonalidad verdosa, proyectando sombras inquietas y desconcertantes. Pero, a medida que los minutos se esfumaban, la transformación comenzó a retroceder, de manera inesperada la nave se estiró y retorció, luchando por encontrar su forma original. Algunos de los elementos de la transformación anterior se aferraron obstinadamente a su nueva apariencia. Las superficies gelatinosas persistieron en algunas áreas, recordándonos su existencia con destellos de color que se desvanecían. Los asientos, aunque recobraban su forma original, conservaban un inquietante toque resbaladizo, como si la piel de un reptil se hubiera fusionado con su superficie. Los paneles de control se restablecieron, pero con un brillo sutil de lo que alguna vez habían sido, emitiendo un zumbido inquietante que parecía resonar en lo más profundo de la nave. El resultado fue una fusión de lo familiar y lo alienígena, una simbiosis inesperada de tecnología y biología que habíamos creado sin intención alguna. — Ay, Dios mío... —exclamó Aizza al irrumpir en la sala, su cuerpo goteando con una baba gelatinosa. Sin duda, había resbalado y caído sobre alguna superficie pegajosa que se le había adherido a la piel. Su rostro reflejaba el asco ante su cuerpo ahora sucio mientras expresaba, con voz trémula y ojos desorbitados: —¿Qué demonios acaba de ocurrir? Korg la siguió de cerca, mostrando signos de asombro y un toque de temor en su mirada, como si la realidad misma se hubiera quebrado ante ellos. Nalor, por su parte, parecía sorprendido pero también exhausto, anticipando seguramente la avalancha de palabras de Aizza debido a la situación. —Estamos llevando a cabo las primeras pruebas. —expliqué. —No pensamos en lo que se transformaría cuando prendimos el dispositivo —añadió Draktharos al desconectar el dispositivo del cristal, con la intención de desmontarlo para analizar la falla. —Bueno, al menos ahora sabemos que es posible transformar la nave. —¿Creen que tendrán tiempo para que funcione antes de llegar a Ecos? —preguntó Nalor, claramente preocupado, mientras observaba el extraño estado de la nave. —Agh, de todas las cosas que pudo haberse transformado, tenía que contener esta baba viscosa —expresó Aizza con disgusto. Estiró los brazos y observó con repugnancia los hilos que colgaban de ellos debido a su acción. Sus ojos se entrecerraron en desaprobación mientras comenzaba a limpiarse con un paño, como si quisiera deshacerse de la viscosidad pegajosa. Sonreí ligeramente, tratando de ocultar mi diversión, y me acerqué a ella, manteniendo una prudente distancia para no verme envuelta en la pegajosa sustancia. —Tranquila, lo solucionaremos. Al menos pudimos corroborar que es posible transformarla —traté de ofrecer un poco de alivio. Extendí mi mano con la intención de apoyarla en su hombro, en un gesto reconfortante, pero a medio camino me retracté. —También podemos hacer que dure lo suficiente para pasar por todo Ecos —comentó Draktharos mientras trabajaba en el transformador, enfocado en encontrar una solución. —Evad, la nave no sufrirá daños por hacer esta transformación —inquirió Korg, su voz temblorosa y preocupada. Nalor se apresuró a responder: —Ellos lo tienen controlado, Korg. Estoy seguro de que no tenemos de qué preocuparnos, solo debemos permanecer bien sujetos durante la transformación. Él le lanzó una fugaz ojeada a Aizza, quien, a su vez, respondió con una mirada enojada. Esta interacción provocó en mí una sutil sonrisa, un destello de humor en medio de la tensión que nos envolvía. Aizza, todavía incómoda por la viscosa sustancia que había quedado adherida a su piel, compartió sus preocupaciones. —No estoy segura de querer someterme a otra transformación. ¿Quién sabe en qué podría convertirse la nave la próxima vez?. Mientras Draktharos fruncía el ceño, concentrado en examinar el dispositivo, expresó sus dudas. —En este momento, no puedo afirmar con certeza cuánto tiempo tomará resolver la falla. Parece ser más complicada de lo que inicialmente pensábamos. Podría llevarnos varias horas. Reflexioné sobre la situación en la que nos encontrábamos. Sabíamos que podríamos enfrentar desafíos en el viaje a través de Ecos, y si no lográbamos que la nave se transformara adecuadamente, necesitaríamos un plan alternativo. —Entonces, mientras tanto, deberíamos planificar nuestra ruta hacia Ecos y estar preparados para otra transformación si es necesario. —Propuse, no podía permitir que avancemos sin un plan de respaldo en esta situación arriesgada Hasta ahora, habíamos logrado un avance significativo con la transformación, y con un poco de suerte, podríamos aprovecharlo durante unos minutos, sin importar en qué se convirtiera la nave. Al observarla en su totalidad, me di cuenta de que no se habían producido daños internos, más bien, las transformaciones parecían ser principalmente estéticas. Podríamos lidiar con esos aspectos más adelante, sin sentir tanta preocupación en el momento. Continué con determinación, preguntando: — Harlox y Brakthar, ¿cómo se encuentran? Korg respondió tranquilizadoramente, — Están bien, los vimos antes de venir aquí. Han prometido revisar la nave en busca de daños. —Tenemos un par de ideas alternativas en caso de que esta transformación no funcione. —Aizza aportó —Agradecería escuchar esas ideas. Cuanto más las desarrollemos, mejor preparados estaremos para lo que pueda venir. No nos quedan muchas horas para llegar a Ecos. —señalé, consciente de la urgencia de nuestra misión. Draktharos intervino con seguridad —Puedo encargarme de esto sin problema, Evadne. No tienes por qué preocuparte. Sacudí la cabeza suavemente. En estos momentos, era una parte fundamental del equipo y su contribución estaba siendo invaluable. Si no fuera por el contratiempo en Thaloria, quizás no nos encontraríamos en medio de esta misión, pero sabía que debíamos hacer lo mejor con la situación actual. Propuse —Si nos dan una hora más, podemos comenzar con la reunión. Nalor asintió —Te enviaré el informe por la tablet con nuestras propuestas. Terminaremos lo que estábamos haciendo y nos vemos en una hora. Mientras los demás se retiraban para abordar sus respectivas tareas, Draktharos y yo continuamos con nuestro trabajo en el dispositivo. Él se sumergió en el dispositivo de transformación, desmontando piezas y estudiando meticulosamente los detalles para identificar la fuente del problema. A medida que nuestras manos ágiles se movían en un ballet de precisión, el silencio solo se interrumpía por el constante murmullo del equipo y el suave zumbido de la tecnología a nuestro alrededor. Trabajamos juntos, ocasionalmente rozando nuestras manos, y compartiendo miradas furtivas que generaban una corriente eléctrica entre nosotros. La reparación del dispositivo de transformación se convirtió en una tarea ardua y compleja. Mientras explorábamos los entresijos del artefacto, nos enfrentamos a una serie de pruebas y fallos que parecían insuperables. Después de varios intentos fallidos, estábamos exhaustos y frustrados. La sala estaba llena de dispositivos desmontados y herramientas dispersas. Nuestra paciencia se estaba agotando, y el tiempo seguía siendo un factor en nuestra contra. —Esto es más complicado de lo que pensaba —expresó él. —Lo es. No sabía que eras tan hábil con la tecnología. —¿Mi nación está infestada de tecnología, porque no seria bueno? —bufé, rodando los ojos. Claramente, quería destacar con su última afirmación. —Bueno, ser hábil con la tecnología es una ventaja en un mundo dependiente de ella. Aunque, a veces, también puede ser una maldición cuando las cosas no funcionan como deberían, como este dispositivo —contesté con una sonrisa irónica, deliberadamente pasando por alto su insinuación. Draktharos asintió, mostrando comprensión. —Estoy seguro de que podemos resolver este problema. Solo necesitamos encontrar la causa raíz de la falla. Miré de reojo el reloj en la pared, sintiendo la urgencia apremiante. —Lo lamento, pero no tenemos tiempo de sobra. El plan B tendrá que ser nuestra última carta. —¿Estás segura de que no quieres que siga trabajando aquí? — preguntó Draktharos, captando completamente la delicada situación en la que nos encontrábamos. Una tenue sonrisa se dibujó en sus labios, y parecía que, por un breve instante, nuestra feroz enemistad se desvanecía. Me sorprendió gratamente descubrir que esta nueva dinámica era mucho más agradable de lo que había imaginado. Sin embargo, era consciente de que esta tregua era efímera y que, una vez que enfrentáramos la amenaza que acechaba a la galaxia, volveríamos a ser los formidables enemigos que siempre habíamos sido. Por el momento, me contenté con el alivio de este respiro, sabiendo que podía disfrutar de cada momento que durara. Además, sabía que la relación con su planeta nos brindaría acceso a una cantidad incalculable de información valiosa. Mi curiosidad por lo que podría aprender era insaciable. —Ya eres parte de nuestro equipo, al menos por ahora. —respondí. Durante un breve lapso, el silencio se adueñó del espacio entre nosotros. Nuestros ojos se encontraron, y, de manera inexplicable, me sumí en la contemplación de su inusual figura alienígena. Siempre había sido consciente de su atractivo, algo que muchos de los de su r**a parecían poseer, pero en ese instante, me hallé incapaz de apartar la vista. Él se erguía majestuoso, su piel lucía un violeta opalescente que emitía una tenue luminiscencia. El cabello morado profundo caía en seductores mechones. Su físico musculoso y esculpido era un imán para la atracción, mientras que los tatuajes, semejantes a misteriosas runas en su idioma nativo, destacaban en su amplio pecho, así como en partes de sus muñecas y manos que la ropa apenas cubría. Los tatuajes brillaban con un fulgor hipnótico, y aunque no entendía su idioma, ansiaba descifrar su significado. —Es curioso, ¿verdad? —murmuré, rompiendo la quietud que nos rodeaba—. Cómo algo tan diferente puede resultar tan cautivador. Sus ojos reflejaron un abanico de emociones, una danza de asombro y deseo. Sus labios violetas se curvaron en una sonrisa insinuante mientras avanzaba con lentitud, acelerando mi pulso a medida que su figura se acercaba. —Siempre me has parecido cautivadora —respondió con una voz profunda y seductora, su aliento rozando mi piel—. Al igual que tú, descubro algo nuevo cada vez que te miro. —Draktharos.. El susurro de su nombre escapó de entre mis labios y me quedé inmóvil, hipnotizada por el fulgor travieso y triunfante en sus ojos profundos y oscuros. Sabía que había cometido un error al pronunciarlo; en un principio, había pretendido poner fin a esa atracción extraña que parecía imposible de extinguir. Ese simple desliz había provocado una reacción en un gigante atractivo, seductor, con una piel de tonalidades moradas y unos músculos que parecían esculpidos por un artista alienígena. —No tienes idea de lo jodidamente sexy que suena mi nombre cuando lo dices —murmuró con un ronco susurro, y podría jurar que un gruñido escapó de sus labios. Una sonrisa cómplice curvó mis labios mientras intentaba disimular mi propia turbación. Draktharos irradiaba confianza de una manera arrolladora, y no quería darle la satisfacción de pensar que me tenía completamente cautiva, aunque en ese momento, eso fuera la verdad. —Fue un error, ¿pero por qué te alteras tanto por un simple nombre? —repliqué, desafiante. Su nariz acarició suavemente la mía, y no pude evitar cerrar los ojos ligeramente ante su proximidad, sintiendo su aliento cálido acariciar mi piel. El aroma de su fragancia llenó mis sentidos, envolviéndome en una especie de hechizo. —No es el nombre lo que me excita de esta manera, incluso tú estás ardiendo por dentro —susurró mientras sus dedos sostenían firmemente mi mandíbula, girándola suavemente para que contemplara nuestro reflejo en una placa redonda adherida a la nave. La superficie estaba impecable, mostrando nuestros rostros con una nitidez asombrosa, y algunas hebras de baba viscosa brillante caían sobre ella. Los nanobots se habían encargado de limpiar la nave, pero ciertas partes aún conservaban rastros de lo que había sido la nave anteriormente. Nuestras miradas se cruzaron en el reflejo, las chispas de deseo brillaban en nuestros ojos, era completamente innegable la pasión que ardía entre nosotros, y aclarar mi mente estaba resultando más difícil de lo previsto. —Sabes que esto no puede ser solo un error, ¿verdad? —susurró, su voz cargada de anhelo y complicidad. Me mordí el labio inferior, sintiendo que la tensión entre nosotros se intensificaba.
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