Capítulo 13

2333 Palabras
—La nave está en buen estado en su mayoría —anuncié, mis ojos escaneando el informe en mi tablet.— Solo hay algunos problemas menores que necesitan ser atendidos. La estructura principal permanece intacta, los sistemas de propulsión funcionan sin contratiempos y, en lo que respecta a nuestra fuente de energía, está a tope. Incluso podríamos permitirnos una reserva bastante generosa. —Además de eso, los sistemas de soporte vital no presentan problemas significativos —añadió Aizza—. Nuestras reservas de alimentos y agua se mantienen en niveles óptimos. —En resumen, estamos listos para continuar. Los problemas menores que hemos detectado pueden abordarse durante nuestro viaje sin poner en riesgo nuestra seguridad. —concluyó Brakthar —Está bien, la condición de la nave es óptima, pero no podemos permitirnos dar un salto demasiado lejano. Fue entonces cuando Draktharos, a pesar de no ser parte oficial de la tripulación, se inmiscuyó en la conversación:—¿Podemos buscar rutas más seguras que nos lleven gradualmente a su planeta sin saltos? Esto podría llevar más tiempo, pero sería más seguro. Harlox tomó la palabra—También podríamos considerar la opción de utilizar la propulsión a velocidades subluz. No es tan rápido como un salto, pero nos permitiría movernos de manera más segura. Nalor añadió—Son buenas posibilidades, pero no podemos permitirnos tomarnos tanto tiempo. Mis ojos se posaron en Draktharos. —¿Todavía conservas el aparato de transformación? —Él asintió, arrugando ligeramente el entrecejo, tratando de entender la sugerencia implícita en mi pregunta—. ¿Crees que podría hacerle algunas mejoras? El alzó una ceja, un ademán interrogativo, consciente de que su tecnología ya rozaba las fronteras de lo avanzado, pero también sabedor de la inagotable sed de innovación que caracterizaba mi ser. —¿Estás pensando en modificar la nave? —Intervino Aizza, interrumpiendo con perspicacia mis delirantes planes, después de años de complicidad y amistad inquebrantable—. No olvidemos que apenas aquella cosa lograba sostenerse por cinco efímeros minutos. Draktharos retomó la palabra, cuestionando la viabilidad de mi propuesta. —¿Cómo planeas llevar a cabo la transformación de toda una nave? —Indagó—. Estamos cerca del Sendero de las Estrellas Resguardadas, sé cómo forzar los propulsores para llegar allí con algunos minutos de ventaja —Necesitamos horas. —Brakthar se sumó a la discusión Habíamos tenido malas experiencias al intentar completar encargos en cuestión de minutos, y esta no sería la excepción. No en vano éramos los mejores y más veloces en cumplir una misión; Mis elecciones, audaces y arriesgadas, solían desembocar en resultados favorables, y cuando no, teníamos planes de contingencia meticulosamente elaborados para cada escenario. Era así como nuestro legado persistía, entre el riesgo y la recompensa. —Las rutas que podríamos tomar para ejecutar un salto preciso hacia su planeta están mucho más lejos que el Sendero Resguardado abarca —expresó Harlox—. Incluso si empujáramos nuestros propulsores al límite, el tiempo necesario nos seguiría siendo esquivo. Sería muy peligroso. Solo había una ruta que prometía el tiempo suficiente para cumplir nuestra misión, y quizás, una recompensa generosa al final del camino. Era la senda de Ecos. —¿Quieres ir por Ecos? Pero... Nalor, conociendo a fondo las oscuras implicaciones de esa vía, titubeó. El mero pensamiento de aventurarnos por Ecos era como un eco de dudas que amenazaba con socavar nuestra determinación. Quería articular sus preocupaciones, mas antes de que pudiera hacerlo, lo interrumpí con una resolución que brillaba en mis ojos. —Nuestros escudos están en perfecto estado, Nalor. Podría reforzarlos aún más, y con el dispositivo de transformación, podríamos sortear los obstáculos que se interpusieran en nuestro camino. —Que no se vea que no esté allí, no significa que no esté Evadne. —advirtió Aizza. —La tecnología de Zyphronia no se parece en nada a la convencional, ni por asomo —añadí, tratando de disipar las dudas.— Puedo intentar realizar algunas mejoras en el aparato de transformación. Sin embargo, no será un proceso rápido ni sencillo. Requeriré tiempo y recursos considerables. —Eso podría poner en peligro a todos nosotros. —advirtió Brakthar, su voz resonando con inquietud. —Lo sé, Brakthar, pero si logramos convertir la nave en algo que pueda desplazarse a través de los Senderos con la misma velocidad que un salto, obtendremos la ventaja que tanto necesitamos. Nalor miró a Aizza, buscando su aprobación, y ella asintió lentamente. —Es un riesgo considerable, pero si alguien puede llevarlo a cabo, eres tú. Además, no podemos permitirnos apresurarnos y poner en peligro nuestras vidas. —Creo que puedo ser de ayudarte conozco mi tecnología mejor que nadie. —declaró Draktharos con determinación. —No me opondré a ello, necesitamos cualquier ventaja que podamos obtener. —respondí, consciente de que nuestro destino estaban entrelazados en ese arriesgado plan. *~*~*~*~*~* Nos hallábamos en una soledad absoluta, inmersos en un mundo de cables enmarañados y destornilladores desordenados. El dispositivo de transformación, una compleja telaraña de circuitos interconectados y luces parpadeantes, ocupaba un esquinero de la sala de control. Draktharos, una figura sombría en el cosmos de la tecnología avanzada, se inclinó con una gracia casi etérea sobre el artefacto. Sus dedos, ágiles como el viento, desmontaban con una precisión milimétrica una serie de componentes, como un cirujano experto que trabajaba en el corazón de su paciente. Sus manos, curtidas por innumerables jornadas de lidiar con la tecnología zyphroniana, se desplazaban con la elegancia y precisión de un consumado artista. —Este dispositivo es asombroso, pero también abrumadoramente complejo, como nada que haya cruzado mi camino antes —susurré con un brillo de admiración y total concentración en mis ojos, mientras trabaja en otra parte del artefacto. Él asintió sin apartar la vista de su labor, su mirada inmersa en la tarea. "Tenemos que convertir este aparato en algo que pueda alterar por completo el funcionamiento de la nave. Su tamaño reducido podría permitirnos conectarlo a la red de sistemas de la nave y proporcionarle una fuente de energía. Pero antes de eso, necesito determinar cuánta energía consume." Dejé que mis pensamientos se escabulleran, articulándolos en un susurro apenas perceptible. A veces, mientras me entregaba a la creación de un nuevo artefacto tecnológico, mis pensamientos escapaban de mí en forma de palabras apenas audibles, como si estuviera hablando más para mí misma que para los demás. —Podemos vincularlo a esto —me mostró un cristal tornasol , adornado con espinas de diversos tamaños que lanzaban destellos de luz, como si hubieran atrapado fragmentos del arcoíris. Su espectáculo de colores, bailando con la luz de la sala, me hacía imaginar que bajo los rayos del sol sería aún más deslumbrante. Draktharos lo activó con un brazalete, y en un mágico instante, el cristal comenzó a girar, transformándose en un conector perfecto para el dispositivo de transformación—. Si lo conectas a tu nave, agotará toda tu energía, y las reservas, incluso si las recargas, seguirán disminuyendo. —Oh. —¿Te sorprende? —Sonrió con un atisbo de diversión. Su sonrisa era sensual, revelando una parte de sus afilados colmillos y dos diminutos hoyuelos en sus mejillas. A pesar de su impresionante aspecto extraterrestre, irradiaba un irresistible atractivo. —Sí, es sorprendente —me esforcé por recobrar mi concentración en la tarea, más que en su atractivo. —Cuando viajemos a Zyphronia, puedo enseñarte más sobre nuestra tecnología. —¿No temes que aprenda sobre tu tecnología y la utilice en contra de tu pueblo? —inquirí con un toque de altivez. —Mmm, se podría decir que confío en ti. Sus palabras me hicieron fruncir el ceño, confundida y levemente sorprendida por su significado. Lo más sorprendente, sin embargo, fue cuando, de súbito, se levantó de su asiento y se aproximó al mío. Sus fuertes manos se posaron a ambos lados de mis antebrazos en la silla, y su sonrisa se volvió atractiva y seductora. —Tienes un buen corazón, eres leal a los tuyos y no harías nada a menos que alguien te ataque primero. Tus intentos de aparentar dureza no me intimidan. Inhalé profundamente, conmocionada por su cercanía. Su aliento mentolado se filtraba por mis fosas nasales y su fragancia a plantas exóticas zyphronianas inundaba mis sentidos. Me esforcé por mantener una postura firme y una mirada seria, no deseaba que se diera cuenta del efecto que su proximidad tenía sobre mí, aunque su chispeante deseo y lascivia en sus ojos revelaban que ambos éramos conscientes de la pasión latente, anhelando consumirnos mutuamente. —Tu confianza ciega podría convertirse en un peligro latente, Synthor —respondí, con mi vos ruda. Mi mirada se mantuvo inquebrantable, desafiante, mientras me esforzaba por resistir el efecto magnético que él ejercía sobre mí. No podía permitirme caer presa de la seducción en ese momento, no cuando estábamos en mitad de una misión que podría determinar el destino de mundos enteros. Pero su cercanía, su mirada ardiente y su sonrisa provocativa estaban minando mi determinación. —No me asusta el peligro, ni la pasión, Evad. De hecho, podría decirse que disfruto de ambos. El escalofrío que recorrió mi columna vertebral fue incontrolable. Era una lucha constante, mantener mi fachada impenetrable mientras él, con cada palabra y gesto, socavaba mi fortaleza. Sus dedos acariciaron suavemente mis antebrazos, dejando una huella ardiente en mi piel. —No puedes evitar lo que sientes, ¿verdad, Evad? —susurró Synthor, y su aliento tibio y sensual acarició mi cuello. Mi corazón latía desenfrenado, traicionándome, mientras mi mente luchaba por mantener el control. Era un juego peligroso, un enfrentamiento de voluntades donde cada palabra era un arma afilada y cada contacto, una caricia en el abismo de la pasión. La furia que brotaba en mí no era solo hacia Draktharos, sino hacia mi propia debilidad, hacia el poder que él ejercía sobre mí con su fragancia exótica y su presencia masculina imponente. No podía soportar que se burlara de mis sentimientos, de cómo me afectaba su atractivo alienígena y su impresionante forma física. Sin previo aviso y movida por una mezcla explosiva de deseo y frustración, presioné ambos pies contra su pectoral, empujándolo con todas mis fuerzas. Su cuerpo, que había sido una tentación irresistible, se estrelló hacia atrás con un impacto sorprendente. Unos centímetros de distancia se abrieron entre nosotros, un espacio que mi brusca reacción había forjado. El rostro de Draktharos reflejó sorpresa, y en su mirada, por primera vez, percibí un destello de respeto, como si mi fuerza interna lo hubiera tomado por sorpresa. Dejé que mi cuerpo temblara por la intensidad de mis emociones, y sabía que, en ese momento, había dejado claro que no era solo una frágil humana, sino que tenia una fuerza que él no podía subestimar. —Interesante —susurró, su voz ligeramente ronca, mientras se incorporaba con una elegancia que denotaba asombro y admiración. —No esperaba eso de ti —su sonrisa se tornó más enigmática que seductora. Mordí mi labio inferior, luchando por mantener mi compostura. Sabía que había cruzado una línea, pero no podía dar marcha atrás ahora. —Creo haber mencionado, Draktharos, que los de mi especie no somos tan frágiles como parecemos. Él asintió lentamente, todavía observándome con un brillo travieso en sus ojos. —Tienes razón, y me has dado más que suficientes motivos para creerlo en estos días. El sonido de la puerta de la nave se abrió de repente, rompiendo el momento. Era Brakthar, quien nos miró con una ceja arqueada. — ¿Pasa algo aquí? —Nada de importancia —exclamé, volviendo a lo que estaba haciendo antes de que él iniciara este peligroso y seductor juego. —Les traje comida —dijo, dejando la bandeja en un espacio entre los cables, tornillos y piezas del dispositivo desarmado. Levanté la mirada con un ávido destello de curiosidad, mientras el aroma embriagador de la comida se extendía por el aire, con promesas de exquisita degustación. Mis ojos se posaron en la bandeja que Brakthar había traído, y una tentación incontrolable encendió mi mirada al descubrir dos platos exquisitamente servidos de Gelelixir. Su sustancia gelatinosa y translúcida reposaba sobre una base crujiente y delicada, elaborada con una planta común pero perfectamente preparada para realzar su sabor. —Gracias, Brakthar —respondí mis dedos acariciaron la superficie del plato, sintiendo la textura del Gelelixir en mi piel. Era mi platillo favorito, una delicadeza rara en la galaxia, y Brakthar había conseguido prepararlo a la perfección. El formidable alien asintió, complacido por mi reacción. —Sabía que te gustaría. Disfrútalo. La primera cucharada fue un deleite para mis sentidos. El sabor suave y a la vez explosivo del Gelelixir se deslizó por mi lengua, enviando un hormigueo de placer a través de mi cuerpo. Cerré los ojos momentáneamente, saboreando cada bocado como si fuera un regalo de los dioses. Brakthar, desafiante, lanzó una mirada a Draktharos, retándolo a unirse a esta experiencia culinaria. El hombre de semblante rudo aceptó el desafío y tomó una modesta porción del Gelelixir en su plato. Sus ojos, se iluminaron con genuina sorpresa al probar el platillo, y una aprobación sutil se insinuó en su rostro curtido. —Continuaré con el mantenimiento de la nave —anunció Brakthar, recuperando su actitud profesional y decidida. —No dejen que esta comida se enfríe. Draktharos asintió con la boca ligeramente llena, su voz grave resonando con autenticidad. —Dalo por hecho. Con un simple adiós, Brakthar giró sobre sus talones y se internó en las entrañas metálicas de la nave, dejándonos a Draktharos y a mí solos en el silencio de ese momento. Sin embargo, la magia del instante anterior se había desvanecido. Volvimos a enfocarnos en nuestro trabajo en el dispositivo desarmado, las herramientas zumbando en nuestras manos. El final estaba a la vista; faltaba poco para terminarlo y llevar a cabo unas pruebas. Afortunadamente, todavía contábamos con un precioso margen de tiempo antes de aventurarnos en la tortuosa ruta Ecos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR