Capítulo 12

2238 Palabras
Catorce horas estelares después, nos encontrábamos cerca del punto de encuentro acordado. A través de la ventana, pude apreciar que la nave estaba en mejor forma de lo que recordaba de la última vez. Los chicos habían hecho un trabajo excepcional; apenas mostraba señales de la brutal batalla que había tenido lugar solo un día atrás. Claro, todavía se notaban algunos arañazos y abolladuras, probablemente resultado de los violentos temblores causados por la bestia en Thaloria. Supuse que algunas vigas habían chocado contra la nave o, al intentar esquivar el cuerpo serpenteante del gusano, la nave había colisionado con algo sólido. —Toma. Él me tendió el traje con una mirada imperturbable, como si llevarlo fuera la cosa más natural del mundo. Para él, ese traje era solo un conjunto de materiales y circuitos, pero para mí, era mi salvación, mi única oportunidad de sobrevivir en el cruel y desolado vacío del espacio exterior. ¿Cómo podían los alienígenas soportar con tanta indiferencia la hostilidad del espacio, mientras nosotros, los terrícolas, luchábamos desesperadamente por cada bocanada de aire? En lugar de preocuparme por eso, me concentré en la visión del traje que Draktharos me ofrecía, su forma extraña y los misteriosos resplandores que emitían sus contornos eran hipnotizantes. Era una pieza de tecnología alienígena que parecía más un organismo vivo que una prenda de vestir. —¿Cómo sé que esto funcionará para mí? —pregunté, sintiendo la necesidad de alguna garantía. Draktharos emitió un sonido gutural que parecía ser su versión de una risa. —Tengo un equipo de ingenieros altamente capacitados. Este traje se adaptará a ti y a tus necesidades. No te decepcionará. —Supongo que no puedo negar eso, pero ¿es necesario que tenga este aspecto tan espeluznante? —pregunté, expresando mis dudas. Draktharos hizo una pausa, como si estuviera considerando mi preocupación. —¿Cómo son los trajes que sueles usar, Evadne? —Por lo general, son mucho más ligeros, cómodos y parecen más a un traje normal que esto No quería sonar obsesionada con la moda, y, en realidad, la moda no era mi prioridad; lo que me preocupaba era la comodidad. Sinceramente, a pesar de que este traje se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, se sentía tan pesado que temía que mis extremidades comenzaran a doler por el esfuerzo en poco tiempo. —No puedo imaginar un traje así. Los que venden en los mercados son incluso peores que el que te ofrezco. —Nunca mencioné que mis trajes fueran comprados. Él frunció ligeramente las cejas, intrigado por mi comentario. —¿Entonces, cómo obtienes tus trajes, Evadne? —Son creaciones propias —repliqué con un toque de orgullo en mi voz—. Diseñados y confeccionados por mí misma. Están hechos para ser funcionales y estilosos al mismo tiempo. —Vaya, eso no lo sabía —admitió. —Hay muchas cosas que desconoces sobre mí. —Mi mirada se encontró con la suya, y una extraña sensación de conexión surgió entre nosotros. —Tal vez deberíamos conocernos mejor — continuó él, dando un paso más cerca, sus ojos brillaban con curiosidad y un atisbo de emoción—. Me encantaría ver esos trajes tuyos. Intenté mantener mi distancia emocional, consciente de que esta atracción no podía ser ignorada. Pero mis pensamientos se enredaron en la telaraña de la atracción que había surgido entre nosotros, y luchaba por ocultar mi vulnerabilidad. —Hmm, si tengo tiempo, tal vez pueda enseñarte cómo los diseñe. Él asintió con una sonrisa que iluminó su rostro, sus labios curvándose con una promesa velada. La química entre nosotros era palpable, una fuerza magnética que nos envolvía mientras nuestros ojos se sostenían en un enigmático abrazo visual. —¿Estás lista? —preguntó, su voz suave y profunda. Asentí sin emitir palabra alguna, preocupada de que mi voz pudiera delatar la intensa atracción que estaba sintiendo. Era difícil de creer que esto estuviera sucediendo, y la intensidad del momento me abrumaba. Volví la vista hacia la ventana de la nave, decidida a poner en orden mis pensamientos y emociones. No tenía intenciones ni deseos de sumergirme en pensamientos románticos, mucho menos en enredarme en un romance con él. La sugerencia de que me convirtiera en su reina solo alejaba aún más la posibilidad de desarrollar algún sentimiento hacia él. Me retiré con sutileza, dándole la espalda y asumiendo el papel de comandante. Ya no había espacio para juegos; tenía una misión que cumplir y luego tendría que enfrentar al monstruo que amenazaba la vida en toda la galaxia. Cuando todo esto terminara, cualquier posible relación con Draktharos llegaría a su fin. Cada uno tomaría su propio camino, y así se escribiría el epílogo de esta historia fugaz. Era muy probable que él ni siquiera sintiera algo más que un deseo carnal por mí, y eso, para mí, sería suficiente. *~*~*~*~*~* —Es tan bueno volver a verte, Evad Musitó Aizza mientras sus brazos se cerraban en torno a mí, apretándome con fuerza. Sentí cómo el aire escaseaba en mis pulmones, temiendo que se escapara por completo. —Aizza, si querías matarme... —logré articular, apenas murmurando las palabras mientras luchaba por recuperar el control de mi respiración en aquel abrazo que se sentía como una trampa mortal. La respuesta de Aizza llegó rápida y apresurada, como si hubiera tocado un nervio sensible en ella. Su voz, en lugar de ser amenazante, estaba cargada de angustia, como si hubiera malinterpretado por completo mi reacción. —¡Oh, no, no, no! No creas eso. Finalmente, Aizza soltó su abrazo, permitiéndome tomar profundas respiraciones. Mi breve sensación de paz y alivio se desvaneció de inmediato cuando Korg, visiblemente conmovido, me sujetó con firmeza y me alzó del suelo. Su cuerpo rocoso me aplastaba sin piedad, y sabía que terminaría con marcas en mi piel por su inquebrantable abrazo. —Sigues viva, qué alivio, pensé que no volveríamos a verte —balbuceó Korg, sus palabras temblaban en el aire. La ironía de la situación me hizo esbozar una sonrisa interior; ¿Quién hubiera pensado que la apariencia intimidante de Korg escondería en su interior a un ser tan vulnerable como un niño? Nalor y Harlox se acercaron con rostros serios, reprendiendo a Korg para que finalmente me soltara. Sus ojos reflejaban la preocupación que sentían, y agradecí con un ligero asentimiento el gesto de ayuda. El traje que me había visto obligada a usar para pasar de la nave de Draktharos a la mía había resultado ser una pesada carga, y finalmente logré liberarme de su opresiva presencia con la asistencia de Draktharos. Aizza, tomó el traje en sus manos con desagrado, hizo una expresión de asco al prestarle más atención. —Es realmente horrible y pesado. ¿Cómo pudiste soportar esto para llegar hasta aquí? —preguntó Aizza con genuino asombro, sus ojos clavados en el traje. Intenté enviarle una mirada de advertencia a ella, ya que había sido draktharos quien me había ofrecido el traje a pesar de mis objeciones iniciales. Pareció entender mi mirada y se disculpó antes de dirigirse a dejar el traje en las cabinas junto con los otros. —En el espacio, su peso apenas se notaba —respondí en voz baja, aunque noté que Draktharos permanecía indiferente ante nuestras palabras. Pero rápidamente mi atención se desvió a otro asunto. —¿Dónde está Brakthar? —pregunté. Harlox respondió con una sonrisa que no pude evitar interpretar como algo misterioso —En la cocina, preparando tu platillo favorito. Arqueé una ceja, incapaz de creerlo por completo. —Ha estado inquieto esperando tu regreso, así que... Nalor asintió, complementando la explicación de Harlox. —Tenía que liberar algo de su ansiedad. Sin embargo, la conversación se vio interrumpida abruptamente por un grito agudo que surgió de la boca de Aizza. Todos los ojos se posaron en ella, y yo me volví hacia la escena con curiosidad. Una pequeña bola de pelo se precipitó hacia mí, pasando de largo al resto de presentes. La acogí en mis brazos, pero la sorpresa y desconcierto se reflejaban claramente en el rostro de Aizza. —¿Pero qué es esa cosa? —exclamó claramente desconcertada. Mis hombros se encogieron levemente en respuesta. —Supongo que es nuestro nuevo compañero. La criatura peluda en mis brazos se retorció y emitió un sonido que resonó entre una risa y un gruñido, como si estuviera participando en la conversación. —¡Qué adorable! —exclamó Aizza, mostrando ternura hacia la criatura. Sin embargo, esta la ignoró por completo y trepó a mi hombro, como si buscara un mejor punto de vista. Ella frunció el ceño, un tanto ofendida. —Es igualito a ti —murmuró con un toque de humor, su sonrisa dejando entrever una ligera herida en su orgullo. Las risas de los demás llenaron el espacio, no solo en respuesta al comentario de Aizza, sino también por la escena que la peculiar criatura había creado, añadiendo un toque de diversión a la atmósfera. —¿Cómo se encuentra Lyxar? —pregunté, enfocando mi mente en la misión que aún teníamos pendiente. Un bufido irritable fue la respuesta inmediata, indicando que las cosas seguían igual que antes de mi partida en Thaloria. —Korg hizo lo que pudo, pero, ya sabes, Lyxar no es precisamente una princesa fácil de complacer —comentó Nalor, aportando un toque de humor que delineaba las complicaciones de la situación. Harlox intervino con un tono juguetón: —Sí, aunque creo que logró conquistarla. El rostro de Korg cambió repentinamente, adoptando una expresión de dolor. —No deja de perseguirme, Evad, por favor... La voz de la princesa Lyxar se hizo presente, llamando a Korg con insistencia, su tono casi infantil resonando en el aire. —Korgi, Korgiii —se escuchó a lo lejos, y el semblante rocoso de Korg palideció, si eso era posible, revelando que el encanto de la princesa no lo dejaba en paz. La princesa Lyxar, con su voz aguda y pegajosa, se acercó rápidamente, su presencia como un rayo de estridencia en medio del ambiente. —¡Oh, Korg! ¡Korgi, dónde estás, mi amorcito! —exclamó, cuya voz parecía haber sido diseñada para irritar los tímpanos de cualquiera. Korg suspiró profundamente, resignado a su destino, y se giró para enfrentar a la princesa. Ella apareció frente a él, con un vestido brillante y una corona que parecía haber sido confeccionada con cristales parpadeantes, una imagen de extravagancia y capricho. —¡Mi valiente Korgi! —exclamó, abrazándolo con fuerza. Los demás observaban con diversión la escena, conscientes de que Korg estaba atrapado en la telaraña de la princesa. Ella se aferró a él como una lapa y comenzó a hablar sin cesar, sin darle un solo momento de respiro. —Korg, ¿qué opinas de tener un Orbowl como mascota? ¡Sería tan fascinante! —preguntó, sus ojos brillaban con la emoción de la idea. Korg, con una sonrisa forzada que apenas disimulaba su desesperación, asintió y trató de ocultar su agobio. Sus ojos buscaron los míos, suplicando que lo rescatara de aquella asfixiante situación. Carraspeé para captar su atención y, con un gesto serio, crucé los brazos. —Lyxar. —Evadne —respondió ella, su sonrisa desapareció al sentir mi presencia. —Puedes poner fin a la tortura de Korg, Lyxar —demande con firmeza, buscando terminar con una situación que, aunque podía resultar cómica para algunos, claramente estaba minando la paciencia de mi leal tripulante. La princesa Lyxar soltó a Korg con renuencia, su expresión pasó de la emoción a la indignación en un abrir y cerrar de ojos. —Necesito informes detallados de las condiciones en las que nos encontramos —demandé con firmeza, apartando la atención de la dinámica entre Korg y Lyxar hacia los asuntos más urgentes de nuestra misión. Nalor y Harlox intercambiaron una mirada antes de que Nalor se adelantara, ofreciendo un resumen conciso de la situación en una tableta. Nos dirigimos a una sección de la nave que, en otros momentos, servía como lugar de descanso y relajación, pero que también se convertía en el epicentro de nuestras discusiónes para asuntos cruciales. Aizza se había marchado en busca de Brakthar, y mientras avanzábamos, estudiaba detenidamente la información en la tableta que Nalor me había proporcionado, tratando de comprender a fondo el estado de la nave y la gravedad de nuestra situación. Nalor continuó explicando la situación con una voz serena y precisa mientras nos acomodábamos en el área de reuniones. Las luces tenues y el constante zumbido de la nave creaban una atmósfera que contrastaba notablemente con la estridencia de la princesa Lyxar, quien felizmente había quedado atrás. —Evad, la verdad es que no estamos seguros de si podemos aventurarnos en otro salto sin correr riesgos —advirtió Harlox, su semblante marcado por la inquietud. Aizza regresó a la sala en compañía de Brakthar, y de inmediato, la atmósfera se llenó de la tensión que siempre precedía a estas conversaciones cruciales sobre el curso de acción a seguir. Draktharos, se unió a la discusión con una mirada cargada de determinación y la sabiduría que solo los años de experiencia podían otorgarle. Era conocido por su devoción inquebrantable hacia su pueblo y su capacidad para enfrentar peligros y forjar alianzas en los momentos más oscuros. La conversación fluía con la seriedad del deber a medida que considerábamos las opciones y evaluábamos los riesgos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR