El vasto abismo del espacio se extendía ante nosotros, con el imponente planeta Neptara convirtiéndose en un diminuto punto en el horizonte galáctico. La majestuosidad del universo, con sus constelaciones titilantes y nebulosas danzantes, siempre ejercía un efecto hipnótico en mí, como si el cosmos mismo susurrara secretos a nuestros corazones.
Draktharos, de figura imponente, rompió el silencio. —Nunca dejas de sorprenderme.
Mis labios se curvaron en una sonrisa, llena de emoción contenida. —Mi plan funcionó a la perfección.
—Él jamás sabrá que lo pateamos por la espalda —Draktharos asintió, su presencia poderosa destacando en medio de la quietud del espacio. —¿Cómo supiste que caería en nuestra trampa?
Después de ejecutar con éxito nuestra astuta estrategia para confundir a Drell al manipular sus propios hologramas, nos enfrentamos a un desafío aún mayor: recuperar el valioso mapa que él llevaba consigo.
No fue una tarea sencilla, pero una vez que finalmente aseguramos el mapa y nos encontramos a salvo en su nave, establecí un punto de encuentro para reunirme con mi propia tripulación y nave.
—No lo supe —respondí, dejando la respuesta enigmática en el aire.
—Te debo una disculpa —lo miré con una expresión de confusión en mi rostro—. Todos estos años te juzgué mal y me burlé de ti.
—Hum, también tuve mis prejuicios sobre ti, así que estamos a mano.
Compartimos una sonrisa suave mientras continuábamos observando el espacio estelar que se extendía ante nosotros. A pesar de haber pasado por tantas dificultades y desconfianzas mutuas en el pasado, parecía que finalmente habíamos encontrado un entendimiento.
—¿Tienes hambre? Después de los últimos sucesos, no te he visto comer nada, y tu cuerpo necesita comida para recuperarse.
—Supongo que no estaría mal comer algo.
Nos encaminamos hacia la entrada del comedor de la nave, y a medida que nos acercábamos, la dulce fragancia que se desprendía de la cocina automatizada inundó nuestros sentidos. Los dispositivos robóticos llevaban a cabo su labor culinaria.
El comedor nos recibió con un diseño que evocaba los recuerdos de mis visitas a las academias espaciales durante mi juventud, grandes mesas de metal pulido se alineaban en filas, con sillas ergonómicas dispuestas a su alrededor. La iluminación suave creaba un ambiente acogedor, y en el centro de la sala, una gran ventana ofrecía una vista panorámica del espacio estelar, permitiendo que las estrellas y los planetas se convirtieran en nuestro telón de fondo mientras comíamos.
—¿Vienes a menudo aquí? —pregunté a Draktharos.
—Es el lugar más agradable para comer —respondió con una sonrisa.
En ese momento, Kalixia se unió a nuestra mesa, acompañada por una mujer de rasgos humanos y tres miembros adicionales de la tripulación.
—Hola, Evad. ¿Te importa si te llamo así? —Negué con la cabeza—. Genial, permíteme presentarte a Ry'gath, un experto botánico especializado en biomas alienígenas, y a Nyara, la implacable líder de seguridad de nuestra nave —anunció, mientras cada uno asentía cortésmente antes de empezar a disfrutar de la comida.
—Hola, soy Jane, me encargo del mantenimiento —añadió una voz serena.
Sin embargo, la sorpresa más impactante estaba por llegar. Un hombre con una mirada intrigante se acercó a nosotros, revelándose como Razzik.
—Evadne, ¿verdad? Un nombre tan hermoso como su dueña. Permíteme presentarme, soy Razzik, —pronunció con un tono suave que resonaba como una melodía en medio del bullicio.
Kalixia no perdió tiempo en intervenir, despreciando al recién llegado con determinación.
—Ignórenlo, él no es importante.
Razzik, sin embargo, no se dejó amedrentar.
—Kali, mi querida, sé que la envidia te consume al ver que otra belleza deslumbra en tu presencia, pero debes entender que mis ojos también reconocen tu esplendor.
El desprecio de Kalixia se manifestó claramente en un gesto fruncido mientras jugueteaba con un trozo de comida, lo que arrancó risas discretas al resto de la mesa. Parecía que estos dos tenían un historial de enfrentamientos frecuentes.
—¡Ugh! ¡Repugnante asno! —masculló entre dientes.
Le guiñó un ojo a Kalixia y luego tomó asiento frente a mí en la mesa.
—Parece que tienes un talento innato para causar una buena impresión.
—Por favor, no lo alientes —dijo Nyara con una risa divertida.
—No lo dudes ni por un segundo, belleza. He oído muchas historias fascinantes sobre ti, Evadne.
—Es extraño, suelen ser al revés y además, las tienden a exagerar.
A partir de ese momento, nuestras conversaciones se tornaron amenas y vibrantes. El grupo se envolvía en risas espontáneas y sonrisas cómplices, creando un ambiente verdaderamente agradable. Razzik, siempre juguetón, no dejaba de hacerle bromas a Kalixia, lo que provocaba risas contagiosas en todos nosotros.
Por mi parte, me sumergía en conversaciones profundas y, a menudo, divertidas con las chicas. En mi nave espacial, la compañía constante era Aizza, mi única y leal amiga desde tiempos inmemoriales, que había estado a mi lado desde que éramos apenas unas niñas.
Recordaba claramente el día en que nos conocimos. La ciudad bullía de actividad, como siempre, pero ese día en particular, un panadero enojado la acusó de haberle robado.
—¡Eres una ladrona de poca monta y debes pagar por ello! —gritaba el panadero, con el rostro congestionado, sujetando con fuerza los brazos de una niña en un callejón sin salida. En aquellos recovecos sombríos, era común que las disputas acabaran mal, ya fuera por robos, cuentas pendientes, estafas o cualquier otro problema pendiente.
—¿Ladrona? —la niña esbozó una sonrisa socarrona y desafiante—. Deberías considerarte afortunado de que mi creatividad solo se haya empleado en eso.
El comerciante, un individuo de complexión robusta con la barba descuidada, arrugó su frente llena de ira, sus ojos inyectados de furia, mientras arremetía con acusaciones.
—¡No toleraré que me insultes, mocosa! —gritó el comerciante, apretando los dientes—. ¡Si la policía no se encarga de ti, entonces lo haré yo mismo!
Justo cuando el comerciante alzaba la mano para lanzar un puñetazo, agarré un viejo cubo de basura que estaba en un rincón.
—¡Eh, tú! ¡Déjala en paz! —lancé el cubo hacia el panadero.
Este, enfurecido por la interrupción, apartó la mirada de la joven por un instante para esquivar el cubo. Fue entonces cuando la chica aprovechó la distracción para liberarse de su agarre con movimientos rápidos y decididos. Corrimos lejos de ese callejón, buscando una vía de escape entre las estrechas calles de la ciudad.
—Sígueme, conozco un lugar donde podemos escondernos —le dije sin detenernos
—S... sí, está bien —respondió ella, con la voz temblorosa.
Nuestra huida nos llevó a través de un laberinto de calles estrechas y callejones sombríos, mientras el panadero enfurecido seguía persiguiéndonos de cerca. Nosotras no nos detuvimos corríamos con determinación, sorteando obstáculos y girando en esquinas con agilidad, impulsadas por la urgencia de encontrar un lugar seguro.
Finalmente, la lleve a un rincón oculto detrás de una vieja tienda abandonada
—Eso estuvo cerca, ¿verdad? —pregunté, mirando a niña con una sonrisa nerviosa.
Ella asintió, aún temblando por la adrenalina de la situación. Mantuvimos un silencio tenso mientras los pasos del panadero resonaban cerca de donde nos encontrábamos. Finalmente, cuando nos dimos cuenta de que el peligro había pasado, nos relajamos un poco.
—Sí, pero gracias a ti, salimos de esa. Mi nombre es Aizza —dijo ella, extendiendo su mano llena de tierra hacia mí. Su aspecto reflejaba que, al igual que yo, parecía que nadie se había preocupado mucho por ella.
—Evadne —respondí, estrechando su mano con una sonrisa.
La pregunta de Jane surgió como un faro en la nebulosa de mis pensamientos, arrancándome de mis recuerdos que parecían estar a años luz de distancia.
—¿Qué te llevó a Thaloria? —inquirió con una mirada penetrante que sugería que buscaba más que una simple respuesta.
—¿Qué podría llevar a alguien más a Thaloria? —respondí, con un tono que insinuaba que aquel planeta distante era una elección natural para aquellos inmersos en el comercio intergaláctico—. ¿Y ustedes?
Fue Ry'gath quien tomó la palabra a continuación, su voz profunda resonando en el espacio confinado de la nave. —Un tipo llamado
Korg dijo que tenían la nave destrozada.
Mi reacción no pudo ser otra que un suspiro de exasperación.
—El viaje a Thaloria se complicó —contesté, manteniendo un firme contacto visual con Ry'gath. Entre todos los presentes, este extraterrestre parecía ser el más serio, pero había tratado con otros de su misma calaña, así que ni me inmuté—. ¿Por qué Thaloria?
Su propio planeta les brinda todo lo que necesitan. No creo que sea el lugar más apropiado para elegir un regalo.
Ry'gath emitió una respuesta medida —Thaloria es conocido por ofrecer lo que otros mundos no pueden igualar.
—Las traiciones y los engaños son moneda corriente allí. A menos que sepas cómo lidiar con esa gente, podrías terminar cayendo en una trampa bien elaborada.
Draktharos, quien había permanecido en silencio hasta ese momento, intervino. —A veces, es necesario asumir riesgos para obtener lo que realmente deseas.
—No es un lugar para los ingenuos. —afirmé con gravedad.
Ry'gath prosiguió con su cuestionamiento: —¿Cuánto conoces sobre Thaloria?
—Lo suficiente como para saber que Thaloria es un lugar donde la supervivencia a veces exige engañar y robar durante toda una vida.
Él sonrió, mostrando parte de sus afilados dientes.
—Mmh —fue toda su respuesta antes de levantarse y marcharse del comedor.
—Le has caído bien.—comentó Draktharos.
—Uh, qué envidia, a mí me tomó años —dijo Nyara con un puchero, bebiendo un gran trago de su bebida alcohólica—. Rara vez he visto a ese bastardo sonreír.
Kalixia intervino con un grito exagerado. —¡Ay! ¡Santo cielo! —agarró a Nyara del brazo y la cargó sobre su hombro mientras salían del comedor— ¡Ni se te ocurra vomitar en la comida!
La risa de Jane llenó la habitación.
—Fue un placer conocerte, Evadne. —dijo con una sonrisa, cálida y genuina.
Asentí, compartiendo el sentimiento de Jane. Ella pellizcó el brazo de Razzik, quien se aferraba a su asiento con terquedad, ignorando la señal evidente de que era hora de partir. Aunque dejó escapar una queja, Jane logró persuadirlo con una mirada llena de disculpas antes de desaparecer detras de la puerta del comedor.
Finalmente, quedamos solos en aquella mesa de comedor, y el silencio se volvió un tanto incómodo. Draktharos lo rompió con una pregunta:
—¿Creciste en Thaloria?
Mis ojos se encontraron con los suyos y negué sutilmente con la cabeza, manteniendo una mirada firme pero cautelosa.
—No, pero la vida me obligó a adaptarme a diferentes mundos a lo largo del tiempo.
Un leve asentimiento de su parte reveló su intriga ante mi respuesta.
—Por eso eres excepcional en lo que haces, ¿verdad?
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios mientras consideraba su elogio.
—No somos más que supervivientes, Draktharos, haciendo lo que podemos para asegurarnos de que nunca falte comida en nuestra mesa —contesté con humildad.
Sus ojos brillaron con un atisbo de admiración mientras asentía de nuevo.
—Supervivientes, sin duda. Pero también cazadores de peligros, navegando entre sombras y desafiando a la muerte en cada esquina. Eres más que una simple superviviente, Evadne. Eres una guerrera en un mundo de depredadores.
—¡Guerrera, dices! —exclamé con una risa contagiosa, arqueando una ceja con retadora diversión.
—Mmm, sí. Una esposa guerrera sería justo lo que necesito.
—¿Una esposa guerrera? —murmuré, desafiante, sintiendo una corriente eléctrica recorriendo mi piel cuando su aliento acarició mi mejilla.
Draktharos se aproximó aún más, sus labios rozando los míos de forma tentadora, sin atreverse a cruzar la línea invisible entre nosotros.
—Sí, una esposa que comparta mi mundo, que muestre valentía ante el peligro, que defienda con lealtad a su pueblo como tú haces con tu tripulación, alguien apasionada como tú, Evadne.
Me encontraba atrapada en el torbellino de sus palabras y su proximidad, pero al mismo tiempo, luchaba por mantener mi firmeza.
—No soy el tipo de mujer que busca compromisos, Draktharos. No soy la que espera en casa a que su esposo guerrero regrese para una comida caliente, besos y abrazos.
Él sonrió, pero su mirada ardía con una resolución inquebrantable.
—Y eso es precisamente lo que me atrae de ti, Evadne. Tu independencia, tu valentía, tu pasión por la vida y la supervivencia. Eres como una llama en la oscuridad, y no puedo evitar querer estar cerca de ti, incluso si eso significa desafiar tus reglas.
Draktharos acarició suavemente mi mejilla, sus dedos trazando líneas invisibles sobre mi piel.
—No te estoy pidiendo que cambies quien eres, Evadne. Estoy buscando a alguien que se complemente con mi mundo, no que se convierta en una sombra de él. Alguien que desee explorar la pasión de la vida y enfrentar los desafíos junto a mí.
Sus palabras ardían con una sinceridad que me conmovía. Mi corazón latía con fuerza, y el aire entre nosotros vibraba con una tensión palpable.
—¿Y si no quiero ser parte de tu mundo? —susurré, sin apartar mis ojos de los suyos.
Se inclinó más cerca, su aliento entrelazándose con el mío en una danza peligrosa.