Capítulo 7

2201 Palabras
El alienígena asintió lentamente, pero sus ojos continuaron escudriñándome con una intensidad inquietante. Su presencia imponente llenaba el estrecho pasillo, dejándome más fuera de lugar que nunca. —Muy bien. Acompáñame —dijo con un gesto que me indicaba que lo siguiera. Mis pasos resonaron en el suelo metálico mientras avanzábamos juntos por los pasillos anchos, iluminados por luces parpadeantes de colores extraños. El alienígena finalmente se detuvo frente a una imponente puerta de metal y se volvió hacia mí con una pregunta inquisitiva. —Antes de continuar, necesito saber: ¿Qué tipo de problema en los sistemas de navegación estás aquí para resolver? Era un momento crítico, y sabía que mi respuesta debía ser convincente. —Tenemos un problema crítico con las coordenadas de navegación. Parece que están desviando nuestra ruta hacia un área peligrosa del espacio, y el Comandante quiere que lo solucionemos de inmediato. El alienígena asintió, aparentemente satisfecho con mi respuesta. —Sigue adelante, entonces. Veremos qué puedes hacer. Recuerda, estás siendo observada. No intentes nada sospechoso. Asentí con determinación mientras él me observaba por un breve instante más. Finalmente, inclinó la cabeza en señal de entendimiento y dio un paso hacia atrás. Sin emitir ni una sola palabra, se alejó por el estrecho pasillo, abandonándome frente a la sala de control. Un suspiro de alivio llenó mis sentidos cuando el alienígena desapareció de mi vista. Con sumo cuidado, comencé a trabajar en el panel de control. Activé mi comunicador y susurré con voz tenue: —Aizza, Kalixia, ¿me están recibiendo? La voz de Kalixia respondió al instante: —Estamos aquí, Evadne. ¿Cómo va todo? —Estoy accediendo a su sistema, mi tiempo con el traje activado se agota rápidamente. —Descuida, estamos esforzándonos por integrarnos a tu entorno y tomar el control del sistema antes de que detecten nuestra presencia. —agregó Aizza. Mis dedos volaban sobre el panel de control mientras trataba de desentrañar los intrincados códigos de navegación de la nave alienígena. —Evadne, hemos logrado infiltrarnos en su sistema de seguridad. —Puedes regresar con Draktharos, nosotros nos encargaremos a partir de aquí. —sugirió Kalixia. Con un asentimiento invisible, me preparé para abandonar el panel de control y reunirme con Draktharos. —Perfecto —me volví para encontrarme de nuevo con el alienígena que me había guiado hasta allí. Su mirada seguía siendo escudriñadora mientras me alejaba del panel de control. —Ya pude reparar el daño con las coordenadas. Voy a regresar con mi compañero —informé al alienígena con un tono de autoridad que esperaba que resultara convincente. El alienígena gruñó, su expresión visiblemente desconfiada. —Muéstrame. A través del dispositivo en mi oído, pude escuchar la voz de Draktharos: "Estoy en el camarote, sin problemas por mi lado. Voy a revisar la ubicación del mapa." Sentí un nudo en el estómago. El tiempo apremiaba, y me quedaban pocos minutos para revertir la transformación y reunirme con Draktharos. "Evadne, ¿estás en camino?", preguntó con urgencia. —Ocurrió un pequeño percance —logré susurrar, aunque el alienígena frente a mí escuchó mis palabras y su actitud se volvió aún más defensiva mientras se acercaba. Por el auricular, escuché las maldiciones de Draktharos. —¿Cómo? —exclamó el alienígena, visiblemente confundido por mis palabras. —Quiero decir... claro, ven, te mostraré mi trabajo —corregí apresuradamente, tratando de mantener la compostura mientras el tiempo se agotaba. "Thorne, ni se te ocurra cometer una locura, estoy en camino", advirtió Draktharos a través del auricular. La tensión en el aire era palpable mientras la situación se volvía cada vez más delicada. El alienígena, aún lleno de desconfianza, dio unos pasos cautelosos hacia mí. Sus ojos escrutaban cada movimiento que hacía. Finalmente, llegó lo suficientemente cerca del panel de control y examinó las coordenadas restauradas con detenimiento. —Demuéstrame que has reparado las coordenadas correctamente —dijo con un tono demandante. Mi mente se aceleró mientras buscaba desesperadamente una estrategia para ganar tiempo. Inhalé profundamente y, en un movimiento audaz, me lancé hacia adelante con agilidad, logrando empujar su cuerpo unos centímetros más allá. Aproveché al máximo la sorpresa que mi acción generó, ejecutando un giro rápido para barrer sus piernas y, al mismo tiempo, agarré una herramienta que yacía cercana. En un movimiento fluido y veloz, dirigí un certero golpe a la cabeza del alienígena, dejándolo inconsciente antes de que tuviera la oportunidad de reaccionar. Mientras el alienígena yacía inconsciente a mis pies, escuché el sonido apresurado de pasos acercándose hacia donde estaba. Levanté mi rostro para ver a Draktharos, cuyos ojos se abrieron ampliamente de asombro al encontrarse con la escena frente a él. Allí, en la sala de control de la nave alienígena, un formidable extraterrestre yacía inmóvil. Draktharos parpadeó varias veces, claramente incrédulo. —¿Cómo...? —susurró, su voz llena de asombro y admiración, mientras sus ojos se posaban alternativamente en mí y en el alienígena inconsciente. —Nunca subestimes a una humana —le dije con una sonrisa, tratando de disimular la satisfacción que sentía por haber superado esa situación con éxito. Se recompuso y asintió con admiración. —Tienes razón, ya hablaremos de eso. —Tenemos compañía en camino, chicos —advirtió Aizza a través de nuestros auriculares—Parece que han detectado la ausencia de su compañero. —Permíteme encargarme de eso. —susurró con una sonrisa enigmática. Los intrusos alienígenas hostiles irrumpieron en la sala de control con sus armas alienígenas en mano. —Entendido, colaboraré con las chicas para desactivar su sistema de alarmas. Se puso en posición de combate de inmediato. Sus ojos brillaban con una determinación feroz mientras se preparaba para enfrentar a sus enemigos, quienes vestían armaduras relucientes y portaban armas letales que destellaban en la penumbra. Los rostros de los intrusos se retorcieron en una mueca siniestra al detectarnos. Rápidamente, se abalanzaron sobre nosotros, y sus armas relucieron en la tenue luz de la sala de control mientras nos atacaban con ferocidad. Draktharos sacó su espada de energía, creando un escudo improvisado para protegerme de los disparos y proporcionarme el tiempo suficiente para ponerme a trabajar en el panel. El sonido ensordecedor de las armas láser y el choque de las cuchillas crearon una sinfonía mortífera que inundó la sala. En medio de ese caos letal, él se destacaba con una valentía indomable, moviéndose con una gracia fluida y elegante, esquivando los disparos enemigos con la precisión de una danza cósmica. Con cada movimiento, desafiaba a la muerte misma. —¡Cuidado detrás de ti! —advertí, la urgencia en mi voz reflejando la tensión palpable en el aire. Un adversario formidable, armado con una espada energética avanzada, avanzó con un giro letal hacia él. Con una rapidez asombrosa, logró esquivar el ataque, rodando por el suelo en una maniobra audaz. Su mente ágil y astuta trabajó en sincronía con sus músculos, y antes de que el enemigo pudiera reaccionar, Draktharos utilizó la espada enemiga contra su portador. El choque de las cuchillas fue como una chispa de electricidad en la oscuridad, y en un instante, el atacante quedó vulnerable, su destino sellado. —Gracias, Thorne —susurró con gratitud, su mirada concentrada en el caos que nos rodeaba. Un alienígena robusto, con los músculos tensos y los ojos llenos de ira, se abalanzó hacia él con un puñetazo que parecía destinado a ser letal. Pero Él, siempre un paso adelante, esquivó el golpe por una fracción de segundo. Con una patada rápida y precisa, desestabilizó a su oponente, enviándolo contra una consola cercana. El choque metálico y el gemido del alienígena resonaron en la sala, dejándolo fuera de combate momentáneamente. —De nada —respondí mientras lanzaba una cuchilla láser directamente al corazón de un alien que se disponía a atacarlo por la espalda, derribándolo en el acto. Justo cuando estábamos a punto de ser descubiertos, con la ayuda de Aizza y Kalixia, logramos desactivar por completo el sistema de alarma antes de que toda la nave se enterara de que estábamos allí. La tensión en la sala disminuyó gradualmente a medida que el caos de la batalla se transformaba en alivio y satisfacción por haber superado este peligro inminente. —¿Lograste encontrar el mapa? —pregunté con un atisbo de desesperación en mi voz. —No, lamentablemente no se encontraba en ese lugar —respondió, y la frustración se apoderó de mí, inundándome como una ola. No pude evitar soltar una maldición en un momento de exasperación. —¡Demonios! —Pero tu instinto tenía razón. El mapa estaba en su habitación, aunque parece que se lo llevó consigo —añadió con un tono de comprensión en su voz. Fruncí el ceño, necesitaba entender cómo estaba tan seguro. —¿Cómo puedes estar tan seguro? —Había una caja escondida en su armario. Asentí, reconociendo que mi intuición había sido acertada. —Oh... —Chicos, tienen que salir de allí. Drell está en camino hacia la nave, y no pasará mucho tiempo antes de que se den cuenta de que están ahí. Miré a Draktharos con una mirada decidida. —No podemos marcharnos sin el mapa. Él frunció el ceño, pero sabía que tenía razón. —¿Tienes algún plan en mente? —preguntó con una mezcla de preocupación y curiosidad en su voz. Sin embargo, su voz denotaba cierta resignación, como si estuviera mentalmente preparado para un plan descabellado. Sonreí, y una chispa de anticipación brilló en sus ojos. —Por supuesto que lo tengo. Drell, un líder cuya malicia era casi tangible, cruzó el umbral de su nave con una presencia que irradiaba maldad. Cada paso resonaba ominosamente en los pasillos, y sus ojos crueles y gélidos escudriñaban a su tripulación con desprecio. El vínculo que mantenía con sus seguidores se basaba en el miedo y la b********d, y nadie se atrevía a enfrentarlo de manera abierta. Un m*****o tembloroso de su equipo se aproximó con voz apenas perceptible.—Jefe, hay problemas en la sala de control.— Drell frunció el ceño, tomando medidas inmediatas. —¿Qué tipo de problema? ¿Quién está involucrado? El subordinado titubeó antes de responder: —Parece una discusión intensa, jefe. Dos de nuestros hombres están en el medio de una confrontación. Drell asintió y se dirigió con rapidez hacia la sala de control, seguido por su ansioso subordinado. Al ingresar, se encontró con una escena caótica. Dos de sus tripulantes, con rostros retorcidos por la ira y la hostilidad, estaban en el epicentro de una acalorada disputa. Uno de ellos, con una voz grave cargada de hostilidad, acusó al otro. —¡No puedes seguir ignorando esto, Blake! ¡Esto es inaceptable! Blake, el otro m*****o de la tripulación, se defendía con fervor. —¡No tengo idea de lo que estás hablando, Jackson! No estás viendo las cosas claramente. La sala de control estaba saturada de tensión y confusión mientras el resto de los tripulantes observaba la confrontación con ansiedad. Drell, con su presencia imponente, se hizo presente en el centro del conflicto. —¡Basta! —rugió Drell, su voz llenando la sala y silenciando la disputa instantáneamente.— ¿Qué está pasando aquí? Los dos tripulantes se giraron hacia Drell con expresiones de sorpresa y temor, no esperaban la llegada de su líder en ese momento. Jackson, el primero en hablar, se apresuró a explicar la situación. —Jefe, Blake aquí ha estado actuando de manera extraña últimamente. Ha estado hablando en voz baja con otros miembros de la tripulación, y tengo razones para creer que está ocultando algo importante. Drell dirigió su mirada penetrante hacia Blake, quien se defendía con una mezcla de nerviosismo y desafío. —Jefe, esto es un malentendido. No estoy ocultando nada. Solo he estado tratando de resolver algunos problemas técnicos en la nave. La mirada de Drell se mantuvo intensa mientras evaluaba a ambos tripulantes. Sus sentidos alienígenas detectaron algo inusual en la situación, pero no podía poner el dedo en ello. —Jackson, ¿tienes pruebas concretas de lo que estás afirmando? Jackson titubeó por un momento antes de responder. —No, jefe, no tengo pruebas sólidas. Pero algo en su comportamiento simplemente no cuadra. Hay algo que no nos está diciendo. Drell pareció considerar la situación por un momento. No podía permitir divisiones en su tripulación, pero tampoco podía ignorar una posible amenaza. —Blake, te daré una oportunidad para aclarar las cosas. Si estás ocultando algo importante, ahora es el momento de hablar. Blake sudaba visiblemente mientras miraba a Drell. Sabía que su lealtad y su vida misma estaban en juego en ese momento.—Jefe, realmente no estoy ocultando nada. Mi único objetivo es mantener esta nave en funcionamiento y asegurarme de que lleguemos a nuestro destino. La tensión en la sala de control persistió mientras Drell se retiraba, dejando a Jackson y a Blake con una incómoda sensación de mutua desconfianza. Intercambiaron una mirada cómplice y sus cuerpos comenzaron a destellar antes de disolverse en una serie de luces parpadeantes hasta desaparecer por completo. Nadie más en la nave sospechaba que el verdadero problema no era la disputa entre estos dos tripulantes, sino la presencia oculta de Evadne y Draktharos.
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