Kael Deveraux El sudor frío me resbalaba por la nuca mientras Volkov me apuntaba. La imagen de Marek, de lo que le había hecho a Selene, se superponía con la rabia que este bastardo me provocaba. Estaba en el suelo, la pierna me ardía con una punzada constante, y su arma, fría y letal, me apuntaba. Este no era Marek, pero era su cómplice, y su presencia aquí, en esta ratonera de túneles, solo significaba que el juego era más grande de lo que imaginaba. Sus ojos brillando con una luz cruel bajo el tenue haz de mi linterna. Saboreaba cada palabra, cada segundo de mi humillación. Sentía una opresión en el pecho, una mezcla de humedad. Óxido seguía percibiendo en mi nariz, mezclado con el hedor rancio de la venganza. Quise levantarme, destrozarlo con mis propias manos, pero el dolor en mi

