Kael Salí del galpón con Selene en brazos, sintiendo su respiración agitada contra mi cuello. Su cuerpo, un peso frágil y desolador, pero cada fibra en mis brazos gritaba que era mía, y que estaba a salvo. El alivio inundó cada poro, dulce y casi insoportable, pero debajo, una furia helada, como hielo cortante, hervía en mis venas. Sus cabellos rozaban mi mejilla, un aroma a pólvora y a su piel... y un leve hedor de la mugre de ese maldito hombre, aún pegado a ella. Me apreté los dientes. ¿A salvo? No hasta que Marek estuviera pulverizado. —Tranquila, ya estás conmigo —le susurré, aunque mis dientes seguían apretados por la rabia. La voz me salió rasposa, pero necesitaba que me escuchara, que supiera que estaba allí. Ella no dijo nada, pero sus dedos, pequeños y aún débiles, se afe

