¿Qué jodidamente estaba haciendo? ¿Acaso sólo pensaba con la cabeza de allí abajo? Por Dios, ella era la presidenta de este puto sitio. Éste era su edificio, su ascensor. Todo este imperio era suyo. Y yo la tenía arrinconada con mi cuerpo contra la pared de espejo de la caja metálica. Posé ambas manos a los lados de su cara, en la pared. Sentía su cercanía como la leve brisa caliente de un día de verano. Infundiéndome su calor... Su energía. Quería comerla a besos. ¿Cómo no querer hacerlo cuando sus ojos me miraban esperando mi movimientos? ¿Cómo resistirme a esos labios entreabiertos que me llamaban a besarlos? ¿Cómo, si era un simple mortal, podía resistirme a su pequeña cintura, esperando que la envolviera entre mis brazos y no la soltara hasta hartarme? Sonreí cuando noté sus me

