Dejé el maletín en el asiento trasero al mismo instante que bajaba a Iván de su nueva silla de seguridad. -Vamos, campeón.- Cuando estuvo abajo del nuevo auto familiar que teníamos, me apresuré a cogerlo de la mano para ir a abrirle la puerta del copiloto a Melissa, pero cómo no, ella ya se había bajado por sí sola. -Te dijeron que no tenías que hacer fuerzas.- La recriminé. -Mamá es porfiada, papá.- Dijo Iván. Un Iván que hablaba demasiado para su edad de seis años. Supongo que las nuevas generaciones venían más estimuladas, porque yo a su edad era casi como una fotografía: No movía ni un solo pelo a menos que me fuera permitido hacerlo. -Mamá es capaz de bajar del auto. Le dijeron que no podía cargar sacos de harina, no bajarse del auto, mis amores.- Dijo en su tono risueño al que
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