—Sobrino.— Esteban aparece por el marco de la puerta con una sonrisa pícara. Jay coloca sus ojos en blanco, no por él en realidad, sinó que por su padre. —No ayudará de nada.— Sisea. No hace más de veinte minutos habían sido participes ambos de una discusión para nada amigable, y por sobre todas las cosas, de un intercambio de ideas que no había llegado a una conclusión y menos que menos en ponerse de acuerdo ninguno de los dos. —¡Vamos, sobrino, dame el beneficio de la duda!— Bromea. —Ya se lo que me vas a decir.— Bufa rodeando los ojos. Su tío niega haciendo una mueca con la cabeza, —¿Vamos a tomar una cerveza?— Propone haciendo un movimiento con la cabeza. Jay lo mira arqueando sus cejas, conocía a la perfección Esteban y también sabía cada uno de sus trucos, para poder meterse en

