Lucius abre la puerta de su casa, esa misma casa en dónde, desde hace ya tres meses y dos días, qué vivía con tres de los hermanos Sunnin. —No puede ser...— Traga saliva. Desde el día uno en que llegó a la propiedad, qué se quiso ocupar de pagar el alquiler de la misma, le parecía una falta de respeto que los chicos le hubieran permitido vivir allí con ellos, hasta que la busqueda se terminará, y es por eso mismo qué quería poder aportar algo desde su perspectiva. Al principio había costado un poco que Ray, fuera quién aceptará que solamente Lucius abonará el alquiler, teniendo en cuenta que ellos eran más y que no había incovenientes en colaborar todos. —Hola, hermano.— Sonríe Esteban. Lucius sonríe negando con la cabeza. —Te dije que no era necesario que vinieras, Esteban.— Murmura

