Jay suspira rodeando los ojos cuándo escucha que la puerta se abre. Ray ríe cínico. —Se qué no querés ver a nadie, pero no voy a irme, hace un año te busco cómo un condenado.— Le hace saber alzando sus manos, en un módico gesto de tranquilidad.—¡Así qué me importa una verdadera mierda tu mal humor!— Agrega arqueando sus cejas. Jay suspira, una vez más, con una sonrisa jocosa en sus labios. —¡Sos un desgraciado!— Se queja divertido. Ray se acerca, y no puede evitar darle un efusivo abrazo. Había tenido tanto miedo de olvidarse de su rostro, de qué no pudiera reconocerlo, miedo de que Jay no volviera. Y ahora que lo tenía frente a sus ojos no podía hacer más que llenarse de felicidad y sentir una efusión que comenzaba a crecer desde lo más profundo de su interior. —¡Te extrañe tanto, h

