Capítulo 4.

1537 Palabras
¿Arriesgado? Siempre, mi vida es un peligro constantemente pero enviarle a Alexia un vibrador con el tamaño y grosor de mi pene fue divertido, me hubiera encantado ver su reacción de sorpresa en su rostro viendo lo que se está perdiendo por hacerse la difícil conmigo. Si ella quiere podría tenerme a cada hora regalandole los mejores orgasmos de su vida. Ella nunca se olvidaría de mí después de follarla como se merece, seré su rey y ella mi reina, la Bratvá amará y alabará a mi esposa, solo debía enseñarle un par de cosas porque no todo el mundo me quiere, existe peligros enormes en mi entorno, está claro que no dejaré que nadie toque a mi chica porque morirá en el intento al igual que lo hará Galy ante su insulsa guerra conmigo, esa perra no sabe lo que le espera. — Señor — Iván entra a mi oficina. — ¿Qué sucede? — pregunto. Si él está acá es porque tenía información sobre mi reina. — La señorita Soul no irá al club esta noche, Nello confirmó que tiene libre hoy y mañana. Recibió sus regalos como lo hace siempre — me cuenta serio. — Dile a Nello que quiero que deje el departamento solo, le haré una visita a mi reina esta noche — les informo. — Como ordene, señor — asiente con su cabeza y sale de mi oficina dejándome solo pensando. Nada más divertido que una cena sin saberlo, Alexia se enojara conmigo cuando me vea en su piso sin invitación, necesito verla para saber que piensa de mi lindo regalo que le hice está mañana. Le podría enseñar cómo usarlo, aunque tenga las pelotas azules, no voy a follar con ella hasta que suplique por ello, se lo dejé claro y la volveré tan loca que no habrá opción de que terminé mandando todo a la mierda para que la haga mía como siempre tuvo que ser. — Tío — aparece Sasha invadiendo mi paz. Ya tenía mucho con este adolescente y necesitaba tenerlo lejos mío porque estaba jodiendo bastante mi paciencia. — Ni se te ocurra, mocoso — gruño al ver que quiere servirse un vaso de vodka. — Dijiste que desde que nacemos tomamos vodka — se justifica. — Llegas a llegar a tu casa con olor a vodka y al qué le cortan las pelotas es a mí — declaro al pararme y darle un golpe en la mano para que deje la botella. — Le tienes miedo a tía Lena — se burla con una sonrisa socarrona. — Ella es más jodida que nuestros enemigos — comento volviendo a golpearlo para que no agarre. — ¿Empezamos? — me pregunta. Todas las tardes viene a entrenar, a veces trae a su mejor amigo Noah, ambos todavía son insulsos en el tema de defensa personal, son críos que se cabrean rápido y eso los hace desenfocar haciendo que termine con ellos con sutiles golpes. — Antonily, entrenará contigo — respondo mirando mi celular. — ¡Antonily! — grita llamando a mi jefe de seguridad. — No grites — gruño. — ¿Qué sucede? — pregunta Antonily al entrar a mi despacho. — Llévate al crío para que lo entrenes — le pido al leer el mensaje de quién estaba entrando a nuestra casa. — Vamos Sasha — habla llevándose a mi sobrino. Espero que se lo lleve y salgo para encontrarme con ella, hace años que no la veíamos y no entiendo que está haciendo acá cuando debería ir a ver a Dmitri. Se que ella necesita sanar pero debo darle la razón a Sasha en algunas cuestiones que plantea. — Natasha — la detengo al interceptarla en la entrada de la mansión. — Hola Gavriel — saluda sonríendo. — ¿Qué haces aquí? — pregunto cruzando mis brazos. — Vine a ver a mi hijo, Dmitri me comentó que está preguntando de nuevo por su padre — dice suspirando. Hacía alrededor de seis o siete años que no la veía, la mujer que tenía enfrente no era nada parecía a la que ví años atrás. — ¿Le dirás la verdad? — — Eso nunca Gavriel, voy a morir con ese secreto — declara con seguridad. — Está en la sala de entrenamiento, no lo alteres. Hace años que no te ve para que vengas de la nada y quieras hablar con él — digo dándole una mirada de que mida sus palabras. — Es mi hijo, tengo derecho de verlo — contraataca a la defensiva. Muerdo mi lengua para impedir que salga de mi boca algo innecesario, si es su hijo pero se merece saber que a pesar de todo lo ama, no basta un simple llamada o regalos por su cumpleaños si tampoco le muestra algo de cariño. Al escuchar a mi sobrino entendí su punto, está creciendo con un odio hacía ella y lamento no poder entender en estos momentos el lado de Natasha, se que ella tiene lo suyo, pero así como necesitaba sanarse también debería sanar las heridas que le causa a su hijo. La dejo pasar, uno de mis hombre la guía hasta la sala de entrenamiento, Dmitri llega a toda velocidad con Helena y su hijo para entrar a mi casa esperando lo peor. El caos se desató cuando empezamos a escuchar los gritos de Sasha y cosas que se rompen, mi primo es el primero en acercarse, lo sigo para ver el drama y ya Antonily sostenía al adolescente que estaba furioso mirando a su madre. — Te odio, Natasha — le grita secando sus lágrimas. — Hijo — murmura mi prima. — No soy tu hijo, tu me abandonaste — contesta el chico tratando de safarse del agarre del seguridad. — Sasha — interviene Dmitri. — No la quiero tío, no la quiero ver — le pide desesperado. — Ven conmigo, Natasha — me acerco a buscar a mi prima que está llorando para sacarla de ahí mientras Dmitri se queda con él, Helena que me deja a Stefano en mis brazos mientras salimos de la habitación. — Me odia — murmura entre lágrimas. Él bebé me mira con su ceño fruncido y yo hago lo mismo. No tenía idea como consolar a una persona. Ella lloraba sentada en el sillón de la sala mientras nosotros la mirábamos sin saber que hacer, pésimos en esto hasta que nuevamente Helena salió y se sentó a su lado para abrazarla. ¡Vaya drama al estilo Sokolov! — Quédate, menos la habitación principal las demás puedes usarlas — digo dejando al niño con su madre y le hablo a Natasha para que se quede, después de todo es mi prima, no la voy a dejar sola en este momento. — ¿La cuidaras? — me pregunta Lena. — Mi gente lo hará, tengo cosas que hacer está noche — comento apoyando mis dedos en el puente de la nariz. Demasiado drama me hizo doler la cabeza. — Necesita a alguien que la cuide — me pide con una mirada de reproche. — Mi gente lo hará, tengo algo que hacer — repito bufando. — Déjalo, siempre fue egoísta — murmura mi prima secando sus lágrimas. — ¿Yo soy egoísta Natasha? — inquiero al desafiarla con la mirada. — Gavriel — me reprocha la esposa de mi primo. — Basta de siempre cuidarla de todo, se hace la víctima y después no se da cuenta el daño que le hace a su hijo — contesto chasqueando la lengua. Dejando a ambas mujeres en el salón subo a mi habitación, ellas tenían su punto y yo el mío, acá después de todo el que siempre sufria es y será Sasha, ese odio que él tiene no será bueno cuando sea grande, va odiar a todas las mujeres porque va pensar que son igual que su madre, no soy psicólogo pero Gauss era igual solo que su motivo eran otros. — Estamos listo, señor — dice uno de mis guardaespaldas. — ¿Se fueron? — pregunto sin ganas de cruzarme con nadie. — La señorita Sokolova se quedó en un cuarto, le administraron algo para dormir y el señor Dmitri dice que mañana hablará con usted — me cuenta. — Muy bien, vamos — declaro guardando una de mis armas en la parte de atrás de mi cintura. Siempre debía llevarla, por mi seguridad es como un accesorio. Íbamos a saliendo cuando se empiece a escuchar unos disparos, mis guardaespaldas me cubren de los francotiradores y veo como en la azotea de la mansión se postan mis hombres para atacar. Un gran ruido de disparos, humos y sirenas de policía se escuchan haciendo que gruña por está mierda, porque ahora la jodida policía de Chicago vendrá a investigar metiendo sus narices dónde no le corresponde. ¡Voy a matar a esa hija de puta de Galy! Estoy cansado de su jodida presencia, mi nuevo enfoque de ahora en adelante es encontrar a la perra para matarla de la peor forma tanto a ella como a todos los que siguen sus estupideces. El rey quiere venganza y la guerra se desató, solo sobrevivirá el más fuerte y todos sabemos quién lo es.
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