Que la jodida policía me tenga entre ojos, no me gustaba para nada porque estará observando cada uno de mis movimientos y eso hacia que debíamos ser mucho más profesionales. Matar a varias personas en un país que no es el nuestro es fácil, solo marcas un cuerpo y rápidamente se darán cuenta que es la mafia roja, solo que la nuestra nadie en el mundo conoce mi rostro, si nuestro apellido, solo la organización y los que consideró mi gente. Para los demás es algo incógnito, solo me asocian a un sádico jefe de la mafia que si se meten con los suyos no duda en torturar y matar de la peor forma, ese será el destino de la perra de Galy, estoy ansioso por matarla.
— Dime que sucede — exige mi hermano al conectarse a una video llamada.
— Atacaron en la casa, francotiradores y alertó a la jodida policía de Chicago — le cuento cabreado.
— дерьмо (*) — gruñe en ruso.
— Necesito un ejército, más equipo tecnológico y manda a nuestros mejores mercenarios — ordeno y mi hermano asiente.
— Acá acabamos con los traidores, solo nos falta la perra de Galy y su padre están en Chicago, ya es tu trabajo — me informa.
— Voy acabar con ellos — mascullo.
— Gavriel — Gauss suspira. — me haré cargo del tema de la policía, para eso soy tu abogado así nos deshacemos de los problemas con ellos — agrega mirando su teléfono.
— Cuida los frentes en Moscú — pido masajeando mi cien.
— Tengo todo controlado, solo cuida tu vida y los frentes en Chicago. Si las cosas se van de tus manos, no voy a dudar en buscarte para traerte de nuevo a Rusia y me importa una mierda si conseguiste lo que fuiste hacer a esa ciudad — sentencia con una fulminante mirada.
— Nada se irá de las manos, soy el rey y voy acabar con toda esa escoria que quieren mi trono — declaro con seguridad.
— Señor — Antonily aparece en mi despacho.
— Hablamos luego, Gauss — corto la llamada mirando a mi jefe de seguridad.
— Quiero buenas noticias — susurro tocando el puente de mi nariz.
— No las tengo señor, Iván acaba de informe que está viendo movimientos raros cerca de la zona de la señorita Soul — dice alarmando.
— Prepará un equipo, salimos en dos minutos — ordeno.
Si la perra de Galy o uno de sus hombres le llegaba a tocar un solo pelo a Alexia, desatarían la peor guerra de la historia y en verdad siguen subestimando mi locura porque por ella haría cualquier cosa, no tienen idea de lo que soy capaz.
Dos minutos después con mi equipo nos estamos acercando a la zona residencial donde vive ella con su padre, Antonily me obliga ponerme un chaleco antibalas y a qué coloque un silenciador a mi pistola, nadie debía enterarse que sucedía en ese piso. Frunzo mi ceño al sentir vibrar mi celular y me hierve la sangre al ver la una foto de Alexia atada y amordazada con una navaja en su cuello, su cara llena de terror es lo que más preocupa, la hija de puta de Galy no saldrá vida de ese departamento.
— Señor — trata de detenerme una de mis hombres.
— Sal de enfrente o te vuelo la cabeza — siseo apuntando directo mi pistola en su cabeza.
— Gavriel — me detiene Antonily.
— Sabes que podrás ser mi mejor amigo y toda esa mierda pero si no sales de enfrente te volaré la cabeza — espeto también apuntando con mi otra pistola.
— Mantén la serenidad, entrar a ese departamento es dejar que te maten — me habla tratando que entre en razón.
— La tienen a ella — digo cabreado.
— Te quiere a tí primero allá arriba, necesito que me hagas tiempo para que cada hombre este postado en su lugar, Gavriel no hagas una locura — me pide mientras empieza a comunicarse por su jandy.
Siguiendo su indicación y con un enojo de los mil demonios encamino hasta el ascensor para subir al último piso que es del departamento de Alexia. Al bajar la puerta ya se encontraba abierta, entré para encontrarme con su mirada aterrada y con Galy sosteniendo esa puta navaja sobre el cuello de mi mujer.
— ¡Desarmate! — me grita. Hago caso y dejo en el piso mis dos pistolas.
— Déjala, esto es entre tú y yo — digo tratando de no mostrar mi enojo contra esa perra.
— Ella tiene mi lugar, ese que me corresponde hace años porque soy más que una compañía en tu cama — me reprocha.
— Baja esa puta navaja del cuello de Alexia — mi mirada se encuentra de nuevo con sus ojos asustados que me dan ganas de matar a la puta de Galy por esto. — Baja esa puta navaja — repito con rabia tratando de acercarme.
— No, está perra va morir enfrente de tus ojos — me amenaza apretando más fuerte la presión de la navaja en el cuello de Lexie y ella me mira más aterrorizada.
— Galy — gruño.
— Ella será tu reina, una americana que no tiene ni idea del monstruo que eres. — tira de su cabello para que la mire a los ojos. — Él me obligó hacerme un aborto, llevaba a su hijo y no lo quiso. Es un promiscuo, asesino y un hijo de puta sin sentimientos — agrega al soltarla.
— No digas estupideces, no te obligue a qué te hagas ese aborto solo exigí una prueba de paternidad, tu solita fuiste y te hiciste esa mierda, con respecto a lo otro es cierto. Suéltala — exijo.
— ¿Por qué ella? No tiene idea de nada, nisiquiera sabe defenderse, fue tan fácil tenerla de esa forma, no debe imaginarse que eres — se burla Galy.
— Suéltala de una puta vez — digo cabreado.
— La única forma que lo haga es que te cases conmigo y yo seré tu reina — dice mirándome con odio.
— ¿Eso quieres? —
— Es lo que me merezco — asegura.
— Está bien, lo tendrás — ella sonríe. — Suéltala que no tiene la culpa de tu locura, mi reina — agrego con una sonrisa cínica que solo hace que al escuchar la último que dije haga agrandar más su sonrisa.
— ¿No volverás por ella? — inquiere con duda.
— Tú la sueltas y te prometo que salimos de este departamento para volver a Rusia juntos — miento con una sonrisa fingida.
— ¿Y ella? — consulta no muy convencida.
— La dejaremos acá, Alexia no dirá nada de lo que pasó ¿No es cierto? — la miro mientras me acerco a ellas y asiente con miedo. — Viste Galy, dame ese cuchillo cariño — le pido tomando su mano.
— Gavriel — me dice sonriendo mientras mi mano le quita el cuchillo.
— Galy, cariño. No tienes idea del error que acabas de cometer — sonrío con maldad.
— No me toques — murmura retrocediendo.
— Sabes que soy el rey y nadie debería desafiarme, mucho menos una puta como tú — siseo jugando con la navaja entre mi mano.
— Si me haces algo, mi padre va matarte — amenaza muerta de miedo, acorralada entre esa pared y mi cuerpo.
— Que se atreva, antes morirá él — sentencio mirándola con odio. — Jodiste mis pelotas Galy, las amenazas, la revuelta contra mi poder, matar a mis hombres, el ataque de esta noche y el secuestro a mi reina ... —
— Yo soy tu reina — masculla.
— Una puta no puede ser mi reina — sonrío con arrogancia. Ella se escabulle tratando de escapar, tiro de su cabello rojizo y sin dudarlo paso la navaja sobre su cuello dejando que corte la arteria yugular así se desangra.
Mis hombres entran tarde y ven el panorama todo controlado, mis ojos se encuentran con los de Alexia que me miraba horrorizada porque enfrente de sus ojos había degollado a la perra de Galy.
Antonily me alcanza un pañuelo para limpiar mis manos y con una mirada mía sabe lo que quiero, limpieza profunda para que nadie sepa que algo pasó acá.
— ¿Qué hacemos con el cuerpo? — me pregunta.
— Empaquetarlo y mándaselo a su padre. Está acá en Chicago — sonrío sabiendo que termine con una de mis amenazas.
Me acerco a ella para desatarla, pero temblaba asustada, no quería que nunca en su vida me viera de esa forma, no tuve opción, es mi derecho protegerla y si eso significaba matar a cualquiera, no iba a dudarlo. Nadie se mete con alguien de mi familia y mucho menos con mi reina.
— Déjame — me pide asustada.
— Alexia — murmuro tratando de tocar su rostro.
— La mataste — musita horrorizada.
— Era tu vida o la de ella, cariño no iba dudar en elegir — comento mientras la ayudo a levantarse.
— ¿Qué demonios eres? — pregunta temblando y chilla al ver cómo la sangre llega a sus pies, se cuelga de mi cuello provocando que me ría. — La sangre me da fobia y me hace ... — vuelve a ver el cuerpo desangrándose y tambalea para desmayarse en mis brazos.
La tomo, para cargarla y llevarla conmigo a casa, no la iba a dejar sola. Se que cuando despierte buscará respuestas, es hora de que sepa quién soy y a qué me dedico, después de todo mi reina se merece la verdad.