Gracias por unirte a nosotros, Alejandro, mencionó Adam, su voz cortante y fría. Con una postura erguida y una mirada fija, se presentó como el CEO de la compañía Smith. Al estrechar la mano de Alejandro, se podía sentir la rigidez en su gesto. La tensión en el ambiente era palpable, como una cuerda tensa a punto de romperse. Las miradas de los presentes se desviaban incómodamente, y el silencio que siguió al saludo de Adam parecía alargarse eternamente. Notando la incomodidad general, decidí intervenir para aliviar la atmósfera y facilitar una mejor comunicación entre todos - Continuaré con la presentación, anuncié, esforzándome por mantener la voz firme. Alejandro asintió y tomó asiento, sus ojos fijos en mí, observando cada uno de mis movimientos. Sentía su mirada como un peso consta

