Volviendo sobre sus pasos, Jordan frunce el ceño, mientras lágrimas amargas caen de sus ojos por sus mejillas. En cuanto toca la puerta con sus nudillos, las puertas se abren, sorprendiendo a los guardias ante la vista de Jordan. Rabia se nota en el rostro de Jordan, mientras sus ojos dejan ver su tristeza, por lo que nadie dice nada. Los consejeros, empáticos ante lo que le pudo haber dicho el rey a su "enfermo hijo", pasan despacio junto a Jordan. Quien suspirando, comienza a caminar, tomando a Amphip entre sus brazos cómo un muñeco de felpa. Al llegar a la que será su habitación, ve que la habitación ha sido limpiada y las sábanas cambiadas. Jordan- ¿Habrán quemado las sábanas? Por que siento que hará lo mismo conmigo cuando ya no le sirva. ¡¿Por qué no consigue otra esposa y tiene u

