Andrei Son las cinco de la mañana y aún no tengo noticias del pedido a domicilio que hice. Los dos pequeños idiotas se han quedado dormidos sobre la alfombra y, mientras observo cómo se va iluminando la ciudad desde mi asiento, bebo un trago más de la botella de whisky. —Señor… —Yuri se acerca y por su expresión, sé que sus noticias no me van a gustar. —Habla ya —dijo suspirando y acomodándome mejor en el sillón. —Oleg está detenido. Acaba de llamar nuestro abogado y dice que hay complicaciones. —¿No se supone que es de nuestros mejores elementos? ¿Qué sucedió con ella? —El inepto no me interesa. De hecho, es mejor para él permanecer encerrado unos días para que no lo vea. No cumplir mis órdenes fue un error de su parte. —No lo sabe —dice avergonzado y debería estarlo, él lo recom

