Finalmente Fatima había terminado con todo. El hombre silencioso había recogido la mesa y puesto a lavar los platos en la máquina mientras ella recostaba a Malek. Luego de ese largo día se dió una ducha de agua caliente y como en algunas ocasiones le ocurría enjabonó su cuerpo compulsivamente como si eso pudiera borrar la suciedad, el dolor o espanto de las experiencias vividas junto a su fallecido marido. Lloró de impotencia y bronca. No debería sentirse sucia...no debería sentirse acorralada y sin ninguna otra opción que vivir en un lugar donde no era bien recibida. Trató de respirar hondo mientras el agua de la lluvia de la ducha enjuagaba el jabón y las penas. Al salir se secó con unas toallas suaves que parecían nuevas. Se peinó su largo cabello con un cepillo que había adquirid

