Fatima abrió el refrigerador para ver que podía preparar de cenar. El hombre, Bruno, se había encerrado en la oficina luego de resignado decir que se quedaría. Sus maletas, las de él, quedaron en el mismo lugar en el que estaban. Michael la había conducido a una habitación de visitas con una cama grande, llevó sus maletas allí. — Lo lamento, pero necesito tu teléfono...— Le había dicho mirándola compasivo. Ella no quería desprenderse del aparato. — Pero es un regalo... — Yo te enviaré otro...vamos — le dijo y abrió su mano. Ella con pesar dejó el aparato allí. Malek se había subido a la cama abrazado a su dinosaurio. — Sabes que existe el riesgo de que lo rastreen... yo te daré uno que solo nosotros podremos localizar... — Lo sé — dijo ella agachando su cabeza resignada. Ilusame

