Narra Alejandro. Los días en la oficina habían sido un torbellino de reuniones interminables, correos urgentes y la constante supervisión de Blanca. Mi madre no daba tregua; su insistencia en alcanzar la perfección en cada detalle me estaba llevando al borde del agotamiento. Y como si no fuera suficiente, Carmen había encontrado la forma de colarse en mi vida otra vez. Desde que Anny se había instalado en mi corazón, pensé que lo de Carmen había quedado atrás. Pero las llamadas insistentes, los mensajes que se acumulaban uno tras otro, no me dejaban olvidar que alguna vez había sido parte de mi pasado. Al principio los ignoré. Luego, el sonido incesante del teléfono comenzó a desgastarme. Aquella tarde, mientras repasaba los puntos de la próxima reunión, mi teléfono vibró otra vez. Lo m

